Miércoles, 06 Abril 2022 14:19

El enemigo en casa - Por Carlos Mira

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Justamente ayer especulábamos con la pregunta sobre si el peronismo podrá decapitar a su “conductor(a)” que, claramente, parece haber secuestrado ese movimiento para su sola finalidad personal de no ir presa.

Repetimos: el peronismo es una anomalía en cualquier sistema democrático simplemente porque, en sí mismo, no es un fenómeno democrático. El peronismo responde a una concepción política autoritaria, de origen militar, que reconoce solo una estructura piramidal, jerárquica, organicista y verticalista que, por definición, son la antítesis de la democracia. 

Que haya tomado de la democracia los mecanismos que le convenían para camuflarse como un “partido político” y, desde allí, ganar el poder con el uso, también aparente, de la relojería democrática, no quiere decir que el peronismo sea un partido político “normal”.

De hecho, a 75 años de su aparición en el mundo político argentino, sigue repitiendo las mismas costumbres de origen en cuanto a la pretensión de manejarse con un jefe que, justamente, al estilo militar del mando y obediencia, es la figura reverenciada por el rebaño de soldados a los que manda.

El peronismo, con éxito, logró trasladar esa cosmovisión que tiene de sí mismo al país, haciendo que los argentinos crean que es efectivamente “normal” que un país esté “a las órdenes” de un capitoste que “conduce” (entendiendo por “conducir”, básicamente hacer lo que se le ocurre).

Naturalmente Perón fue el epítome de esta cosmovisión que luego, con mayor o menor suerte en el movimiento, otros quisieron continuar.

En esa sucesión, no hay dudas de que los Kirchner son los que más se han acercado a reproducir aquel esquema original. Los peronistas se encuentran cómodos en ese sistema en donde un “macho alfa” los sodomiza. Lo que es un misterio es cómo los argentinos lo han aceptado como un esquema tolerable para todo el país.

Hoy el “movimiento” se halla en manos de una “hembra alfa”. Se trata de Cristina Fernández de Kirchner. Este fin de semana pasado, en donde, con bastante mal gusto, los peronistas usaron un acto de conmemoración a los 40 años del intento de reconquista de las Malvinas para cruzar chicanas internas, un diputado que habló en el escenario llamó “presidenta” a la Sra. de Kirchner ante los mohines de simpatía de ésta, el aplauso de la audiencia-rebaño y la complicidad del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

Esta rebelión contra el sistema institucional, este “golpe” semántico, es algo normal en el peronismo porque para ellos antes del respeto institucional se antepone su concepción de obediencia al jefe.

La Argentina está sometida hoy -como si fuera un rehén- a la incertidumbre institucional que atraviesa porque al “jefe” (jefa en este caso) se le ocurrió que a sus intereses personales le convenía poner un fronting falso como candidato a presidente en 2019 para ganar un poder (que suponía esquivo si iba ella como candidata) que le permitiera zafar judicialmente de las condenas por los crímenes que cometió en el ejercicio de la función pública (crímenes también derivados de creer que “el jefe” tiene derecho a tomar al país y a sus fortunas como un activo personal).

Más allá de que lo que ha conseguido Fernández de Kirchner en materia de fallos judiciales desde que asumió Alberto Fernández hasta ahora es francamente asombroso (porque nadie entiende cómo con la prueba acumulada en todos los casos en que está procesada no fue objeto ya de una condena firme) parece que no está conforme.

El acuerdo con el FMI ha sido solo una excusa “conveniente” para que la “jefa” intente remover a la marioneta de su propia creación del lugar en el que ella lo puso para así poder aspirar a satisfacer de modo completo sus aspiraciones en materia judicial.

Existe un único problema: ella no quiere asumir el gobierno, por lo que volvería a producirse un desfase entre la figura del “jefe peronista” (Fernández de Kirchner) y el nuevo monigote que ella designe. También debería resolver cómo sortear la dificultad técnica de que, para que la Asamblea Legislativa designe un presidente provisorio que complete el mandato de Fernández, ella también debería renunciar a la vicepresidencia con lo cual quedaría huérfana de los fueros que aun la mantienen libre.

Muchos especulan que la figura sucesoria sería Sergio Massa. De hecho, quien compartió ese vergonzoso escenario por las Malvinas con ella fue, justamente, el presidente de la Cámara de Diputados, el mismo que en 2013 dijo que la iba a meter presa y que haría otro tanto con los ñoquis de La Cámpora. Delicias con sello peronista.

En esa ocasión Fernández de Kirchner contó que le había regalado a Massa un libro de Juan Carlos Torre, “Diario de una Temporada en el Quinto Piso” en el que se narran los últimos días del presidente Alfonsín al frente del Ejecutivo en 1989 y que el autor atribuye a que el gobierno, un tiempo antes, había firmado un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que desencadenó la hiperinflación que lo sacó del gobierno.

En un arranque de grasada de barrio (que tan frecuentemente protagoniza) la vicepresidente también dijo que se lo iba a regalar al presidente Fernández (para que la vocera presidencial no se quejara de que no le regalaba nada en el día de su cumpleaños, en otra típica chicana de peluquería) para que viera lo interesante de aquellos días de Alfonsín que terminaron por ser los últimos de su presidencia.

¿Fue ese montaje acaso una indirecta de lo que le augura al presidente? Fueron muchos los que lo interpretaron así. Minutos después se produjo el episodio del diputado Leiva, llamando a Kirchner “presidenta”.

Los argentinos deberían pensar que es hora de terminar este secuestro nacional por parte del peronismo. Estar supeditados a una “orga” militar a la que solo le interesa sobar los pies de su conductor para luego aprovechar los beneficios que se derivan para el rebaño de obedientes, no es, la verdad, un escenario muy edificante para la dignidad nacional y para el orgullo personal de cada argentino.

Raro -para un país formado por gente tan “cócora” que cree que cualquier cosa que ocurra en el mundo es una “ofensa para los argentinos”- que estén dispuestos a bancarse semejante sumisión y que encima lo hagan con la alegría de los zombies.

Carlos Mira 
https://thepostarg.com/editoriales/el-enemigo-en-casa/#.Yk3ezMjMI2x

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