Atento a ello, Javier Milei parece haber puesto en práctica al asumir su gobierno uno de los consejos de Otto von Bismarck: “si quieres volver loco a todo el mundo, dice siempre la verdad”. Y es lo que hace, para escarnio de una banda de corruptos que asoló a nuestra sociedad hasta convertirla en una verdadera caricatura, al poner en práctica ideas fracasadas en todo el mundo.
Dicen que una persona puede ser soportada si permanece eventualmente en el sitio que le corresponde. El de Cristina no es precisamente el que aloja a los pensadores ilustrados o los políticos clarividentes.
No obstante, está siendo bastante difícil desembarazarse de la presencia y opiniones de alguien que, como ella, se reivindica siempre comparándose con figuras históricas sobresalientes de quienes se siente émula, con un desparpajo que nos recuerda a menudo el refrán que reza: “la mona vestida de seda, mona queda”.
Todo ello ocurre, porque el gobierno de Milei está siendo muy “pesado”, conceptualmente hablando, para que el desvío de la cultura política kirchnerista pueda volver de sus tropelías, tratando de vestirlas de algún resto de majestad.
No hace falta repetir nuevamente que no es el deseo de triunfar políticamente el que importa en este mundo, sino el prepararse adecuadamente para lograrlo. Por lo que nos preguntamos con curiosidad: ¿qué espera conseguir la ex Presidenta con su cháchara insustancial?
Quizá ella y sus fervorosos seguidores creen que la gente es tonta, al punto de no haberse apercibido que el barro en el que chapalean al salir de su casa cuando llueve es una herencia directa de la ineficiencia y la corrupción. Por dar un solo ejemplo, el que los K hayan manejado la provincia de Buenos Aires durante unos 39 años para dejarla convertida en una ciénaga sin rescate a corto plazo.
Por todo ello, nos resulta imperioso señalarle a la jefa espiritual del colectivo supuestamente “justicialista”, que sus palabras impulsan a rechazarla visceralmente, porque cuando aborrecemos a un vicioso/a (ella lo es sin ninguna duda), es la consecuencia directa de un razonamiento natural que lo encuentra dañino.
¿Qué más se puede agregar al respecto sin resultar reiterativo?
A buen entendedor, pocas palabras.


Resulta verdaderamente obsceno el afán de Cristina Fernández por ocultar sus estrictas conveniencias personales entre bambalinas, poniendo en evidencia su rasgo psicológico más repudiable: “yo no fui”. 