Todo culmina en palabras que representan lo procesado y en acciones que lo materializan. La abuela diría “fijate lo que hacés con lo que te da vueltas por la cabeza”, a veces con admiración otras como advertencia. La Academia dice pensar, elucubrar, soliloquiar y actuar. De ese modo surge una respuesta a esa sorpresa y una voz me apunta “cómo no lo viste, cómo no te diste cuenta: es el cambio climático y sus consecuencias”. Faltó el estúpido Clintoniano. La sorpresa y la demanda de dar respuesta se unieron en un todo coherente mediante ese pegamento básico que son las emociones. Con ellas calibramos y somatizamos individualmente sucesos, acciones, decisiones y consecuencias.
En muchos casos suelo estar curioso y contento por conocer algo nuevo y aprender; en este por el contrario el fastidio, la preocupación, aún el enojo, dominaron la escena de un nuevo tropiezo con la misma piedra. Fue así porque no puedo alegar ignorancia de las causas de los cambios producidos en el planeta tierra por la intervención humana. ¿Cómo es posible ser sorprendido por algo conocido y esperable? Nuevo trago mediante, van apareciendo hipótesis /respuestas posibles. Tres de ellas me parecen relevantes.
La primera es que valoramos la información según el grado de credibilidad, certeza e intenciones de su fuente. La segunda es el modo y el medio por el que nos llega condicionando nuestra recepción y tratamiento. Podemos valorarla positivamente, negativamente, ser indiferentes o ignorarla lisa y llanamente. La tercera es qué haremos con ella según nuestra personalidad, carácter, experiencia y cultura en sentido amplio.
Así son destinos posibles aprender e implementar acciones acordes, registrar, analizar y valorar para luego actuar y archivar, o por el contrario desestimarla (un poco de inteligencia siempre viene bien junto con el “cacho de cultura” de Minguito). Un respiro, miro nuevamente el jardín, sol tímido, mucho viento, pájaros que reaparecen en un orden preestablecido buscando semillas, insectos, polen, alguna lombriz desprevenida. Llegan en compañía de abejas y mariposas. Lo que parece un caos en realidad son oscilaciones que alcanzan límites extremos, están desfasadas en tiempo y magnitud.
Desobedecen a las leyes físicas. ¿Estas cambiaron o nuestra ignorancia de fondo impide que veamos un todo coherente y en cambio al fragmentar, reducir, solo vemos una escena de la Gran Obra, el Universo? En ese caso la aparición de lo que no sabíamos nos sorprende al igual que lo conocido pero inesperado. Me quedo contento y me premio con una galletita. No me siento tan culpable, entonces. Acepto las limitaciones y con una sonrisa culpo al universo por su inmensidad inabarcable y a la naturaleza que me ha configurado dual. Funciono biológicamente y existo culturalmente. A veces se desarregla este ensamblado y como suele decirse en el barrio “se me salta la cadena”; entonces soy un “animal” como a veces calificaban Les Luthiers a Mastropiero.
En otras aflora el pensamiento complejo, razono, comparo, aprendo y ejecuto de acuerdo a las circunstancias. El mix es plástico y oscilante pero con los años el animal se apaga bastante. Más tranquilo zafo del cambio climático, pero inesperadamente caigo en la cotidianeidad de la información nacional e internacional. ¡Oh sorpresa! Se encuentran un poderosísimo líder mundial de características disruptivas y antecedentes preocupantes con nuestro producto local bastante parecido. Ambos a su vez se abrazan con otro personaje difícil de calificar, ya que por un lado es un talentoso innovador que parece no tener límites y por otro lado es un poseído que no contempla alternativas. Hay encuentros diversos en foros, convenciones, festejos recaudatorios proclamando un cambio de orientación política (en realidad económico- cultural), invocan al cielo y cual profetas reclaman obediencia como acto de fe y castigo a los ateos que además tiene retroactividad.
En otras palabras rencor, odio y venganza. Son parecidos pero no idénticos, por suerte. ¿Qué los une? Si analizamos su origen hay un resentimiento de fondo que no puede canalizarse adecuadamente. Hay diagnósticos posibles desde la psiquiatría. Prefiero hacerme eco de la idea de un gran colega y maestro que señalaba a este tipo de personajes como poseedores de una idea sobrevalorada que rigidizaba su pensamiento. Coloquialmente son fanáticos. De allí su intolerancia al disenso; su convicción es tan profunda que solo admiten la iluminación por una inteligencia superior inapelable e incognoscible con la que privilegiadamente se comunican. Surge la megalomanía.
Todo lo que hacen no admite comparación con lo ya hecho y están fuera de escala pues los superlativos no les alcanzan. Esto los pone por encima del común de los mortales incapaces de ver el más allá. Desestiman elegir y obligan a optar; el famoso “por sí o por no” negador de la libertad que sin ser absoluta como ingenuamente alegan con el libre albedrío, sigue siendo esencial para existir con sentido. Se insinúa el autoritarismo. Contradicen sus propios postulados modificando liberalismo a libertarismo al que unen con anarquía y capitalismo a ultranza. Economía, mercado, comercio, negocios, son sus deidades. De este modo sin empacho ponen metas fiscales como prioridad absoluta, descreen o ignoran el sufrimiento humano al reducir los seres a números en las estadísticas, es decir los cosifican; los deshumanizan, no los reconocen como otro semejante.
Por eso se encierran en nacionalismos, proteccionismos y lo peor de todo en una creciente xenofobia. No trepidan en negar la ciencia cuando predican en contra de las vacunas, las epidemias y el cambio climático con sus causas y efectos o las problemáticas de género. Torpedean al estado que en democracia es el ente regulador para el bien común surgido del consenso que exige horizontalidad y diálogo desde las bases hacia arriba. En cambio pretenden imponer unicatos imperiales de arriba hacia abajo. Por eso hay uno solo que decide y un pequeño “circulo” variablemente llamado de hierro o rojo que asesora, comparte y eventualmente negocia los “dictados” del supremo. Creen que los serios conflictos internacionales se resuelven o lo harán, gracias a su intervención personal modelo zanahoria y garrote escondido.
En otros términos, promesas, abrazos, sonrisas, pulgares para arriba, fotos compartidas y planificadas. Improperios, amenazas, desplantes degradando sus implicancias al usar X en la red.. Hay variantes por supuesto. Dependen de culturas, épocas y circunstancias. No son exactamente lo mismo los líderes de Rusia, China, Turquía, Hungría, Korea del Norte, Brasil, Italia, USA y Argentina. Hay matices, pero la esencia es lo preocupante. En el caso local es ver que el poder temporario otorgado por los votos se absolutiza y entonces una persona decide en nombre de un país entero nuestra vinculación con el mundo y eventualmente nuestra propia organización e identidad como nación plasmada en la ley de leyes, la Constitución y el sistema de gobierno. Aparecen desobediencias e intentos de cambios radicales al acecho. Ya necesito más café y un breve reposo. Respiro hondo y salta la pregunta ¿por qué sucede esto a nivel planetario? Aflora mi parte científico-filosófica.
La existencia es una constante oscilación, por lo tanto, al igual que el péndulo, las organizaciones sociales oscilan entre un modelo basado en el consenso entre pares y lo opuesto basado en el poder concentrado en unos pocos en los que solo cabe confiar y obedecer. Espero al lector le resuene democracia versus autocracia. Según Y. Harari esto viene sucediendo desde siempre con variantes impuestas por el tamaño de las comunidades y por las diferentes posibilidades de relacionarse. La comunicación transporta información entre la que destacan las reglas pertinentes para organizar la convivencia y la prosperidad. En el fondo un paso adelante evolutivamente en pos de la supervivencia. Hay emisores, receptores y redes diversas que en la actualidad permiten el tiempo real y la virtualidad de una dimensión gigantesca posibilitada por la digitalización y la informática.
En cualquier caso lo que está en juego es el poder, la autoridad, su obtención, uso y fines de aquellos que lo detentan o pretenden poseerlo. Allí es donde hay que mirar para poder ver “por donde viene la mano”, dirían los muchachos en el café. Un primer paso es diferenciar poder de autoridad. El primero se obtiene y en ese emprendimiento los límites los pone e impone la propia moral o la ética del grupo. No debe sorprender entonces que las estrategias sean variables e incluyan violencia, engaño con sus variantes de seducción, hipocresía, ocultamiento, ignorancia programada, cinismo y especialmente el relato como mensaje tendencioso y a veces falso.
Por el contrario la autoridad es algo que se gana, que los otros confieren y reconocen en base al mérito y esencialmente a la confianza surgida de la coherencia, honestidad, veracidad sostenidos por la Ética con mayúsculas y sin variantes ni alternativas. Personalmente creo que hablar de ética de fines y ética de medios es entrar en un relativismo poco sano que habilita trasgresiones e impunidad. Llegado a este punto no hay café que alcance ni jardín que deje de provocarme. Ese orden de los pájaros mencionado al comienzo es duro y a veces cruel. Veo a uno pequeño que logra un bocado, entonces se le acerca otro de igual tamaño tratando de arrebatárselo. No pelean, si el bocado es grande luego de corretear lo comparten y aprovechan el lugar rico en oportunidades. Llegan otros similares que los imitan. Supongo dialogan y consensuan; los imagino “pájaros civilizados, democráticos”. Sonrío y pienso en Konrad Lorenz.
Por el contrario, cuando aparece uno mucho más grande, los pequeños huyen, abandonan el lugar donde estaba su alimento. El mayor ahora aprovecha, come allí y no dejará que nadie compita incluyendo otros de similar tamaño a los que aleja violentamente. Tiene poder, por eso los pequeños simplemente se apartaron, huyeron. Nuevamente la abuela sabia me explicaba usando los peces como ejemplo: “siempre el más grande se come al más chico”. Cadena ecológica que de a poco aprendí puede aplicarse a cualquier desigualdad: el dueño de la pelota elegía a los que podían jugar, el más grandote tomaba primero el agua de la canilla o el trago de la única botella de gaseosa que conseguíamos. Mucho más tarde los laboratorios convirtieron a los farmacéuticos en comerciantes de sus productos en vez de productores de recetas magistrales. ¿Y los imperios a sus colonias? Parece un golpe fuerte pero necesario en épocas de migraciones invertidas.
Regreso al poder y la autoridad, a ese grupo tan especial de seres humanos reconocidos como líderes. Ellos son los que organizan, guían, orientan, deciden, conducen en los diferentes ámbitos de las sociedades y entre las mismas. Lo hacen por ese impulso íntimo que llamamos deseo, vocación, que puede ser espontáneo o inducido por alguna figura idealizada. Se los considera poseedores de conocimientos con los que elaboran proyectos tendientes a lograr objetivos personales, individuales o sociales. Idealmente combinan cuotas de poder con autoridad y ética del bien común. Son generadores de acontecimientos a veces exitosos, beneficiosos, o por el contrario, catastróficos. Siempre es un cambio sustancial, que “deja atrás”, irreversible, quizás modificable.
En ese universo figuran en primer lugar los políticos, entendidos como aquellos que se interesan por la comunidad a la que pertenecen y pretenden gobernar; por esta razón necesitan y buscan el poder en primer lugar. Lamentablemente muchos lo hacen como un fin en sí mismo. Es elemental que los líderes políticos deben poder comunicarse con los ciudadanos, personas, pueblo, seguidores o como quiera llamarse a los destinatarios de sus planes, con el fin de obtener el poder realizarlos y lograr sus objetivos. La comunicación es la herramienta esencial entonces, la vía regia para conseguir el éxito.
El lenguaje en todas sus modalidades es empleado y difundido por los medios disponibles en forma de relato adaptado a entrevistas, paneles, conferencias, actos partidarios, homenajes, debates. Aparecen los asesores de imagen, asesores de campaña, encuestadores, analistas, publicistas, periodistas, estrategas, lobistas, influencers, financiadores. Se lo promociona y “couchea”. En esencia se trata de realzar sus virtudes, minimizar sus defectos y “crear imagen”. Sabiendo cuál es el “blanco” entonces se desarrolla la estrategia para hacer llegar el mensaje en forma exitosa. No es cosa fácil. Algunos líderes políticos tienen “carisma”, es decir, empatizan fácilmente con la gente; otros por el contrario generan rechazo o indiferencia.
La solución es crear un discurso que aproveche lo positivo y oculte lo negativo. La propaganda es entonces el procedimiento que “maquilla” al candidato. Es una mentira, más bien una hipocresía, ya que es a sabiendas. Nos muestran lo que se supone queremos ver, oír o deseamos creer. Un paso más a fondo es hacernos sentir y no pensar. No todos son así pero da la casualidad que los exitosos actuales son de este modelo que no es novedoso ni original sino modernizado; tampoco propio de una ideología en particular. Los hay de derecha, izquierda, moderados, extremistas. Son disruptivos y pueden hacerlo ante el agotamiento y los fracasos de algún modelo de gobierno precedente. Como alguna vez dijo un hábil manipulador “ganamos no porque seamos buenos, sino porque los otros son peores”.
Algún analista lo pone más sutilmente en “no ganó A sino que perdió B”. Producir un cambio en el electorado siempre depende del fracaso preexistente y de la tolerancia al mismo en especial cuando este implica importante sufrimiento para vastos sectores. Como dice J. Giacobbe es el límite al dolor infligido. Una última vuelta y llego a nuestra actualidad donde parece estuviéramos en una campaña permanente con provocaciones, réplicas, alianzas, rupturas, aseveraciones y desmentidas casi en simultáneo, todo con una velocidad y volumen que impiden razonar, valorar, decidir. La incertidumbre es mayúscula y se trastoca en ansiedad o miedo que lleva al accionar sin sentido, “porque sí”, al fanatismo, la réplica inútil en espejo.
Pasan de este modo flagrantes mentiras que o no se ven o no importan. El resultado es la elección de candidatos o la tolerancia para con otros reconocidamente mentirosos o poseedores de sentencias firmes por delitos importantes. No puede ni debe evitarse la pregunta por cómo el elegido es él, por qué se opta por alguien que miente o es un delincuente. Existe un reciente trabajo publicado en Trends in Cognitive Sciences de mayo de este año. Su autor principal es Stephen Lewandowsky y el título traducido es “Cuando los mentirosos son considerados honestos”.
Parten de la misma pregunta formulada en el párrafo anterior y usan como ejemplo a D. Trump. En 2016 de acuerdo a verificaciones de hechos emitió más de 30000 declaraciones falsas o engañosas, sin embargo en el 2018 según una encuesta de NBC, el 75% de los votantes republicanos lo consideraban honesto. (Toda semejanza con nuestro país es pura coincidencia….). Los autores plantean esto como un enigma o un acertijo abordable desde varios ángulos: Las nociones de verdad y honestidad son diferentes aunque están estrechamente relacionadas.
Verdad: Estado de afirmaciones vis a vis con el mundo. Algo es verdadero si se corresponde con un estado del mundo
Honestidad: Característica o rasgos de una persona. Habilidad de hablar sinceramente, con integridad y deseo de evitar decepcionar
Ambas son invariables que mediante un proceso psicológico deben ser traducidas a percepción subjetiva de veracidad y honestidad. En el caso de la verdad podemos acercarnos basados en la verificación o en la intuición. En el caso de la honestidad la retórica empleada está dirigida a hablar de hechos, semejante al mecanismo de la verdad. También es empleable una retórica que exprese una sincera y auténtica creencia. Hasta aquí se puede considerar entonces que un político que despliegue un discurso basado en creencias pueda ser considerado auténtico y posibilite que se lo vea honesto.
El artículo considera luego que otro enfoque es analizar el discurso desde el emisor o el receptor. Analizar las palabras puede indicar por su semántica y frecuencia aludir a hechos verificables o a creencias. Otro aspecto es la calidad de las fuentes de información consultada. La evaluación de 4 millones de Twitts emitidos entre 2011 y 2022 por miembros del Congreso mostró luego de las elecciones de 2016 un aumento en la frecuencia de ambos tipos de discursos que se acelera después de 2020 con aumento del uso de creencia y una baja en la calidad de las fuentes en los republicanos .
En 2024 ganó Trump y no quedan dudas qué tipo de discurso usa ni de sus antecedentes que no parecieron importar a los votantes. ¡Fijate vos y por casa cómo andamos diría mi tía Adelina! Nada que envidiar contestaría yo. Finalmente un lúcido analista y politólogo al ser interrogado sobre las características de nuestra autoridad máxima dijo (reproduzco sus palabras de memoria) “es auténtico pero no sé o no me queda claro si es honesto. Hay que esperar” Maravillosa síntesis de un liderazgo que trabajosamente he tratado de trasmitir en estas líneas.
Esperar significa mirar con la esperanza de ver, verla venir, anticipar y poder comprender y corregir para no repetir errores. Elegir en vez de optar y separar autenticidad de veracidad y honestidad. No es fácil, lleva tiempo, paciencia, diálogo con los semejantes. La suma de ignorancias reconocidas es el comienzo de algunos pocos saberes firmes a los que acceder.
Mar del Plata 17 de noviembre de 2024
Médico. Licenciado en Psicología
Autor de El niño problema, La era del neuroTodo, La era de neuroTodo II. Ed Miño & Dávila



