Miércoles, 14 Junio 2023 12:30

Sin voluntad de cambio - Por Sergio Crivelli

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Políticos y votantes leen ansiosamente encuestas de intención de voto, que ven como un oráculo sobre lo que sucederá en octubre, pero la respuesta a sus dudas está en otro lado. Más precisamente en una medición de la Universidad Católica Argentina difundida días atrás que arrojó que más del 51% de la población recibe algún tipo de ayuda económica estatal. Se trata de una cifra récord (sólo superada durante la cuarentena) que asciende al 58% en el conurbano, bastión electoral del kirchnerismo. En las últimas dos décadas, período de auge de ese sector político, los asistidos por el Estado pasaron de 1,6 a 14,2 millones de personas.

Como persiste una vieja confusión entre Estado y gobierno, no es una hipótesis extravagante que el clientelismo constituya una de las causas principales del ánimo llamativamente conservador de los electores. Ningún candidato se atreve a decirlo porque es políticamente incorrecto, pero los números no mienten. 

Las elecciones ya realizadas en prácticamente la mitad del país dieron la victoria por amplia mayoría a los partidos en el poder. Con una inflación que apunta al 150%, en el 80% de las provincias ganaron los oficialismos. En 8 de las 11 ganó el peronismo, vale decir el partido del mismo signo del gobierno nacional, que también en todos los sondeos registra un rechazo superior al 60%.

En las dos únicas provincias en que el gobierno cambió de manos fue a parar a las de disidentes del oficialismo: en Neuquén, un ex dirigente del MPN derrotó al MPN y en San Luis, un ex rodríguezsaaísta, venció al candidato de Alberto Rodríguez Saá.

Este mensaje de las urnas les dice a los políticos por lo menos dos cosas. La primera, que la voluntad de cambio es minoritaria. Nadie quiere oír ni hablar de que eliminen las transferencias monetarias estatales, llámense asignaciones familiares, ayudas alimentarias, bonos, planes o lo que sea. Del “negocio” de la distribución masiva de dinero público viven organizaciones políticas que financian a miles de activistas con una amplia red clientelar.

El segundo mensaje es que, si el votante peronista está malhumorado con un gobierno que lo hunde en la pobreza, porque el dinero que le entrega se evapora cada vez más rápidamente, vota en blanco o no va a votar. El voto “castigo” no es contra el peronismo, sino contra la dirigencia política en general, aun para la que no gobierna. La “casta”. Más simple: es populismo o no es nada.

Eso permite que la decadencia económica y el deterioro social se retroalimenten desde hace casi 80 años y que las promesas de cambio o renovación no pasen de consignas inaplicables. No hubo cambio con Raúl Alfonsín, ni renovación con Antonio Cafiero. No lo hubo tampoco con Mauricio Macri, el fenómeno más disruptivo en la política nativa del último medio siglo largo. Los quebrantos económicos en serie, de los que la desaparición de la moneda es apenas un síntoma, requieren un cambio para el que los votantes no están preparados. ¿Cuánta miseria hace falta para que lo estén? Sobre eso todavía no hay encuestas.

Sergio Crivelli 
Twitter: @CrivelliSergio

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