Esta cuestión estructural que define su pensamiento autoritario (en épocas del General Perón fueron más que evidentes), se fue intensificando con el tiempo hasta aterrizar en las playas del kirchnerismo, que es algo así como una visión supuestamente “ilustrada” del socialismo populista, que practica la abolición de cualquier atisbo de “buenas maneras”.
No creen en ellas y usan el lenguaje para combatir ásperamente cualquier posibilidad de convivencia, un rasgo que impide el desarrollo de cualquier tipo de civilización social.
En efecto, el kirchnerismo, hijo putativo de los postulados del fascismo de origen del movimiento justicialista, promueve en sus discursos una idea nefasta que lo vuelve sumamente peligroso: triunfo total o muerte.
Para ellos no hay término medio, y en su afán de luchar contra quienes les señalamos sus errores (algunos de escuela primaria) y/o cualquier otro vestigio de oposición razonable, destruyen todo a su paso.
Son vulgares y están resueltos a gobernar la sociedad por los medios que consideren oportunos, ignorando principios que han vuelto exitosos a los países que los respetaron y permiten evitar el colapso de una sociedad.
Están convencidos que ellos SON EL ESTADO, e intentan arrasar con cualquier idea alternativa que perturbe este concepto -digámoslo nuevamente-, “brutalista”.
¿En qué consiste su principal error conceptual (entre muchos otros, por supuesto)?: en creer que dicho Estado debe crear los medios necesarios para generar una mejor calidad de vida de la gente…hasta que la sobredimensión del mismo se convierte en un elefante que aplasta todo a su paso, y la sociedad comienza a vivir para él, abandonando cualquier iniciativa que genere actividades independientes, debido a la multiplicidad de normas y regulaciones absurdas que se dictan, asfixiando a los emprendedores.
Se trata de disposiciones que favorecieron siempre la corrupción y el enriquecimiento de funcionarios venales y sus satélites parasitarios, quienes terminan por definir y decidir el orden que desean imponer: EL QUE LES CONVIENE.
El reciente torpedo submarino que han lanzado contra el actual gobierno, inmutables frente al daño que puede causar la falta de financiamiento genuino de sus propuestas “humanitarias” (¿), exhibe a las claras la arbitrariedad de sus ideas.
Ojalá el Presidente, o quien lo suceda siguiendo la misma línea de realismo “técnico”, consiga poner el último clavo necesario para cerrar definitivamente el sarcófago donde todavía aletea el kirchnerismo peronoide (Milei dixit).
A buen entendedor, pocas palabras.


Ortega y Gasset definía ciertas especies humanas, diciendo que estaban constituidas por “un tipo de hombre que no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino sencillamente se muestra resuelto a imponer sus opiniones” (sic). 