Miércoles, 16 Agosto 2023 11:16

Cuando los resultados generan asombro entre votantes y votados - Por Rogelio Alaniz

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Se habló hasta el cansancio del hartazgo del electorado con los políticos. Pues bien, ese hartazgo se expresó. El capítulo decisivo aún no se ha escrito, pero los posibles desenlaces tienen nombre y apellido.

Un instante cualquiera es más profundo que el mar”, escribe Borges. Y si una imagen o una escena puede encerrar las claves del universo, a pocas horas de concluidas las elecciones PASO, una mirada ligera por los “bunker” de las coaliciones en competencia nos permite avizorar tendencias que se insinúan y, en algunos casos, se imponen. 

El silencio y la penumbra en el campamento del peronismo; la expectativa tensa en el local de Juntos por el Cambio; la euforia contenida pero jubilosa entre las filas de Milei. No estamos en condiciones de afirmar que Milei será quien más probabilidades tiene de ser el próximo presidente de los argentinos. Nadie puede decirlo, ni siquiera Dios que en estas circunstancias prefiere ser discreto. Pero está claro que si hay un ganador en estos comicios, ese ganador se llama Javier Milei.

En su momento se habló hasta el cansancio sobre el hartazgo del electorado con la dirigencia política, su escepticismo, su cansancio, incluso su bronca. Pues bien, ese hartazgo se expresó.

Cerca del 40% de abstenciones, lo cual no es un escándalo pero en términos de participación deja bastante que desear. Y el voto a Milei extendido a lo largo y a lo ancho del país, un dato que a las 20 horas de este domingo ya se manifestaba como una tendencia.

Milei no solo superó las expectativas más optimistas, sino que se perfila como el candidato más votado. “Voto antisistema” o “voto bronca”, pero voto al fin. No sabemos qué ocurrirá en octubre, pero por lo pronto ya sabemos que las elecciones se dirimirán entre tres tercios. Esto no lo esperaban ni los peronistas de Juntos por la Patria ni los dirigentes de Juntos por el Cambio.

La victoria de Milei consiste precisamente en haberse instalado a los codazos como uno de los tercios en disputa. En un escenario político caracterizado por el bipartidismo, otra fuerza política se hace presente con la euforia que le otorga saber que ha sido votado por los ricos y por los pobres, por los viejos y por los jóvenes, por las mujeres y por los hombres. Y lo hizo “robándole” votos a los peronistas y a Juntos por el Cambio.

Sus adhesiones recorrieron todo el cuerpo social y la geografía del país. A su manera y en su estilo les mojó la oreja a todos. O, para decirlo de una manera más precisa y formal: amplios sectores de la sociedad decidieron votarlo. No sabemos qué hará Milei con esos votos. O lo sabemos, o lo presentimos, o lo tememos, pero para el caso ese saber por ahora carece de relevancia.

Lo novedoso, lo sorprendente por ahora, es que un dirigente que se presenta como un liberal libertario, que no vacila en identificarse con las políticas sociales y culturales más conservadoras -algunas orillando en la extrema derecha- y con una personalidad en la que en más de una oportunidad no disimuló desequilibrios emocionales inquietantes, haya sido votado por millones de argentinos. ¿Un salto al vacío? ¿Giró el electorado a la extrema derecha? ¿Votaron a un loco? ¿A un “llanero solitario”?

No estoy dispuesto a admitir a libro cerrado estas hipótesis. Basta saber, por lo pronto, que un actor político fuerte disputa el poder. Más no se puede decir por ahora. Juntos por el Cambio dispone de una cuota de poder fuerte y, más allá de disputas o desencuentros, lo cierto es que las adhesiones siguen siendo amplias y persistentes.

A la hora de escribir esta nota, no está definida la interna entre Horacio y Patricia, pero todos los indicios se inclinan a favor de ella. Si esto fuera así, Milei y Bullrich serían los principales protagonistas de esta jornada, pero importa advertir que Juntos por el Cambio no logró estar a la altura de sus performances alrededor del 40%.

No estoy del todo seguro que el peronismo haya sido el derrotado en estos comicios, pero lo seguro es que quienes auguraban una catástrofe se equivocaron.

Sus posibilidades de continuar en el poder se han reducido, y lo que es más grave para la tradición populista y su ánimo mayoritario, es que en octubre deban resignarse a un tercer puesto. No es una posibilidad irreal, a condición de admitir que el peronismo sigue siendo una fuerza política poderosa, con sed de poder y con un liderazgo tal vez algo percudido, pero que no está dispuesto a dar el brazo a torcer.

En todos los casos, de aquí a octubre los días transcurrirán con intensidad e incluso dramatismo. Dos presencias importan distinguir: el silencio de Cristina que se impone con peso propio; y la discreta pero sugerente relación forjada por Macri con Milei.

La presidencia de la nación no está decidida, pero los aspirantes no son los mismos y sus expectativas y estados de ánimo tampoco. Dicho con otras palabras: en esta trama el capítulo decisivo aún no se ha escrito, pero los posibles desenlaces tienen nombre y apellido y los lectores no disimulan su asombro.

Rogelio Alaniz

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