Jueves, 03 Abril 2025 13:51

¿Cuántos dólares serán de libre disponibilidad? – Por Vicente Massot

En el segundo semestre del año pasado el indicador que mide la pobreza arrojó una baja, respecto de seis meses antes, de quince puntos porcentuales, poco más o menos.

Cuando Alberto Fernández y Sergio Massa acababan de despedirse del gobierno que habían manejado de manera escandalosa, era de 41,7 %. Luego de un año de Milei en la Casa Rosada, cayó a 38,1%.

Y la indigencia: descendió de 18,1% a 8,2 %. Cualquier administración, sin importar el país o la ideología que hubiese abrazado, no se cansaría de festejarlo y de hacer ostentación de semejante logro. Dada la herencia envenenada que recibió del kirchnerismo, sin derecho al pataleo, que los libertarios hayan conseguido tamaño éxito no deja de ser notable.

Pero al oficialismo la noticia dada por el INDEC le sonríe en el momento más difícil que ha atravesado desde que se instaló el presidente en Balcarce 50. Para variar, como le ha ocurrido a casi todos los antecesores de Javier Milei, el problema se vincula con el dólar.

Desde el punto de vista específicamente político, no tiene sentido entrar en disputas sobre el atraso del tipo de cambio. La biblioteca se halla dividida al respecto y los más sólidos economistas de nuestro país no terminan de ponerse de acuerdo acerca del tema. Pero lo cierto es que el fenómeno excede con creces a los debates académicos.

Los mercados en las últimas cuatro semanas han hecho ruido y las turbulencias, que en principio se creyeron que no pasarían a mayores, ahora preocupan. Lo cual no es para menos, en atención a ese verdadero combo inesperado de causas exógenas —medidas arancelarias tomadas por Trump— y endógenas —como las consecuencias que tiene la escasez de reservas— que retroalimentan las dificultades de un país como el nuestro. Si la pulseada financiera hubiera tenido lugar en un año sin elecciones a la vista, su gravedad habría sido menor.

Con comicios legislativos de medio termino a la vuelta de la esquina, las cosas cambian de color. Por eso se entiende el pedido del ministro de Economía a las autoridades del Fondo, para que haya un desembolso anticipado. Solicitud a la que Kristalina Giorgieva le dará —según su anuncio del día lunes— pronto despacho.

En este contexto se inscriben el viaje de Milei a los Estados Unidos para entrevistarse con Donald Trump y la solicitud que efectuó la representante republicana María Eugenia Salazar al secretario del Tesoro de los Estados Unidos. Nada es casualidad. Sería aventurado decir que en forma súbita, por las razones que fuese, el gobierno ha perdido la brújula y la sociedad la confianza que hasta poco tiempo había depositado en la gestión libertaria.

Nada de eso. Lo que se hace notar es una incertidumbre creciente con base en dos cuestiones claves, que se hallan en boca de expertos y de legos, por igual: qué cantidad de dólares —de los que recibirá la Argentina del Fondo Monetario Internacional— podrán ser utilizados, llegado el caso, para dirimir supremacías con los mercados, y hasta qué punto los desembolsos estarán condicionados a un cambio de la política cambiaria. Cómo bien expresó recientemente Ricardo Arriazu, “si no son de libre disponibilidad para qué diablos los quiero”.

A esta altura de las idas y venidas con el FMI, y dando por descontado que el monto total orillará los U$ 20.000 MM, la intranquilidad sigue en el centro del escenario. Es comprensible que Caputo haya salido a la palestra y declarado que no habrá devaluación y que enfrenta, en estos días, operaciones de corto plazo. Todos sus predecesores dijeron lo mismo cuando les

toco estar en un baile igual o parecido. Lo que sucede es que, más allá de quienes desean desestabilizar al gobierno —que, por supuesto, existen— la deriva del tipo de cambio trasparenta más que un complot, una suerte de nerviosismo generalizado.

Es evidente que de lo que se trata en las filas oficialistas es de no perder la compostura y demostrar firmeza ante la adversidad o —si se prefiere— templanza. En eso, y a pesar de que no siempre fueron oportunas y precisas las intervenciones públicas de Luis Caputo, deja la impresión de que, en medio de las aguas procelosas que enfrenta, no se amilana. Eso sí, no tiene todo el tiempo del mundo para dotar de sustentabilidad al tipo de cambio oficial.

Si el anuncio del acuerdo con el FMI no se oficializase en torno de una fecha que nadie ha fijado oficialmente, pero que está instalada —a lo sumo el 20 de abril— la tensión cambiaria escalaría. Si la cifra con la que contara el gobierno para defender su dólar fuese significativa, los nubarrones que hoy se recortan en el horizonte desaparecerían de un día para otro. Si, en cambio, resultase insuficiente, la administración libertaria debería prepararse para timonear una crisis bastante más seria.

Pasemos, sin escalas intermedias, de los mercados a las urnas. Faltan apenas 48 días para que se substancien los comicios legislativos en CABA. En otras circunstancias hubieran pasado desapercibidos. En estas se han transformados no sólo en los más importantes de la historia de la ciudad sino que son percibidos, por las distintas fuerzas políticas del país, como un indicador de los humores de la sociedad.

A nadie de la primera línea de la dirigencia nacional se le hubiese ocurrido hace tres o cuatro meses competir por una diputación que, en el mejor de los casos, lo condenaría a tratar los temas concernientes a las alcantarillas, la recolección de basura, el trazado de las bicisendas y el destino de los ‘trapitos’. Alumbrado, barrido y limpieza, que le dicen.

No obstante, los contendientes serán Manuel Adorni, Silvia Lospenatto, Horacio Rodríguez Larreta, Paula Oliveto y Leandro Santoro, nada menos. En su totalidad, hombres y mujeres que, si alguien hubiese dicho a principios de año que serían los candidatos, habría sido maltratado por la crítica.

¿Qué ha sucedido? ¿Como explicarlo? —Es, por de pronto, una consecuencia no querida —de las que está llena la historia— de la decisión tomada por Jorge Macri de desdoblar las fechas de votación. Algo que solapado con los comicios nacionales resultaba insignificante, pasó a tener una relevancia inusitada en razón de que el puntapié inicial será dado en la capital federal, y ello —se supone— marca tendencia. Al fin y al cabo, a quién le importa lo que suceda en Jujuy, Santa Cruz, Entre Ríos o cualquier otra ciudad del interior.

La Reina del Plata, inversamente, es la vidriera más representativa del país de los argentinos, y eso cuenta. Dicho de manera diferente y tomando prestada del politólogo y analista Gustavo Marangoni la idea: el domingo 18 de mayo las elecciones de CABA harán las veces de una PASO.

Los porteños marcharán en pos de las urnas en medio de una fragmentación de la oferta electoral pocas veces vista, lo cual —al menos en un primer análisis— podría favorecer a Leandro Santoro, un ‘radical K’ emblemático. ¿Por qué? —Básicamente, en razón de que si se pasa revista a las fuerzas presentes en las gateras, es fácil darse cuenta de que la única que no ha sufrido un desflecamiento importante es Ahora Buenos Aires, el nombre elegido para competir por el propio Santoro.

La otrora invencible Cambiemos ha dejado de existir y repartirá sus votos entre Lospennato, Rodríguez Larreta, Oliveto y los radicales. El encono de Karina Milei contra Marra ha obrado que este último —como era de esperar— haya hecho rancho aparte. La izquierda dura sigue siendo insignificante, y en cuanto a Caruso Lombardi, Carolina Papaleo, Juan Abal Medina, y el referente de Guillermo Moreno, no le hacen cosquillas a nadie.

Santoro es consciente de su talón de Aquiles en un distrito en el que al kirchnerismo siempre le ha costado hacer pie. Si se identificara más de la cuenta con Cristina Fernández e hiciese profesión de fe en su favor, se suicidaría electoralmente. Su declaración reciente de que “la ciudad de Buenos Aires no es el distrito de Cristina”, no pudo ser más esclarecedora. Tomó distancias de la jefa formal del PJ para evitar una polarización en contra del kirchnerismo en la capital federal, que echaría por el suelo sus chances de ganar.

En realidad, el que hoy aparece mejor posicionado es el que menos tiene que perder.

Si Santoro saliese segundo o tercero, para él no se acabaría el mundo. Por el contrario, si el Pro llegase en la segunda posición o en la tercera, perdería en el único baluarte de consideración que le queda a nivel nacional. Sería una catástrofe. Quedaría maltrecho de cara a octubre y Jorge Macri se convertiría en un pato rengo, sin fuerza en la Legislatura en los dos años que le quedan de gobierno.

En cuanto a La Libertad Avanza, dependerá del número de votos que obtenga. Un segundo lugar, cerca del ganador, no sería desdoroso. Llegar tercero representaría una derrota táctica de consideración.

Para ponerle fin a estas reflexiones, dejemos, por un momento, los pronósticos electorales y repasemos, a vuelo de pájaro, las principales alternativas que se abrirán desde hoy y hasta mañana, cuando en la cámara alta del Congreso de la Nación trate los pliegos de Ariel Lijo y de Manuel García Mansilla:

1) que el gobierno los retire antes de la sesión correspondiente, dando por seguro que sus candidatos serán rechazados;

2) que logre aplazar el tratamiento;.

3) que los dos resulten recusados; y finalmente, 4) que Ariel Lijo consiga los votos necesarios y que, a su vez, García Mansilla sea aplazado. Habría una quinta posibilidad que, si se produjese, sería milagrosa: que uno y otro pasasen el examen.

Salvo que se diesen el primero, segundo o quinto de los casos mencionados, en cualquiera de los demás se produciría un claro conflicto de poderes. Esto en virtud de lo que sucedería con Manuel García Mansilla.

El Senado consideraría inconstitucional su permanencia en la Corte, mientras el oficialismo diría que, hasta el cierre de las sesiones ordinarias de este año, nada hay que discutir. Diferencias abismales, con efectos imposibles de prever.

Hasta la próxima semana.

Top