Miércoles, 16 Octubre 2024 17:46

La economía es la base de la miseria - Por Guillermo Javier Nogueira

Mañana entretenida descubriendo que los pájaros tienen cada uno su propio lenguaje con el que advierten tanto la hora del regreso al nido, la caída de unas gotas de lluvia, como la presencia de ese extraño animal que los observa taza de café en mano.

No puedo dejar de reconocer con asombro que se comunican, pasan información, y obviamente piensan de alguna manera. Sonrío agrandado porque no me quedan dudas que en esa tarea les llevo la delantera.

Certeza surgida de ese telar encantado donde con muchas y variadas hebras dispersas voy armando un tejido temporario, al igual que Penélope. Soy el tejedor, poseedor de aquello que me identifica como único e irrepetible, hacedor de ese tejido nunca igual, siempre significativo  tal como lo describiera Ch. Sherrington.

Hoy  entre las hebras escogidas figura el otorgamiento del premio Nobel de Economía a tres economistas por sus aportes que sostienen la teoría del valor de las instituciones inclusivas con inversión en capacitación y educación, de ese modo favoreciendo el acceso equitativo a ambas posibilidades fundamentales.

Estas instituciones fuertes, estables, serán también democráticas y llevarán al progreso sostenido  a largo plazo. Tengo dificultad para incluir la hebra discordante de nuestro hombre fuerte-líder en la cúspide del poder. Opinó burlonamente y con anticipación sobre la posibilidad que lograran dicho galardón quienes finalmente lo obtuvieron, aprovechando de paso para señalar que él, junto a un colega, estaba trabajando en un modelo que bien podría merecerlo.

Desvalorizó el premio ya que lo podría obtener “cualquiera” y se auto sobrevaloró. Choca con la hebra de la fábula  La zorra y las uvas. Despecho, envidia, megalomanía, populismo. Sólo yo poseo la verdad y la razón, los que me contradicen son despreciables o enemigos; nosotros buenos, ellos malos. Tejido monofilamento, monocromático, muy rígido, poco adaptable. Aparece otra hebra autóctona  “síganme no los voy a defraudar”  pero no crean todo lo que digo porque les será difícil tragar el sapo que les estoy proponiendo como manjar “si les decía la verdad no me votaban”.

Esta es tan flexible y adaptable que sirve para cualquier cosa según convenga. Hebra USA “read my lips”, “es la economía estúpidos” y “el sexo oral no es pecado” aunque sea bajo un escritorio en un salón ovalado. Lo destejo de inmediato porque en ese telar mentir sí es pecado y esa tela se rompió. Tejidos flojos, poco duraderos, como el Watergate, el Olivosgate, y el amor a Fabiola. Hay mucha tela berreta, “trucha”, mentirosa, desde siempre. Trago para tomar impulso con la mente lanzadera y buscar más hebras.

Como este telar es imaginario, la tienda de hebras es muy peculiar, a veces una madeja bien hilvanada de fácil alcance, otra una de esas famosas galletas, obra de gatos y nietos (léase malos aprendizajes, circunstancias desfavorables), otras se nos aparecen sin que sepamos por qué, desde dónde o cómo lo lograron. Suelen ser las que se imponen porque sorprenden y a veces revelan la clave para una nueva trama. Así  me encontré con la hebra miseria pero referida a una circunstancia precisa, aprovechada por mis padres, grandes maestros hiladores. En el garaje donde ocasionalmente mi padre dejaba el auto reparado de un cliente, había un gran cartel, propaganda de un lubricante para motores. Estaba en grandes letras la frase que elegí como título.

El cartel mostraba un automóvil impecable al que le estaban  colocando esa marca de aceite y al lado otro muy deteriorado cargando el de una  marca desconocida y  barata. La moraleja era que si economizabas en el lubricante al cabo de un tiempo  lo lamentarías pues el auto sería una miseria, inservible. Me lo hicieron leer y recordar generalizándolo  como consejo aplicable a otros ámbitos.

El  menos, en economía, puede terminar mal. ¿Entonces porque reducir costos es predicado como una virtud insoslayable?  Aprendí con el paso de los años  que la estupidez Clintoniana no es la economía considerada en aquél o en cualquier otro sentido. Luego tomada metafóricamente como un tejido con hebras, diseño, trama y textura entre otras variables,  dependerá de uno o varios tejedores con  colaboradores que dialoguen, conversen y acuerden, aportando cada uno su saber.

De ese modo la tarea podrá llegar a buen fin y el tejido será aceptado por cumplir adecuadamente su función, acorde con necesidades, deseos y expectativas de todos, o al menos la mayoría. Las minorías serán pequeñas pero por habérsele permitido participar trabajarán para demostrar el verdadero valor de sus posturas y no se sentirán excluidas casi in límine o peor, caer en la  hipocresía de falsas opciones: lana o algodón para una tela impermeable = humedad a corto plazo. 

En la hilandería humana, desde cada telar individual parten los mismos elementos aunados a través de la información, de modo que  puedan tejerse los vínculos de una vida en sociedad. Lo imagino como esos acolchados hechos de retazos. Pueden ser abrigados, duraderos y bellos o todo lo contrario.

En una sociedad inclusiva y democrática el gran telar institucional son los tres poderes. Allí se conversará sobre la gran tarea. Cuando aparece el hombre fuerte- líder autosuficiente, sin autocrítica y obsesionado por una sola idea sobrevalorada  que lo lleva a despreciar a quienes no piensan como él, va desapareciendo la conversación y se empobrece la democracia. Ese tipo de líder que solo reconoce el poder celestial por encima de él, no puede descender a considerar sus semejantes como pares y hablar, consensuar, conversar con ellos; él sólo puede dictar órdenes que deben ser acatadas a como sea.

El conflicto por el presupuesto educativo es un ejemplo donde la obstinación por un lado y la mezquindad de intereses del otro ha producido un conflicto que deteriora a ambas partes en beneficio de quienes medran con la fragmentación y el caos. Nuevamente pensar nuestra pobreza y deterioro educativo en términos exclusivamente económicos y presupuestarios es de un reduccionismos y redundantemente de una pobreza argumental notable. La hipocresía reina y se juega constantemente con medias verdades de ambos lados.  Uno tragos en mi jarrito me recuerdan que esto que acabo de hilvanar,  lo he tejido tomando hebras de Youval Noah Harari  en su nuevo libro Nexus. 

Allí  tejió lo mismo con singular y mayor  destreza antes que yo. Vuelvo a Penélope; todos tejemos y destejemos para que la existencia, la vida se mantenga. Tuve suerte con mis múltiples maestros tejedores porque  además de ser diestros en esa ciencia y arte, fueron honestos, veraces, confiables, por lo que les reconocí autoridad sin necesidad de imposiciones.

Lamentablemente  escasean ahora; la confianza, el respeto y la autoridad no abundan,  por lo tanto el espacio de la educación es ocupado por el poder descarnado, liso y llano del mercado. Es un oscuro telar donde no se conversa. Quien o quienes lo controlan,  imponen, dictan  o condicionan a intereses extractivos en vez de inclusivos.

En esa estamos y el peligro radica en que pueden ser tanto economistas como miserables. A no sorprenderse, menos indignarse. Cansa oír que la economía es la ciencia ocupada en administrar recursos escasos, limitados, frente a deseos, demandas ilimitadas. Al mismo tiempo,  otros miembros del mismo club dicen que tiene que ver más con la psicología que con las matemáticas. ¿En qué quedamos muchachos? Diría el entrenador del club de barrio. Obvio diría la tía y cualquier psicólogo, son conductas humanas nene. Pobreza y miseria, como muchas palabras son polisémicas.

En general indican carencia, falta pero que van desde lo puramente material hasta lo espiritual, lo mental, lo ético. Se las puede usar compasivamente o condenatoriamente. Así el título de estas reflexiones puede señalar a las autoridades por pobreza de ideas, conocimientos, información, educación, autoridad, veracidad o por ser miserables éticamente. Todos somos llevados a una condición miserable, desdichada, si no advertimos que se puede dictar apelando a lo irracional, lo puramente afectivo, animal, instintivo, pero desde lo racional e inteligente.

El fanatismo, las conductas descontroladas, no siempre ni absolutamente dependen de pobrezas aunque sí, más probablemente, de miserias a veces sufridas tempranamente en la existencia. Comprender, explicar puede ayudar a seleccionar hilos, diseños, colores, propósitos, telares y tejedores para una trama mejor, la del bien común que ciertamente incluirá el bienestar individual.

Mirar el cielo de una noche estrellada y ver a Júpiter cerca de la luna, o sentado frente a una pantalla ver  huracanes, inundaciones y guerras, deben ayudar a disminuir la pobreza de nuestra curiosidad  e ignorancia aún a costa de admitir cierta pobreza, tal vez miseria de la condición humana como observadora, frente a la maravilla del universo del cual somos una minúscula partícula  que sorprendentemente toma café, se entretiene y entreteje placenteramente estas ideas en una destemplada mañana de primavera.

Mar del Plata 16 de octubre de 2024

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Médico. Licenciado en Psicología

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