Miércoles, 18 Diciembre 2024 18:02

Los nuevos revolucionarios: Un médico a la izquierda - Por Gustavo Ferrari Wolfenson

“No se confunda mi estimado señor, nosotros ya no exportamos guerrilleros o revolucionarios, ahora son médicos y maestros”. Con estas palabras, Carlos Rafael Rodríguez, vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba, me dejó claro en 1977 cuáles eran los nuevos lineamientos de la política internacionalista cubana.

Por aquel entonces, la contraofensiva de los Montoneros entre 1979 y 1980 no contaba con apoyo oficial de Cuba, mientras las relaciones con Argentina se mantenían estrechas, pese a sus gobiernos ideológicamente opuestos. La Argentina, incluso bajo la dictadura, votó a favor de Cuba en la OMS y recibió apoyo cubano  en organismos multilaterales.

Carlos Rafael Rodríguez fue un marxista, erudito y figura clave en las relaciones cubano-soviéticas. Durante nuestra charla, comprobé lo que en las recepciones diplomáticas se repetía: “Qué inteligente es Rodríguez, una lástima que sea comunista”. Mediador en las tensiones entre Moscú y La Habana, su influencia fue notable en periodos de acercamiento y desencuentros, como la aventura maoísta del Che Guevara, la intervención en Angola y la resistencia de Fidel Castro a las reformas soviéticas de Glasnost y Perestroika.

Simultáneamente, la Revolución Cubana inició su proyecto más audaz: apoyar la independencia del Tercer Mundo, especialmente en África. En 1974, Angola, Mozambique y Guinea-Bissau luchaban contra el dominio portugués. Aunque los movimientos guerrilleros eran débiles, la canción de Carlos Puebla anunciaba: “Y en eso llegó Fidel” se hizo presente. La Operación Carlota (1975-1991) envió tropas cubanas a Angola en apoyo del MPLA, con 450.000 cubanos, entre médicos, maestros, ingenieros y soldados. En la Guerra de Ogadén (1977-78), Cuba apoyó a Etiopía frente a Somalia, respaldada por Estados Unidos.

La intervención cubana en África no fue sólo militar; Fidel Castro buscaba protagonismo regional, marcando equidistancia de Moscú y consolidando alianzas económicas y políticas. En paralelo rebautizó la Isla de Pinos en Isla de la Juventud como centro de formación internacionalista, donde miles de jóvenes del Tercer Mundo recibían educación y participaban en trabajos agrícolas. Muchos continuaban su formación en medicina y pedagogía en La Habana.

Desde 1963, con la primera misión médica a Argelia, Cuba ha enviado más de 400.000 profesionales de la salud a 164 países. Aunque al inicio fue una labor humanitaria, en años recientes estos servicios son pagados por países como Venezuela y México, que intercambian petróleo por asistencia cubana. La medicina cubana, con raíces históricas, sigue siendo un orgullo nacional, con casi 500.000 profesionales de la salud activos. La educación también dejó un legado en Latinoamérica con figuras como Aurelio Baldor, autor de los célebres libros de matemáticas que aún se estudian en la región. Cuba ha mantenido su “deuda con África”, aludiendo a los lazos de sangre que unen a ambas regiones desde la trata negrera.

Muchos años después, aquella frase de Carlos Rafael Rodríguez resuena con fuerza: “No exportamos guerrilleros, ahora son médicos y maestros”. Una verdad que Cuba expandió por el Tercer Mundo.

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