Lunes, 07 Abril 2025 10:59

La causalidad y el cisne negro - Por Guillermo Javier Nogueira

A veces se empieza bien y se termina mal. Hoy no hay jardín que valga. Me había levantado de buen humor porque el despertador fue el sol radiante. Entonces me entretuve entre el café y la digestión de una serie muy promocionada que vi anoche y la preocupación por el lamentable nivel periodístico de un también muy promocionado programa de TV.

El coordinador constantemente leía su celular y daba como primicia información cambiante que le llegaba de fuentes supuestamente veraces, al mismo tiempo que entrevistaba a un ex embajador con un pasado político no muy meritorio.

Dialogaban al vaivén de lo que se pretendía eran datos confidenciales, al mismo tiempo que el ex funcionario risueñamente comentaba las estrategias ocultas con las que se gestionan encuentros y convenios entre líderes o funcionarios representantes de sus países. La guinda del postre fue cuando reconocieron su amistad como garantía. La credibilidad ya baja, sigue menguando. Como me suele suceder, en el telar de las ideas se fue armando una trama sintetizada en el título.

Ese fue el comienzo de un inmenso nubarrón que opacó mi humor. Generamos creencias fundamentales para existir. Si bien son cambiantes, en términos evolutivos tienen una trayectoria ascendente, de superación y mejora; eso explica el lugar que ocupamos los humanos en el universo, al menos por ahora y en tanto lo circunscribamos a nuestro planeta. Cierto antropocentrismo es permisible. Si nos preguntamos cómo se ha ido dando este devenir la primer respuesta integradora es construyendo certezas, hipótesis, sometiendo a prueba, corrigiendo, reintentando una y otra vez.

He descripto el método pero no el fundamento. Aparece entonces la causalidad, ni más ni menos que  aquello determinante que, frente a un fenómeno observado, nos permite indagar para saber su origen, el punto de partida. Es un problema sumamente complejo pues lo conocido, para poder ser explicado, comprendido y finalmente sabido, requiere ir en el sentido opuesto al fenómeno observado. Así indagaremos por las circunstancias, los objetos y los sujetos involucrados con sus vínculos. Hablaremos de “condiciones” necesarias y suficientes para que estos se den. Las correlaciones espaciotemporales son algunas de ellas.

A todo esto debemos agregar el observador como configurador configurado con sus posibilidades, limitaciones, y tecnologías que posibilitan, a veces facilitan y otras impiden arribar a conclusiones sustentables, convertibles en certezas. Camino lleno de acechanzas y trampas, pero imprescindible de recorrer. La realidad, la verdad, la certeza, la confiabilidad, la reproductibilidad, la libertad para decidir, escoger sabiendo y ponderando grados de la misma al igual que posibilidades, probabilidades y valores, están al final de ese camino. Las matemáticas y el cálculo estadístico complementan y hacen a las previsiones y las predicciones.

En esencia es saber el porqué, el cómo, el cuándo y dónde. Dependemos de hacer bien esta tarea. Sorprende entonces, más bien preocupa, cuando se señalan “errores no forzados, auto infligidos, inesperados, no previstos” y una larga serie de variantes, cometidos por aquellos con responsabilidades indelegables por involucrar el destino de sus semejantes. En realidad no es nada por azar ni imprevisto; todo lo contrario. Es por ignorancia (una forma de carencia sensorial o alteración del procesamiento). Por eso el “no la vieron venir” se complementa con el “no hay peor ciego o sordo que el que no quiere ver o escuchar”.

La ignorancia está generalmente del lado de quienes yerran o pagan las consecuencias de creer en las capacidades de quienes los gobiernan o dominan de algún modo. La falla del procesamiento siempre está del lado de los líderes. La obstinación, la megalomanía y en casos extremos el delirio, son algunos ejemplos de ellas. Visto de este modo y llamando a la epistemología en nuestra ayuda no hay nada de sorprendente o imprevisible en los últimos hechos que sacuden al mundo entero con una réplica local, que imprudentemente en ambos casos, depende de liderazgos poseedores de las fallas antes mencionadas.

Son auténticos, pero no veraces. Manipulan la causalidad según su conveniencia e ideas sobrevaloradas como decía J.C.Goldar. Esa manipulación incluye tergiversar, ocultar o descaradamente mentir apelando a la irracionalidad emocional. Sarmiento popularizó el “bárbaros las ideas no se matan” no obstante hay hoy  un regocijo en carajear y blandir una motosierra para corregir desvíos materiales fruto de ideologías de signo opuesto al gobernante. Se idolatran políticos expertos en el ocultamiento y los arreglos “por debajo de la mesa” otra forma de mentir.

La existencia de influencers, asesores, jefes de campañas, formadores de opinión, asesores, círculos de hierro, círculos de colores varios, medios, redes lobistas y fundamentalmente financiadores son parte de lo que he llamado condiciones determinantes. Como en la magia hay trucos y nada es lo que parece. Miramos al mago con asombro cuando niños.

La educación y la experiencia cambian el asombro por la sospecha y el franco descreimiento. En el show aplaudimos, reímos y no hay consecuencias, en la vida real sufrimos, nos angustiamos por la incertidumbre o nos dejamos arrastrar por las emociones y las falsas promesas, cuando deberíamos exigir veracidad y responsabilidad invocando a la justicio para que cada uno se haga cargo de los resultados de sus acciones.

Las fallas morales y éticas deberían seguir igual camino con el aditamento de la posibilidad de confesión, arrepentimiento, justo castigo y eventual perdón, terrenal o divino según la fe. Mirando las magnitudes espaciotemporales es evidente que no podemos evitar fijar a veces arbitrariamente puntos de partida y períodos. Reconocerlo elimina la idea del azar o de la creación desde la nada. Corolario de esto es que frente a un fenómeno observado debemos incluir como causal lo observable que lo antecedió, a su vez con sus propias condiciones. Si lo hacemos veremos que lo que nos sucede ahora tiene como causa dominante el fracaso y /o agotamiento de las políticas aplicadas por una larga época, las que como en un movimiento pendular o mejor dicho en espejo se intenta reemplazar por lo opuesto.

No es sorpresa entonces que podamos caer en el mismo resultado final. Siempre es mejor corregir lo que falla que destruir todo suponiendo que se puede reemplazar; especialmente si lo “nuevo” no es tal, sino solo una reconstrucción con los mismos materiales y herramientas. El arquitecto o el ingeniero no determinan por si solos la calidad de la obra.

Así como otra vez la abuela decía “cuidado porque hecha la ley, hecha la trampa”, el nieto se inspira y dice “para una sorpresa desagradable pero posible, siempre hay un cisne negro”. Creo que son falacias exculpatorias. Una para no obedecer la ley o desvalorizarla y la otra para ocultar la irresponsabilidad. Es verdad que un cisne negro es posible pero poco frecuente, ahora bien, en acciones que conllevan riesgos se lo tiene siempre en cuenta y se prevé: el paracaidista lleva un paracaídas de emergencia, el quirófano tiene una fuente de energía doble e independiente, el auto de un alto dignatario es blindado.

¿Por qué no hacerlo con tomas de decisiones generadoras de eventos que pueden ser catastróficos? Más aún la genética no es de una rigidez extrema y por lo tanto podría suceder que los cisnes negros aumentaran a punto tal que los blancos pasaran a ser los poco probables. Los artistas, los científicos y los pensadores de alto vuelo contemplan estas causalidades posibles, juegan con ellas y hacen un buen uso de la IA para ensanchar la banda espacio temporal de observación.

La segunda Guerra Mundial fue precedida por la gran depresión, la derrota de Alemania, la República de Weimar, y la aparición de un líder paranoico enancado en esa situación. Logró arrastrar a su país a una guerra reivindicatoria basada en la idea de razas superiores (la de su pueblo) y enemigos de razas inferiores causantes de sus desgracias. Así les fue, pero no solo a su pueblo sino también a todo aquél que se opusiera o él eligiera como enemigo.

Cosas parecidas sucedieron al mismo tiempo en Italia y España. Más tarde en Rusia y China. Por supuesto que con variantes pero con un común denominador: la intolerancia, la idea megalómana  y el autoritarismo. Generalmente el precedente fueron gobierno de signo opuesto, en algunos casos democracias o repúblicas fallidas. Sus víctimas no lo “vieron venir” y creyeron que se podía creer en la palabra y la veracidad de sus compromisos y de esa manera negociar, acordar.

Si bien todo cambia y cada vez en forma más rápida, es responsabilidad de quienes lideran, gobiernan, legislan, informan y educan, observar la historia con mirada crítica y educada, acorde a la complejidad y los riesgos ciertos que subsisten.

El nubarrón que empañó mi mañana tuvo que ver con La serie y el programa periodístico. En la prensa  crecen las críticas al gobierno sin analizar que sus errores eran y son previsibles, lejos de los cisnes negros. Tiene  que ver con las características de personalidad  de su líder, sostenido por el fracaso de todo o la mayor parte de lo precedente. Las referencias internacionales o históricas permiten advertir el sesgo peligroso pues sucedieron varias veces antes; historias milenarias. El programa periodístico ignoraba la causalidad en serio y se enredaba en el juego de hacer creer que estaban en posesión de la verdad. Todos usan la palabra libertad como si tuviera un significado único  que acomodan a su conveniencia y la suponen irrestricta, cosa que no es. Ni siquiera cuando se elige entre muchas posibilidades, menos aun cuando se opta: “por sí o por no”

Por otra parte la violencia generalizada, ahora más difundida al estar involucrados niños,  en vez de ser estudiada en su magnitud y su vínculo con cada sociedad y época en particular, sin sensacionalismos ni difusión alarmista, se hace lo contrario. Se toma el efecto para proponer el tratamiento: la difusión en el ámbito escolar, en el seno de las familias y la prohibición o control de celulares y otras pantallas según la edad.

La abuela repite “hecha la ley, hecha la trampa”. Si se piensa en las  causas seriamente, el problema involucra  un modo de vida, un hábitat, un modelo educacional, el desarrollo de las comunicaciones y la informática, los problemas de género y sexo, la familia, el trabajo como actividad ética o lúdica, la determinación de que se consideran infancia, niñez y  adolescencia; el futuro como proyecto y la libertad. El poner a la psiquiatría y la psicología como determinantes exclusivos de capacidades y por ende posibilidades de ser responsable de aciertos y fracasos, es de un reduccionismo peligroso. Si bien se ha avanzado mucho aún se está lejos de tener certezas absolutas y permanentes.

En un ser humano plástico y cambiante constantemente, la identidad y la conciencia por ahora están en el terreno de lo asombroso; para algunos el milagro. Decidir y definir ética y moral con sus implicancias y sus determinantes tampoco es asunto saldado. Antropólogos, sociólogos, filósofos, religiosos, pueden hacer su aporte y deben ser también consultados.

La mirada múltiple  hace de lo complejo fragmentado un todo comprensible. La justicia en tándem con la psicología sigue con las mismas dificultades. ¿Vigilar, castigar? diría Foucault. Apena ver la rigidez profesional de la psicóloga, que ateniéndose a su tarea evaluadora toma al niño como un enigma o un objeto a estudiar, descifrar, y no tiene un gesto humano compasivo al finalizar la entrevista, cuando desesperadamente un pequeño ser humano le pide que le diga que no es feo. Cumplió con su deber profesionalmente y nada más. Casi al mismo nivel que los policías que le leen reiteradamente sus derechos y le ofrecen comida mientras restringen su libertad.

Necesitamos cambios, pero racionalmente planificados con su cuota de afectividad  y consenso. Sin epítetos, absolutismos o violencia. El pasado honestamente escrutado, no solo el  local sino el de la humanidad, debe ser la plataforma de partida. La educación la prioridad para enseñar a pensar y nutrir ese proceso, no para adoctrinar, influenciar, seducir, vulgarizar.

Mar del Plata 7 de abril del 2025

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Médico, Licenciado en Psicología

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