Declaración —si se quiere, algo polémica— que debe inscribirse dentro de la larga serie de ditirambos que ha sido hilvanada respecto del difunto Papa, aquí y en buena parte del mundo. Hablar bien de un sumo pontífice, cuya muerte ha generado adhesiones de millones de personas, y que además era nuestro compatriota, es cuanto debe hacer un político de estas tierras.
Resulta políticamente correcto y le da la oportunidad de posar como un moderado. Sólo el tiempo dirá si la obra del cura de Flores podrá superar la ordalía del tiempo como la de Jorge Luis Borges y Bernardo Houssay, para poner dos ejemplos de los muchos que podrían traerse a comento.
Milei es un típico personaje al cual no hay que llevarle demasiado el apunte cuando pontifica, declama, levanta la voz, se enoja, y condena o exagera a destajo. Ninguno de los periodistas a los cuales le gusta destratar va a sufrir las inclemencias de la cárcel o del silenciamiento.
Tampoco, debido a sus diatribas estrafalarias, la libertad de prensa sufrirá mella. Pero, por supuesto, mejor sería que no incurriese en desatinos o excesos. Como cuando dijo, por ejemplo, en el programa de Alejandro Fantino, que nuestro país era la 27ª potencia militar del mundo.
Al primer magistrado criollo hay que juzgarlo en virtud de lo que hace y no por lo que dice. En este orden de cosas, su performance podrá disgustar por las formas que emplea, a condición de reconocer que cuanto ha logrado en el curso del año y medio que lleva su gestión, es inédito. Basta pasar revista al superávit fiscal, el descenso de la inflación y la reposición del orden pública en las calles —entre otros logros— para darse cuenta del éxito de las políticas puestas en movimiento desde el mismo día que entró en la Casa Rosada.
Mas allá de la euforia que campea en los principales funcionarios de la administración —empezando, claro está, por el Triángulo de Hierro—, ninguno de todos ellos se llama a engaño respecto de los desafíos que se recortan en el horizonte. En este sentido, salta a la vista la disputa que no hace más que escalar con Mauricio Macri. Conviene aclarar que las diferencias exceden a los personajes, si bien es cierto que bastaría que los jefes de La Libertad Avanza y el Pro llegasen a un acuerdo, para que aquéllas desaparecieran de manera inmediata.
¿Dónde está trabada la cuestión? En un análisis hecho a vuelo de pájaro parecería que dos agrupaciones con tantos puntos ideológicos en común y un enemigo excluyente —el kirchnerismo, en cualquiera de sus formas— deberían fumar la pipa de la Paz. Sin embargo, lo que en teoría luce enteramente lógico, en la práctica tiene sus bemoles.
Los presupuestos con base en los cuales ha forjado su guión electoral la Casa Rosada son los propios de quien se siente con derecho a imponer condiciones en cualquier negociación.
El actual no es un gobierno que tambalee o a punto de desfallecer. Se halla en alza y se considera con derecho a fijar las reglas del juego. Karina Milei y Santiago Caputo, lo que pretenden es armar un partido que tenga asiento en la totalidad de las provincias. Ello los ha llevado a pensar que —salvo en casos excepcionales— conviene presentarse a las elecciones legislativas por venir con candidatos propios y no subidos a una alianza. Confían en que, dada la crisis que aqueja al Pro, sus votantes naturalmente abandonarán las filas amarillas y se plegarán a las de los libertarios.
En resumidas cuentas, y aunque no lo puedan expresar con todas las letras, su apuesta radica en algo que dan por descontado: que el Pro es un partido destinado a desaparecer, tarde o temprano, a manos de La Libertad Avanza. Sin jefes y sin programa, quedará reducido, según el razonamiento de la hermana del presidente y del mago delKremlin nativo, a su mínima expresión.
Esto hace que su poder sea insignificante a la hora de sentarse a discutir una estrategia electoral conjunta. Puede acompañar en calidad de actor de reparto, y nada más. Tan confiados están en Balcarce 50, que no hacen ningún esfuerzo por conciliar posiciones con Macri. Pasan por sobre él cómo alambre caído y pactan acuerdos para que algunos de sus alfiles más calificados salten el cerco en el momento oportuno. Cristián Ritondo y el Colorado Santilli están con las garrochas listas desde hace rato.
Si para muestra vale un botón, lo que ha sucedido en el distrito Capital no deja lugar a dudas. El desdoblamiento decidido por Jorge Macri semeja una suerte de manotazo de ahogado.
Ha jugado sus cartas a todo o nada y más le vale que la candidata del espacio, Silvia Lospennato, no baje del segundo lugar en las preferencias de los votantes. De su lado, los libertarios no hicieron esfuerzo ninguno para acercar posiciones con el Pro en la Capital Federal.
Podría decirse que su aspiración de máxima —salir primeros— es casi tan importante como la de mínima. Por ese motivo, Manuel Adorni dijo —como si tal cosa— que consideraría una buena elección perder frente a Leandro Santoro por un voto. Confesión inconcebible si se la tomase al pie de la letra. Decodificada, quiere decir que su adversario principal no es tanto el kirchnerista como la candidata del oficialismo porteño.
Es muy probable que si el domingo 18 de mayo el Pro quedase relegado al tercer puesto en su bastión electoral por excelencia, la necesidad de barajar y dar de nuevo —esto es, de forjar algún tipo de pacto con el mileísmo para no sufrir en octubre otro revés de semejante dimensión— sería tarea obligada.
En realidad, los Milei estarían dispuestos —y no es del todo seguro— a bajarse de su estrategia sólo en la provincia de Buenos Aires. Conscientes de que perder allí complicaría sus
planes de gobierno en los últimos dos años de mandato, aunque en público no lo reconozcan se hallan preparados para hacer concesiones y forjar en ese distrito una alianza de partidos, siempre desde una posición de fuerza.
El supuesto del que parten los macristas que todavía pueblan las filas de su agrupación es, en cambio, el de una fuerza convencida de que ya no está en aptitud de disputar el poder.
Puede, a lo sumo, obrar como socio minoritario del oficialismo. Claro que en su fuero íntimo, de Mauricio Macri para abajo, saben bien que están en un tobogán y no hay razones para suponer que la situación mejore. Por supuesto, nada de todo esto lo reconocerían en público.
En política, los suicidas no abundan. A lo que aspiran es a vender los votos que supuestamente creen que tienen, al mejor precio y con una mínima dignidad. Cosa que se vería facilitada si en los comicios a disputarse en tres semanas Silvia Lospennato salvase la ropa. De lo contrario, deberían resignarse a ser el furgón de cola de los libertarios.
Hasta la próxima semana.


Un siglo y medio atrás, Bartolomé Mitre, dejándose llevar por sus predilecciones ideológicas, declaró muy suelto de cuerpo a Bernardino Rivadavia “el hombre civil más grande de los argentinos”. 