Lo vemos como un paso al frente para recobrar la iniciativa “desde arriba”, y afirmar una vocación por utilizar herramientas tradicionales de cariz ortodoxo, tratando de correr del escenario a muchos actores políticos y sociales “enquistados” en la administración pública.
En un país en el que muchísima gente es escéptica (y tiene razones para serlo), no había más remedio que actuar con decisión y de manera disruptiva desde el vamos, si se pretendía afirmar un rumbo diferente que lograra disolver cuanto antes las peligrosas turbulencias emanadas de los fantasmas del pasado.
Un pasado que tuvo como protagonistas no solamente a los Bancos, las instituciones financieras y las empresas privadas, sino también a gobiernos que representaron casi siempre la quintaesencia de un país frustrado.
Porque cuando la diferencia entre lo posible y lo imposible no depende enteramente de nuestra decisión personal, la fe de algunos iluminados puede ser muy útil, pero no transformará en posible lo que resulta imposible, como pretender dar un salto al frente de cincuenta metros con la sola ayuda de las piernas.
Contradiciendo este principio, hemos vivido, casi sin interrupción alguna, atados a la magia que nos vendieron por décadas políticos inescrupulosos de verba florida y bagaje cultural paupérrimo, que trataron de enredarnos en los conjuros de sus apetitos personales.
Milei ha dicho más de una vez que para él la tecnología de la salvación predicada hasta hoy, ha consistido solamente en la utilización de trucos engañosos, por lo que se requería reubicarnos dentro de los fundamentos que contienen ciertos pensamientos de tipo académico.
Vivimos en un país donde las opiniones suelen seguir los vaivenes emocionales de mucha gente desencantada, por lo que vemos esta suerte de día “D” vernáculo como algo bastante promisorio por lo inédito, a la luz de los resultados concretos obtenidos. Aunque podamos discrepar a veces con las formas y ciertos aspectos puntuales de la “letra chica”.
Estando “a tiro” las próximas elecciones, esperamos que las campañas previas sirvan para abrir debates sociales y políticos serios, que agoten las controversias provocadas por ajustes que, dicho sea de paso, son aplaudidos y practicados sin disimulo por países que ya han vivido con éxito los partos inherentes a cualquier desarrollo sustentable.
A buen entendedor, pocas palabras.


El desembarco lejos del cepo general de la economía, fijando una flexibilización en algunos aspectos de la misma por parte del gobierno de Javier Milei, ha provocado un asombro que paralizó a una sociedad que se ha quedado sin argumentos de peso para contradecirla, habida cuenta de los resultados obtenidos rápidamente respecto de un caos administrativo y económico precedente de características enfermizas. 