Sábado, 04 Enero 2025 02:02

El desafío electoral – Por Vicente Massot y Agustín Monteverde

El gobierno libertario finaliza el año con un Muy bien diez, felicitado. Sucedió lo que nadie imaginaba y Javier Milei, rápido de reflejos, se apura a aprovecharse de una oportunidad dorada, que quizás no se repita.

En el curso de 2024 no se cansó de obtener victorias a expensas de sus opositores políticos y de sus numerosos críticos salidos de los cenáculos universitarios, las redacciones de buena parte de los diarios y el mundillo cultural progresista.

Haber dado cuenta de todos ellos sin cederle un tranco de pollo a quienes se cansaron de pronosticar catástrofes económicas y sociales, le ha permitido transformarse en la figura excluyente de la política doméstica y lo ha convertido en una figura de resonancia mundial.

Subido a esa ola, el líder libertario se apresta a consolidar lo ganado y a redoblar la apuesta de cara a los comicios legislativos que habrán de substanciarse en octubre. El desafió que enfrenta —más allá de la administración de la cosa pública— se reduce a y se resume en las mencionadas elecciones.

Para compensar su escasa musculatura legislativa en una y otra cámara del Congreso de la Nación, tiene la obligación de ganar a simple pluralidad de sufragios y de aumentar, de manera considerable, el número de diputados y de senadores que hoy acredita como propios. Semejante asignatura pendiente no parece ser extremadamente difícil de acometer pero —al mismo tiempo— no es pan comido.

En el supuesto de que la marcha de la economía siga al ritmo que lleva hasta el momento, es difícil imaginar —salvo por un error auto infligido, de esos que en política suelen pagarse caro— que el oficialismo sufra un revés de consideración cuando se cuenten los votos.

Pero puede perder aun ganando. Lo anterior —aunque lo parezca— está lejos de ser una contradicción en sus términos. Para cantar victoria, no sólo tendrá que obtener un mayor número de votos que cualquiera de los demás partidos —para dar así una muestra de solidez a nivel nacional—sino que deberá también batir al kirchnerismo en el último bastión que le queda, de una relevancia superlativa: la provincia de Buenos Aires. Lo primero es mucho más fácil que lo segundo.

Desde hace meses, la hermana del presidente se ha dedicado con inusitado esmero a recorrer buena parte de la geografía nacional con el propósito de dotar a los libertarios de una estructura que cruce en diagonal a la República. Cuanto era imposible de lograr un año atrás —cuando pocos creían en las posibilidades de Milei y la plata y los contactos no sobraban— hoy está al alcance de la mano.

Con el viento de cola que impulsa a la gestión gubernamental, el poder omnímodo que ha delegado su hermano en ella, y los recursos estatales a su entera disposición, a Karina Milei la tarea de conformar una fuerza competitiva a lo largo y ancho del territorio argentino le resulta sencillo. La principal ventaja con la que cuenta es que, allí donde desembarca, recibe el apoyo de mucha gente inicialmente refractaria al credo libertario que ahora desea tener un lugar bajo el nuevo sol que nos ilumina.

Las dos agrupaciones que le ayudaron al gobierno a reforzar la gobernabilidad y le permitieron blindar los decretos de necesidad y urgencia más importantes, enfrentan sendas crisis, de una gravedad indisimulable. Tanto el Pro como la UCR corren el peligro —si no de desaparecer de la escena— al menos de quedar reducidas a su mínima expresión.

Las encuestas dan cuenta de esta realidad lacerante para los seguidores que le quedan a Mauricio Macri y para los nostálgicos de Hipólito Yrigoyen y de Raúl Alfonsín. Su intención de voto es, en verdad, insignificante. Algunos sondeos sitúan a las dos banderías mencionadas debajo del umbral de 5 %.

Lo que se dice una catástrofe, en razón de que —a diferencia de La Libertad Avanza— el Pro pondrá en disputa veintidós bancas mientras los radicales deberán renovar catorce de las suyas en la cámara baja. ¿Cómo hacerlo? —Aquí es donde hace su aparición el mileísmo, que les extiende una mano protectora y las convoca a una coalición —o como quiera llamársele— que las salve del papelón electoral.

Lo que percibe la mayoría del macrismo —de Cristián Ritondo a Diego Santilli, y de María Eugenia Vidal a Silvia Lospennato— y aquellos radicales que no han seguido los pasos de Facundo Manes y de Martin Lousteau, es que la tropa que antaño los seguía, ahora se ha pasado o se encuentra a punto de migrar en pos del oficialismo, sin pedirle permiso a ninguno de sus dirigentes.

Los gobernadores —a Rogelio Frigerio hay que seguirlo con atención—, intendentes y legisladores de esos dos partidos no querrán quedar a la intemperie, barridos por la corriente libertaria. Por eso es que la bancada que responde al cordobés Rodrigo de Loredo viene de reunirse con el presidente en la Casa Rosada. Se tiraron flores y dejaron entrever que la posibilidad de algún acuerdo —por vago que éste sea, a esta altura del partido— se halla a la vuelta de la esquina.

En cuanto al macrismo, el primo Jorge ha querido consolidar su administración y ha decidido desdoblar los comicios, temeroso de que si no la hace, termine pagándolo caro. En su lugar, cualquiera habría hecho lo mismo.

En este orden de cosas, el mensaje de Javier Milei —“O vamos juntos en todos lados o vamos separados; trampas al electorado, no”— es menos terminante de lo que salta a primera vista. El plazo para formalizar alianzas vence en seis meses, y hasta entonces habrá mucha tela que cortar. En rigor, la prioridad de la Casa Rosada es determinar una estrategia en el principal distrito del país, donde sí o sí deben salir airosos sus candidatos.

En ese territorio, por débil que sea el Pro, marchar a las urnas en solitario, prescindiendo de su apoyo, podría resultarle fatal.

Cualquiera sabe que las diferencias que se sacan los dos principales contendientes en la provincia que gobierna Axel Kicillof, son bien finitas. De momento, lo que cantan las encuestas es que los libertarios necesitan del macrismo.

Por supuesto hay otro elemento que entra en juego: la deriva de la interna que tiene al actual mandatario, de un lado, y a Cristina Fernández, del otro. Es de suponer que, en la cabeza de ninguno de los dos anida la idea de concurrir cada uno por su lado. Ello le allanaría a Milei el camino del triunfo y podría sepultar para siempre las esperanzas del kirchnerismo de recobrar lo que viene de perder a manos de los libertarios.

Pero nunca se sabe. Por capricho, odio o suficiencia la viuda de Kirchner le negó a Randazzo, en las legislativas del año 2017, la posibilidad de una interna que hubiese ganado sin despeinarse. Tamaño error hizo que su ex–ministro de Transporte obtuviera, presentándose por fuera del peronismo, 4 % de los votos, clausurando de esa manera la posibilidad de que la ex–presidente se impusiera a expensas de Esteban Bullrich.

En Balcarce 50 no descartan ningún curso de acción con tal de asegurarse un triunfo sobre el único enemigo de fuste que queda en pie. Si para ello tienen que ceder un par de bancas o fogonear tras bambalinas la aparición de un peronismo disidente en el área bonaerense, no dudarán un instante en hacerlo. La reciente salida, del bloque de Unión por la Patria en la cámara de Diputados, del santafesino Roberto Mirabella y sus declaraciones posteriores respecto de que hay varios de sus pares que desearían seguir sus pasos, es un hecho de la mayor importancia.

Quizás sea como un relámpago pasajero en un cielo límpido, que en definitiva sólo le haga cosquillas a los K. Pero podría ser el principio de un tsunami que conmoviese las bases kirchneristas.

Inflación: Un diciembre distinto

  • Nuevamente, la inflación del mes se estará ubicando por debajo de las expectativas de una amplia mayoría de los analistas.

Con los números procesados hasta el momento, los precios al consumidor registran un incremento de 2,5 %.

  • Teniendo en cuenta la notable desaceleración que se observa en estos últimos días en el rubro Alimentos y bebidas y que a nuestro relevamiento le falta el componente del interior del país —mucho menos afectado por los ajustes de tarifas—, consideramos que el número final podría coincidir o ser levemente inferior al de noviembre.
  • Alimentos y bebidas registró en las últimas semanas variaciones levemente negativas.
  • Este año, el alza de los productos estacionales propios de la Navidad tuvo una significación menor.
  • En la segunda mitad del mes (con datos parciales de la última semana), la canasta del IPC presentó variaciones de 0,3 % en la tercera y 0 % en la cuarta.
  • De esta manera, el año 2024 cerraría con una inflación de 117,3 % ó alguna décima menos, lo que marcaría una desaceleración de 94 puntos porcentuales respecto al registro de 211,4 % correspondiente a 2023.

Diciembre fue el octavo mes consecutivo de desaceleración en la variación anual.

  • El ancla fiscal le permite al BCRA seguir con el saneamiento de su balance y mantener ancladas las expectativas inflacionarias

Paralelamente, el nivel de actividad y los salarios dejaron de caer y mostraron los primeros indicios de recuperación.

  • Anualizando el número de diciembre, la inflación acumulada hacia fines de 2025 alcanzaría el 34,5 %, muy por debajo del registro de este año.
  • Sin embargo, estimamos que la inflación en 2025 continuará su paulatino descenso y no superará 25 %.
  • Para enero esperamos que la inflación tenga una nueva desaceleración, y se ubique alguna décima por debajo de 2 %.
  • En el primer trimestre la estacionalidad juega a favor.
  • A ello se sumará el reducido arrastre estadístico que dejará diciembre, de 0,3% (noviembre, a cambio, aportó 0,7% a la inflación de este mes).

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