Lunes, 29 Agosto 2022 12:14

Los errores de Putin y el fin de la moderación: los riesgos que corre Cristina Kirchner en su guerra judicial - Por Sergio Berensztein

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La vicepresidenta tiene la oportunidad de instalarse como la líder indiscutida de todo el peronismo unido, pero corre riesgos. Todo lo está haciendo desde una situación de enorme debilidad.

Es evidente que las repercusiones por el juicio de la causa Vialidad están generando cambios significativos en la dinámica de la política argentina, incluyendo la búsqueda del kirchnerismo por imponer un nuevo clivaje. Este concepto, que fue popularizado en la Ciencia Política por Seymour M. Lipset y Stein Rokkan en las décadas del ‘60 y ‘70, hace referencia a divisiones dicotómicas de la sociedad en bandos opuestos y enfrentados, que terminan definiendo a la sociedad toda. En este proyecto de clivaje, el kirchnerismo busca congregar a todo el peronismo, incluyendo a sectores con los que hasta hace muy poco tiempo estaba enfrentado, para encolumnarlos en contra de la supuesta persecución judicial a Cristina Kirchner. “Quieren exterminar al peronismo”, sostuvo ella en su discurso del sábado a la noche. “No vienen por mí, vienen por ustedes”, había dicho unos días antes. 

De un lado, estaría lo que el kirchnerismo llama el “campo popular”; y del otro, Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Juntos por el Cambio en general, la Policía de la Ciudad, los periodistas de medios críticos, los jueces y fiscales de Comodoro Py, los grandes grupos económicos y hasta los vecinos de Recoleta y la Embajada de EEUU; todos representan los mismos intereses y estarían detrás de la persecución a Cristina Kirchner. Esta es la visión que quieren imponer en el FDT y algunos dirigentes de los supuestos no cristinistas empiezan a hacer propia, como el canciller Santiago Cafiero que cree que los juicios a Cristina Kirchner están impulsados por intereses ideológicos foráneos. Otros dirigentes peronistas, en cambio, prefieren tomar distancia y hacerse un poco los desentendidos, retuiteando lo que el presidente Fernández pública, pero sin emitir opiniones propias, o dedicando algunas palabras tibias. Para notar estas diferencias basta con hacer una recorrida por las cuentas de Twitter de algunos funcionarios del gobierno.

El kirchnerismo hoy

¿Pero conserva el kirchnerismo una capacidad de movilización y un caudal electoral suficientes como para atribuirse la representación de la entelequia llamada “campo popular”? Lo que se han visto hasta ahora son más bien reclamos de militantes fanatizados, pero pertenecientes a un núcleo duro acotado. Unos miles de personas reunidas en el cruce de Juncal y Uruguay no pueden ser representación del “pueblo” argentino.

En esta operación, la vicepresidenta tiene la oportunidad de instalarse como la líder indiscutida de todo el peronismo unido, pero corre riesgos. Todo lo está haciendo desde una situación de enorme debilidad. Primero, debilidad judicial, tal como quedó reflejado en la ausencia de una defensa jurídica en la causa Vialidad. Ni Cristina Kirchner ni sus abogados buscaron refutar las pruebas (como sí había hecho con éxito en la causa de dólar futuro), sino que su estrategia se basó en argumentos políticos y plantear un revival del “ah, pero Macri”. En su vivo de YouTube de la semana pasada incluso fue más allá, y hubo un “ah, pero Néstor”.

Segundo, y probablemente más importante, sufre una fuerte debilidad política, que no solo se evidenció en la dura derrota electoral del 2021 (incluyendo en los bastiones K de las provincias de Buenos Aires y Santa Cruz), sino que se exhibe ahora cuando el kirchnerismo amenaza con que habrá “puebladas” (como la que convocó Hebe de Bonafini), y apenas tienen que conformarse con fuegos artificiales en la casa de Cristina Kirchner. En otras palabras, sus seguidores seguramente soñaban con formar parte de un nuevo 17 de octubre, es decir, una manifestación espontanea de miles y miles de trabajadores que marcharan para reclamar por la libertad de su líder. Es evidente que las imágenes del dirigente social Juan Grabois haciendo retroceder un camión hidrante de la Policía de la Ciudad que estaba estacionado no guardan la misma épica.

Cristina Kirchner, como Vladimir Putin

A principios de agosto, el Grupo de Puebla (que reúne a dirigentes políticos de Latinoamérica y de España) denunció que existían una “guerra jurídica” contra Cristina Kirchner. Si esto es una guerra, como sostiene el Grupo de Puebla, Cristina Kirchner corre el riesgo de cometer el mismo error que cometió Putin: arriesgarlo todo y terminar demostrando más sus debilidades que sus fortalezas. El presidente ruso terminó encerrado en un laberinto del cual ahora no logra salir y a Cristina Kirchner le puede pasar lo mismo.

La vicepresidenta argentina está tratando de desplegar su propia invasión, pero no es seguro que cuente con los “recursos bélicos” necesarios para ganar. ¿Cuáles son las armas políticas con las que cuenta? ¿Cuántos paros generales está organizando la CGT para apoyarla? ¿Los gobernadores acompañarán un nuevo “vamos por todo”? ¿El PJ, que en 2013 le frenó su aventura hegemónica y con el que ella siempre tuvo desencuentros, la acompañará ahora que es mucho más débil que antes? ¿Massa abandonará la moderación, su sello distintivo desde el cual construye su capital político, poniendo en riesgo su propio proyecto individual?

Hasta ahora no hemos visto que cuente con ninguno de estos recursos para afrontar un conflicto que, como sucede con la guerra en Ucrania, parece que va para largo. De hecho, en un contexto preelectoral y con una economía de ajuste, es posible que los recursos políticos con los que cuenta la vicepresidenta, en vez de aumentar, se reduzcan. Lo más probable es que la política de recortes de Massa, particularmente los aumentos en las tarifas de servicios públicos, le moje aún más la pólvora.

Respecto a los incidentes en la Ciudad de Buenos Aires, hasta ahora no ha quedado claro si benefician al oficialismo, a la oposición o a ninguno. Los vecinos de Recoleta están enojados con todos. Algo es seguro, con la radicalización de su discurso, los enfrentamientos del sábado y, en general, con los intentos de imponer este profundo clivaje, la estrategia de proponer un candidato moderado para ir en búsqueda del votante medio (como hizo sin éxito con Daniel Scioli en 2015 y repitió luego con Alberto Fernández en 2019) queda descartada.

No hay lugar para proyectos moderados en medio de una guerra: mala noticia para Sergio Massa y “Wado” De Pedro que, como eventuales presidenciables, intentaban presentarse como figuras del centro pragmático. Por eso, si la oposición y el peronismo que prefiera no acompañarla procesan inteligentemente esta crisis, puede que se convierta en un momento crítico para el futuro del kirchnerismo, derivando en un cambio significativo del equilibrio político. La pregunta que muchos empiezan a hacerse es: ¿Cuántos en el peronismo estarán dispuestos a acompañar a Cristina Kirchner en su guerra?

Sergio Berensztein

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