Lunes, 23 Mayo 2022 13:08

Los cuatro problemas del peronismo - Por Sergio Berensztein

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La agrupación mayoritaria de la coalición gobernante sufre las consecuencias de la disputa en la cúpula del poder: no tiene un líder que ordene y no cuenta con candidatos competitivos.

De cara a lo que resta del mandato de Alberto Fernández y considerando la contienda electoral del próximo año, el peronismo tiene, por lo menos, cuatro problemas. 

La pelea que existe en la cúpula del poder

Es el primero y el más evidente. Las discusiones internas y la diferencia de criterios, por momentos diametralmente opuestos, entre el kirchnerismo y los sectores moderados obstaculizan la gestión e impiden que se desplieguen respuestas coordinadas frente a las demandas de la sociedad.

El resultado es un gobierno sin rumbo claro e incapaz de afrontar los problemas que se le presentan. Dentro de los ministerios hay funcionarios que ocupan roles estratégicos que tienen visiones incompatibles entre sí, lo cual acaba de quedar de manifiesto con los últimos cambios: Roberto Feletti, alfil de Cristina Kirchner, pasó a la órbita de Martín Guzmán (antes dependía de Matías Kulfas, con quien tampoco coincidía). Feletti había presionado públicamente para que se aumenten las retenciones, una medida que el jefe del Palacio de Hacienda descartó.

Además, en el medio de la pelea, las figuras de una y otra facción están expuestas a un desgaste constante provocado por los ataques cruzados, incluyendo al Presidente y su Vice. De hecho, las críticas más hirientes que recibió Alberto Fernández y sus colaboradores (principalmente su ministro de Economía, Martín Guzmán) provinieron desde las filas del Frente de Todos.

El peronismo no tiene un jefe político

El presidente Alberto Fernández es, en los papeles, el jefe del partido a nivel nacional. Mientras que Máximo Kirchner ocupa ese cargo en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, son posiciones que en la práctica valen poco. Cristina Kirchner jamás ocupó el cargo, a pesar de la centralidad que tuvo en el peronismo durante la última década. Además, siempre rehuyó del aparato partidario.

A su vez, ni Alberto ni Máximo cuentan con consensos amplios dentro del PJ que legitimen los lugares que ocupan: ninguno es un líder fuerte y hay desafíos internos abiertos. Para asumir en el PJ bonaerense, Máximo debió enfrentarse a la oposición del intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray. El enfrentamiento entre Gray y La Cámpora continúa, a pesar de que Máximo finalmente asumió el cargo.

En el interior, también hay varios líderes, con gobernadores que hacen su propio juego, algunos soñando con 2023 (como Sergio Uñac o Jorge Capitanich). Juan Manzur intenta ser un representante de ellos en el gabinete, pero tampoco termina de erigirse como su cabecilla. Desde un costado de la política, tampoco surge un líder natural que pueda provenir del sindicalismo o los movimientos sociales, que están muy fragmentados. Las diferentes islas son un reflejo de la falta de liderazgo.

Por supuesto que Cristina podría ser un factor ordenador importante, pero está siempre con un pie adentro y otro afuera del peronismo, al que históricamente miró de costado. La vicepresidenta es una dirigente peronista que, de todas formas, no puede ser considerada como una líder “egotista”, a pesar de su decisión de pactar en 2019.

No hay candidatos en el peronismo

O, mejor dicho, candidatos puede haber muchos, pero realmente competitivo ninguno. El presidente Fernández sería, por naturaleza, el candidato del oficialismo, pero se encuentra muy desgastado (con una imagen positiva que oscila entre el 20% y el 25%, según distintos sondeos) y deslegitimado internamente.

No solo es una mala opción, sino que al erigirse como candidato y afirmar que quiere ir en búsqueda de la reelección, obstaculiza la proyección de otra alternativa potencialmente más competitivas. El dirigente con mejor imagen dentro del Frente de Todos es Leandro Santoro, que ni siquiera es peronista, sino que es un radical alfonsinista. Esto pone de manifiesto la actualidad del peronismo.

El peronismo no tiene una propuesta para el futuro de la Argentina

Es la última y probablemente la más importante. Se da sobre todo en materia económica. Se muestra incapaz de construir una narrativa que le ofrezca a la sociedad un rumbo que genere expectativas e ilusión.

El cristinismo hasta 2015 dependía de la capacidad de distribuir los stocks existentes (Reservas, fondos de las AFJP / ANSES). En este nuevo escenario, todos los stocks se han consumido y los flujos (incluso con el nuevo boom de los commodities) no alcanzan para alimentar aquella narrativa.

Conclusión

El peronismo sufre las consecuencias de la disputa que existe en la cúpula del poder; no tiene un líder que ordene, disipe los conflictos y marque un camino; no cuenta con candidatos competitivos; y ha perdido una narrativa que permita generar expectativas en la sociedad.

A favor tiene el hecho de que aún restan 15 meses para las PASO de 2023: estos problemas podrían comenzar a revertirse. Sin embargo, hasta ahora la tendencia ha sido hacia la profundización de estos problemas, no hacia su resolución.

Sergio Berensztein

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