Si sólo hubiera dependido del presidente de la Nación la decisión, la habría tomado antes. Pero las negociaciones con el staff que comanda Kristalina Giorgieva llevaron más tiempo del imaginado, de resultas de lo cual la incertidumbre ganó a los mercados con las consecuencias que eran de esperar en términos del alza del blue y de las ventas sustantivas de divisas —unos U$ 4000 MM en dos meses— que debió realizar el BCRA. Milei no podía tirarse a la pileta sin saber el nivel de agua que tenía. Levantar el cepo sin dólares era un suicidio.
Lo que ha quedado demostrado es hasta qué punto fue acertada la política de alineamiento con los Estados Unidos, en general, y con Donald Trump, en particular, que generó Milei.
Desde que dio comienzo la campaña electoral y cuando aún parecía una osadía quebrar una lanza en favor del candidato republicano, el libertario no se anduvo con vueltas. Haciendo caso omiso a quienes le aconsejaban algo más de prudencia de cara a la disputa electoral norteamericana, no especuló en ningún momento.
Por lo visto, el mandamás estadounidense no echó en saco roto ni la posición ideológica del argentino ni las posturas que la Argentina hizo suyas tanto en la Organización de las Naciones Unidas como en la CELAC. Sin el apoyo del Fondo y del gobierno yankee, el salto que dio el gobierno hubiese sido imposible de acometer. Con su respaldo, la red de contención que se tendió puso a cubierto a Caputo y a su equipo de cualquier turbulencia inmanejable.
Si algo le faltaba a los libertarios para complementar una Semana Santa en paz, hizo su arribo a Buenos Aires el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, a los efectos de reunirse con Javier Milei y dar un formidable espaldarazo a sus “audaces reformas económicas”.
Poco importa, a esta altura, que haya descartado la versión de que su país pondría a disposición del nuestro una línea de crédito directa. Lo trascendente del viaje estriba en tres motivos de distinta índole. Por de pronto, su cargo en el organigrama de la administración trampista —Bessent no es precisamente un funcionario de rango intermedio. En segundo término, el hecho de que haya tomado el avión rumbo al Plata en medio de la fenomenal crisis del comercio mundial que ha estallado. Por fin —y no por ello de menos envergadura—, el calado de su adhesión al modelo libertario.
Dos días después de los anuncios económicos difundidos por la cadena nacional de radio y televisión, en Santa Fe se desempolvaron las urnas dando inicio a una verdadera maratón electoral que culminará el domingo 26 de octubre. Entonces se elegirán 127 diputados nacionales y 24 senadores nacionales. Conocidos los resultados de aquella provincia, saltaron a la vista varias cosas notables que no pueden generalizarse, como si marcasen tendencia, pero que convendría no desestimar.
A diferencia de lo que se percibe en la Capital Federal y en el ámbito bonaerense, donde la alianza se ha desintegrado, los partidos que formaron Cambiemos y se alinearon detrás de Pullaro obtuvieron un triunfo resonante. El peronismo, en cambio, aun sumando a las facciones que fueron separadas, hizo una pésima performance.
En cuanto a La Libertad Avanza, quedo al descubierto que tan mala consejera es la tozudez de Karina Milei y sus armadores. A la hora de formalizar acuerdos, despreciaron el aporte de Amalia Granata, que fue por su cuenta y logró cosechar casi los mismos votos que el representante libertario, Nicolás Mayoraz. Juntos habrían realizado una elección espectacular.
Dejar en manos de una persona inexperta, que nunca antes se ha metido en las procelosas aguas de la política, la responsabilidad de dotar de sillares sólidos la construcción territorial a lo ancho y largo del país, es jugar con fuego. Bien está que el presidente, para cuidarse las espaldas y tener a su lado al único ser en este mundo que puede hablarle de igual a igual, haya elegido a su hermana y la haya convertido, de la noche a la mañana, en secretaria general de la Presidencia. Claro que de ahí a poner a su cargo el armado del partido y de las listas, de cara a unas elecciones en las cuales el oficialismo no puede perder, hay un largo y peligroso trecho.
Cosa parecida a lo ocurrido en el litoral puede darse cuando el domingo 18 de Mayo se substancien, en la ciudad autónoma de Buenos Aires, las elecciones legislativas. ¿Qué necesidad había de echarlo —como si resultara un traidor, o algo parecido— a Ramiro Marra de las filas libertarias? Siempre fue y continúa siendo un incondicional del gobierno, que no se cansa de repetir que él no compite con Adorni, y que lo complementa.
¿Por qué insistir en la descalificación descomedida al macrismo y a sus primeras figuras si, al final del día, han acompañado al oficialismo en todas y cada una de las ocasiones en que se solicitó su apoyo legislativo?
El presidente debería pensar dos veces antes de despotricar e insultar a destajo, como hizo en el diálogo con Alejandro Fantino del pasado lunes a la noche.
Si bien las bandas cambiarias funcionan sin problemas, las reservas pasaron a tener la solidez de la que antes carecían, los bonos subieron y las acciones argentinas volaron, el índice inflacionario de marzo, unido a los aumentos en términos de los precios al consumidor que puedan producirse durante los meses de abril y mayo, cuando menos, abren un interrogante respecto de cómo impactaran en el ánimo y la voluntad de los votantes a lo largo y ancho del país. El desafío que se le viene encima al gobierno está centrado en la deriva de los precios.
El presidente y el titular de la cartera de Economía habían repetido hasta el hartazgo que la salida del cepo se produciría cuando la inflación convergiera a la tasa de devaluación. Sin embargo, la prolongada negociación con el Fondo sobre el monto y el cronograma de los desembolsos —los cambios de política monetaria y cambiaria ya habían quedado acordados en agosto—impidió desprenderse del cepo cuando ellos aspiraban —en un principio, se pensó en diciembre y luego se postergó a febrero. Que terminaran haciéndolo en el momento que el IPC marcaba un aumento de 3,7% y el crawling peg se ubicaba aún en 1%, muestra que fueron capaces de reorientar las velas aunque ello contradijese parte de su discurso.
Salvando las distancias de épocas, de contexto y de los personajes involucrados, Javier Milei dio un volantazo similar a los que, en su oportunidad, obraron Raúl Alfonsín, al lanzar el Plan Austral, y Carlos Menem, al designar a Domingo Cavallo como su ministro de Economía.
Su parecido no se refiere a los lineamientos técnicos sino a la capacidad de darse cuenta que algo debía ser modificado de cuajo para llegar a buen puerto. Con este dato fundamental: a diferencia de aquéllos, no necesitó despedir a Luis Caputo ni echar por la borda el núcleo duro de su programa.
Hasta la próxima semana.


El sistema de cambio inaugurado por la administración libertaria desde el momento en que Javier Milei se aposentó en la Casa Rosada, no podía durar de manera indefinida. El cepo, otro de los instrumentos de los cuales se valió el equipo económico para encauzar su gestión, tampoco estaba autorizado a soñar longevidades. 