Viernes, 23 Septiembre 2022 11:32

"Coartadas procesales'' y sana crítica - Por Jorge Raventos

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Este viernes tendrá lugar la tercera jornada de alegatos de la defensa de Cristina de Kirchner en el llamado Juicio de Vialidad y la vicepresidenta se hará cargo de esa pieza. En su condición de abogada tiene la atribución de alegar en su propia defensa.

En las dos jornadas anteriores expuso el apoderado de la señora, el doctor Carlos Beraldi.Es posible que ella contraponga a las vehementes arengas del fiscal Luciani un tono simétricamente político. No fue el caso de su apoderado: "La línea de Beraldi es absolutamente procesal'', como consignó el sagaz analista Carlos Pagni. 

Es interesante sopesar los dichos de Pagni, un periodista muy influyente, pues al reconocimiento del carácter "procesal'' de la defensa de Beraldi, le incorpora en otro párrafo un menoscabo: se trataría "en un 90 por ciento'' de "coartadas procesales'', porque, según el analista, "Beraldi no puede probar la inexistencia del delito''. Se trata seguramente de una confusión de Pagni: no es la defensa la que tiene que probar la inocencia del imputado sino la acusación la que debe demostrar su culpabilidad.

Tres semanas atrás, en este espacio señalábamos el déficit procesal de la fiscalía: "Más allá de la verosimilitud de las imputaciones y de las apelaciones al sentido común de los acusadores y sus voceros, el plexo probatorio flaquea''.

Pagni parece coincidir con esa observación. Señala con buen olfato que "a lo mejor lo que pide Luciani no se cumple tal cual lo pidió'' y advierte con astucia a los comentaristas más recalcitrantes que "siempre hay un desajuste entre lo que hacemos los periodistas, lo que cree la opinión pública, la verdad histórica de los hechos y la verdad judicial (...) ¿Cómo hago para trasladar lo que parece una historia bastante evidente al plano de los procesos de expedientes?’’

Bueno, de eso se trata un proceso judicial, precisamente.

Pese esa comprensión del fenómeno, Pagni vuelve a confundirse: "Lo que va a prevalecer es la íntima convicción de los magistrados frente algo que uno ve que ocurrió, pero que no es tan fácil de llevar a los procedimientos''.

En la Argentina no rige el criterio de la "íntima convicción'' de los jueces. Este espacio consultó sobre el particular al doctor Luis María Cabral, ex juez de Casación y dos veces presidente de la Asociación de Magistrados. "Lo que se aplica aquí -señaló- no es la íntima convicción sino el criterio de la sana crítica, que, lejos de alentar la subjetividad, exige a las sentencias la valoración racional de la prueba, de modo de que los fallos puedan ser controlados por las partes, por instancias superiores y por la opinión pública''.

Tampoco es legal, afortunadamente, el método que ácidamente ilustró Jonathan Swift tres siglos atrás: "En el juicio de las personas acusadas de crímenes contra el Estado, el método es mucho más corto y recomendable; el juez primero se informa de la disposición de los que ocupan el poder, después de lo cual puede ahorcar o absolver al criminal guardando estrictamente todas las debidas formas de la ley''.

La palabra de los jueces se hará oír, se estima, hacia fines de este año o inicios del próximo. Por ahora se expresan las partes (y sus respectivas hinchadas, en las calles o en los medios), quizás con la esperanza de determinar la conducta del tribunal. Coartadas extraprocesales.

DEL NO AL SI, PERO...

Al margen de los tribunales, en paralelo a grandes episodios que allí se tramitan -las acusaciones contra la señora de Kirchner, el intento de magnicidio contra la vicepresidenta, la irrupción en escena de redes antipolítica dispuestas a la acción directa- se ha estado agitando en el ámbito político un posible encuentro entre Mauricio Macri y Cristina de Kirchner. En las últimas semanas, puertas que se veían definitivamente trancadas parecen haber comenzado a entornarse. El nunca se convierte en solo sí.

Que un senador amigo de Macri desde los tiempos del colegio Newman haya conversado con la vicepresidente sobre la necesidad de la unión nacional (reunión y temática pautadas por el también senador Adolfo Rodríguez Saá) es un dato significativo. Que ese acercamiento se mantuviera en reserva durante un mes y solo trascendiera después del atentado contra CFK y las amenazas contra el fundador del Pro, quizás muestra un signo de interés de las partes.

La señora de Kirchner, pese al antecedente de haber evitado en 2015 la ceremonia del traspaso de los símbolos del poder a Macri, puede argumentar que ella viene reclamando acuerdos con la oposición y hasta puede citar -como lo ha hecho más de una vez- la conversación que ella suscitó con el economista Carlos Melconian, otro amigo de Macri. Un vocero insospechable de la vice, el senador Oscar Parrilli, lanza invitaciones por los medios y el ministro camporista de Interior, Wado de Pedro, ha hecho lo propio sin autorización de Alberto Fernández, un trámite que muchos se saltean.

Para el fundador del Pro reunirse con la vice puede resultar políticamente más incómodo que a la inversa, dado el perfil de halcón que él fue adquiriendo en los últimos años y su tendencia a sintonizar con los sectores más intransigentes de su electorado. Sin embargo, lo que hasta hace poco hubiera merecido un "no'' tajante, Macri (que ve en la vice "sin dudas, una protagonista del proceso actual'') lo responde ahora con un condicional: "Me reuniría con Cristina solo con la Constitución sobre la mesa''. Es un mensaje en clave que cada uno puede decodificar como quiera.... pero parece un "podría ser''.

En rigor, es la Constitución la que podría otorgar un protocolo formal de cierta simetría a un encuentro entre ambos: se trataría de un encuentro entre dos expresidentes. Si el criterio formal de la conversación fuese ser presidentes de los respectivos partidos, los protagonistas serían Alberto Fernández y Patricia Bullrich (pero, en tal caso, ¿por qué no sumar a las máximas autoridades de sus respectivos aliados? Cierto: sería una foto poblada que no llevaría a ninguna parte).

En términos de política práctica, un encuentro CFK-MM sería una forma por la que ellos se legitiman recíprocamente como figuras centrales de sus respectivas coaliciones, algo que ya parece obvio en el caso de ella, pero es menos indiscutido en el de Macri, tanto porque Rodríguez Larreta lo desafía dentro del Pro, como porque el radicalismo cuestiona lisa y llanamente el hegemonismo del Pro (y rechaza específicamente el de Macri) en Juntos por el Cambio.

Lo que es innegable es que un atisbo de acuerdo entre los dos expresidentes al ser, en la práctica, una coincidencia entre los exponentes de las alas más duras de las dos fuerzas electorales más numerosas contribuiría a una pacificación de los espíritus y podría despejar el camino a coincidencias más ambiciosas.

PASAR DE LAS PASO

La discusión en ciernes sobre las PASO entraña un obstáculo. La oposición no quiere oír hablar de suspenderlas o anularlas, la mayoría de los gobernadores quisiera, de mínima, saltearlas en el próximo comicio, la Casa Rosada hace como que no quiere atender estos reclamos, pero el oficialismo, discretamente, cuenta las voluntades que le permitirían alcanzar quorum y aprobación en Diputados. Descuentan que el Senado es pan comido.

Que estén en marcha jugadas unilaterales (el oficialismo vota hoy en el Senado una reestructuración de la Corte Suprema, aunque sabe que el proyecto rebotará en Diputados) no es un obstáculo para que, simultáneamente. se trabaje en la búsqueda de acuerdos. Todas son pasos de baile que se emplearán cuando suene la música y se reconozca el ritmo.

Aunque si no se resuelvan el intríngulis de la inflación y el dilema de la brecha cambiaria, no serán más que un ballet en la cubierta del Titanic.

Jorge Raventos

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