Lunes, 21 Febrero 2022 11:08

Cleptocracia - Por Rogelio Alaniz

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Cristina Elisabeth Fernández de Kirchner concibe el poder como una relación de dominio, de impunidad y privilegio. Se puede pensar a la corrupción como una anécdota y a la cleptocracia como una totalidad.

El lector atento observará que el título de la nota se repite. Sin ir más lejos, hace un par de meses titulé una nota con esa palabra. Y el año pasado cometí licencias parecidas. ¿Redundancia? Para nada. Empleo preciso de la palabra para referirme a un actor y a un acto político preciso. 

Pero vamos a las fuentes. La Real Academia Española incorporó no hace mucho el término "cleptocracia" a su "inventario" de palabras. Alude a gobiernos cuyo objetivo central es el saqueo de los recursos públicos; a un gobierno cuyas autoridades principales son los titulares de ese saqueo. Las palabras nunca son inocentes o casuales. Si de lo que se trataba era de designar a políticos y funcionarios que se valen del poder para hacer negociados, la palabra "Corrupto" alcanza y a veces sobra.

Pero cleptocracia refiere a una realidad más compleja, a una vuelta de tuerca en la vieja y persistente corrupción de los gobiernos. En homenaje al realismo político, deberíamos decir que ningún gobierno, ni siquiera los más virtuosos, están eximidos de que en alguna oficina del Estado un funcionario pida coimas o algo parecido. El poder contamina y es por eso que importan las instituciones y controles, es decir, esa república que los populistas detestan. No es casualidad que los gobiernos más respetuosos de las instituciones son por lo general austeros, mientras que la relación entre atropello a las instituciones y corrupción es lineal.

Decía que la cleptocracia exige un nivel de mayor complejidad. Parodiando a una antigua consigna, podría postular que es la etapa superior de la corrupción política. Ahora estamos ante un sistema dirigido por los principales responsables del poder y cuyo objetivo es el saqueo de los recursos nacionales. Convengamos que los argentino algunos méritos hemos hecho para acceder a esos niveles de "perfección". Pensemos a la corrupción como una anécdota y a la cleptocracia como una totalidad.

En sus habituales notas, el periodista brasileño Leonardo Coutinho menciona a la cleptocracia y da ejemplos. Habla de los vuelos de avión desde la Bolivia de Evo Morales a la Venezuela de Hugo Chávez y de allí a la Cuba de Fidel. Vuelos con sacos cargados con 500, 1000 kilos de cocaína. Operativos posibles de realizarse porque altos funcionarios de estos tres países así lo quieren. Coutinho habla en otras notas del Lava Jato y de la complicidad de políticos, gobernantes y empresarios de Brasil.

Cleptocrático, fue el régimen de Najib Razak en Malasia, incluida la "habilidad" para trasladar desde las cuentas públicas a las cuentas privadas más de 42.000 millones de dólares. Cleptocrático, es el régimen de Vladimir Putin, tan amado por los peronistas argentinos. Cleptócrata y con las manos tintas con la sangre de disidentes y opositores. Hablo de Putin y la troika de ex agentes de la KGB forjados en la cultura de la impunidad y el crimen que distinguió a las burocracias comunistas. Ellos hoy son los principales titulares de la singular oligarquía constituida después del derrumbe del comunismo. Putin es hoy uno de los hombres más ricos del mundo. Es este el contexto que habilita la palabra "cleptocracia", del mismo modo que la masacre de judíos perpetrada por los nazis habilitó la palabra "genocidio". Una vez más, insisto en que las palabras no son inocentes, ni casuales. Y mucho menos sonidos que se disuelven en el aire.

En la Argentina la cleptocracia que hemos sido capaces de conseguir se llama kirchnerismo. No llegó de la nada. Tuvo un antecedente ilustre, aunque más rústico e improvisado: el menemismo. El kirchnerismo es su superación "dialéctica", un logro más elaborado porque incluye un "relato nacional y popular" para consumo de las almas simples y "el crédulo amor de los arrabales".

Una cleptocracia del siglo XXI no involucra a todo el gobierno en sus fechorías, pero lo que la distingue es que en principio quienes la practican son al mismo tiempo quienes ejercen las más altas investiduras. Los cleptócratas no ignoran que la búsqueda de sus logros incluye la resistencia de los restos de las instituciones avasalladas y de una conciencia cívica que se resiste a ser gobernada y esquilmada por una gavilla de ladrones.

En este punto el "relato" es un insumo indispensable. Los jueces y fiscales que los investigan son responsables del lawfare. Y los periodistas que los denuncian, están pagos por el neoliberalismo y las grandes corporaciones. Una advertencia importa: las posiciones de poder las mantienen no solo con discursos sino con el ejercicio mismo de los dispositivos de poder. Solo así se explica que delitos tan evidentes, resultan en más de un caso impunes.

Menem es un ejemplo; Cristina es otro. ¿Son lo mismo? No, hay diferencias, pero como dijera alguna vez el señor Corach: si Menem hubiera gobernado desde el 2002 en adelante, hubiera hecho lo mismo que Néstor. Y si Néstor hubiera llegado a la presidencia en 1990, hubiera hecho lo mismo que Menem. Y esto es así porque el poder, el poder concebido como una relación de dominio, de impunidad y privilegio, es lo que los une más allá de las diferencias verbales y disputas que en algún momento han sostenido no en nombre de la fraternidad universal.

Hay una imagen de una película sobre Al Capone que es muy ilustrativa para registrar las relaciones entre saqueo y relato. Una casa de venta de antigüedades, una santería, por ejemplo, atendida por dos viejitos encantadores. La vidriera con inocentes imágenes religiosas. Cruzando la sala, se accede a los apartamentos interiores donde funciona el cabaret y sus bailarinas, la sala de juego, las mesas de apuestas y todo bien regado con whisky adulterado.

El "relato" kirchnerista es el equivalente a los viejitos encantadores atendiendo un local de ventas de imágenes santas. En la trastienda, el negocio real. Aclaro por las dudas. Los Kirchner no cometieron los mismos delitos que Al Capone, pero ambos recurren a los mismos argumentos y a las mismas tretas para defenderse. A Al Capone tan mal no le fue. Al principal criminal de la mafia en tiempos de la Ley Seca lo condenaron por evadir impuestos. Criaturita de Dios. 

No sabemos cómo concluirá el itinerario de Cristina. Lo que sabemos es que las pruebas en su contra son abrumadoras, tan abrumadoras y evidentes como las de Al Capone. ¿Los recursos de poder que dispone podrán permitirle evadir la acción de la justicia? No sería la primera vez que ocurre algo parecido en la historia. En efecto, los recursos de poder podrán permitirle reducir su condena a prisión domiciliaria o bondades parecidas. Veremos. Sí, estoy persuadido de que para la historia la señora Cristina Elisabeth Fernández de Kirchner será la titular exclusiva del régimen cleptocrático más prolongado de nuestra vida nacional.

La causa de la "obra pública" es emblemática, pero no lo es más que la de Hotesur- Los Sauces, o los Cuadernos. En el caso de la "obra pública", estamos ante una causa que le imputa a la señora Cristina ser la jefa de una asociación ilícita dedicada a defraudar al Estado.

La causa no la inició Macri, la inició Elisa Carrió en 2008, cuando Cristina era presidente y Néstor vivía. Hay un expediente que suma más de cuatro mil fojas.

Sobran pruebas y sobran testigos: 180 en este caso. A la denuncia de Carrió se suma luego la denuncia de Vialidad Nacional en la que se prueba que, de los contratos ganados por Lázaro Báez, más del cincuenta por ciento no se cumplieron, además de licitaciones direccionadas y pago de sobreprecios por más del 65 por ciento. Desde 2004 a 2015 la empresa Austral Construcciones creada, "casualmente" al día siguiente de que Kirchner asumiera el poder, ganó alrededor de cincuenta licitaciones sin disponer de ningún antecedente que avale esa pretensión.

Corrijo: el único antecedente -al parecer decisivo- fue su amistad y sociedad con los Kirchner, amistad y sociedad que le permitió transformarse en uno de los hombres más ricos del país, favores que pagó construyendo un imponente mausoleo a su patrón y jefe. En la causa "Obra pública" hay 16 imputados, entre los que se destacan Cristina, Lázaro Báez, Julio de Vido y José López, el de los bolsos revoleados en el convento, porque, importa decirlo, López fue un miembro de la mesa chica del kirchnerismo, no un oscuro e insignificante funcionario como pretenden presentarlo. Conclusión abierta: todas estas consideraciones son las que me habilitan para titular esta nota con la palabra "Cleptocracia".

Rogelio Alaniz

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