Jueves, 14 Agosto 2025 13:45

'Milei en modo electoral” – Por Vicente Massot

Conforme a lo prometido, el cambio de la modalidad discursiva del presidente se hizo notar días pasados cuando cargó en contra de los legisladores que intentan, con todos los medios a su alcance, poner en entredicho el superávit fiscal y sumarle obstáculos al Poder Ejecutivo desde sus bancas en la cámara de senadores y en la de diputados.

A diferencia de cuanto había sido su costumbre desde que llegó a la Casa Rosada, Javier Milei moderó de manera notable su forma de expresarse. No se llamó a silencio respecto de quienes considera —con entera razón—sus enemigos. Pero cuidó de no insultarlos, como había sido su marca registrada hasta el momento.

La transformación —si se la puede llamar así— seguramente se debió al consejo de una o de las dos personas que, sin temor a ser despedidos de los cargos que ocupan, pueden dirigirse al jefe del Estado, y llamarlo a recato: su hermana y el mago del Kremlin. Las elecciones que están a punto de substanciarse, y el ánimo de la ciudadanía —cada día más crispada por la falta de decoro de la clase política— tuvieron mucho que ver en esta súbita metamorfosis. El nivel de agresividad sumado al mal gusto, que crecía sin solución de continuidad en el léxico del mandamás de los libertarios, se compadecía mal con lo que espera la gente de sus representantes —oficialistas y opositores, indistintamente— en medio de una campaña que ha comenzado a rodar.

Si bien las apuestas están repartidas entre los que consideran que no pasará mucho tiempo antes de que el Javo pierda la chaveta y vuelva a las andadas, y quienes aseguran que la modificación de su estrategia comunicativa llegó para quedarse —menos por convicción que por conveniencia— lo cierto es que Milei se anotó un punto.

El flanco que él mismo se había abierto con su intemperancia hacia todo aquel que disintiese de sus argumentos, lo cerró de un día para otro. Haberse dado cuenta de que era necesario, no es un dato menor en atención al hecho de que las críticas que recibía por su carácter descomedido le llegaban tanto desde las trincheras de sus opugnadores como del campo propio.

Después de dos años —poco más o menos— el presidente ha vuelto a un ruedo en el que supo moverse con habilidad y que —en definitiva— lo catapultó al puesto que hoy ocupa:

el de protagonista de una campaña electoral. No es un misterio que él asumirá la responsabilidad de liderarla en la provincia de Buenos Aires, al margen del rol estelar que deberán desempeñar,

primero Valenzuela y Montenegro —para mencionar a los candidatos de mayor relevancia que se presentarán el 7 de septiembre en las legislativas bonaerenses—, y más tarde José Luis Espert, quien encabezará la lista partidaria el 26 de octubre en el principal distrito del país. Puede que no sea el escenario favorito de un primer magistrado volcado día, tarde y noche a la economía, pero nadie como él se halla en mejores condiciones para hacer las veces de locomotora de la campaña de La Libertad Avanza en los próximos 45 días. La diferencia, en términos de la imagen positiva y de la intención de voto que registra, en comparación con cualquier otro político de la Argentina, es tan amplia que su presencia es obligatoria en esta lid.

Como era de esperar, a medida que se acercan los comicios y ya conocidos todos los candidatos, ha sonado la hora de las encuestas. Al margen de sus errores —en determinados casos, verdaderamente garrafales— no es posible en un mundo mediático y en una democracia de espectadores, prescindir de los relevamientos que miden los humores y preferencias de los ciudadanos.

A diferencia de otras oportunidades, frente a las elecciones que se recortan en el horizonte, los encargados de pulsar el ánimo de los argentinos se encontrarán con una dificultad de no poca monta: determinar —si acaso ello fuese posible— el porcentaje de ausentes a la hora de cumplir con el deber cívico de concurrir a las urnas. Parece fuera de duda —de atenernos a lo que sucedió en todas y cada una de las provincias en las que se dirimieron supremacías en el curso de este año— que el porcentaje de gente que no concurrirá a votar será récord. Ello —por razones obvias— le agregará una cuota indisimulable de relatividad a las estimaciones preelectorales.

De momento las que se conocen coinciden en que el kirchnerismo —como era de esperar— ganaría la Tercera Sección, mientras la alianza de La Libertad Avanza y el Pro se apropiaría de la Primera Sección. En el resto de la provincia parece existir un claro predominio del oficialismo nacional a expensas del provincial. Pero en lo que no terminan estos relevamientos de ponerse de acuerdo —y resulta el dato fundamental de cualquier análisis— es respecto de las diferencias porcentuales que acreditan en su favor unos y otros en las dos secciones que concentran diez millones de votos.

En punto a las encuestas, valdrá la pena mencionar —semana a semana— cómo evolucionan. La última y más completa que se conoce hasta el momento —Pulso PBA— es una muestra de 10.370 entrevistas efectivas, distribuidas de manera proporcional al peso del padrón por cada una de las ocho secciones. Se realizó entre el 30 de julio y el 2 de agosto, y arrojó los siguientes resultados: LaLibertadAvanza figura al tope de la intención de voto en siete de aquéllas, sacándole 15 puntos en la Primera Sección a Fuerza Patria y perdiendo sólo por cinco puntos en la Tercera, el baluarte por antonomasia del peronismo.

En el total general, aventaja por diez puntos a su único adversario de fuste, con proyección de indecisos. Lo importante en este caso es que el relevamiento se realizó con los candidatos oficializados. Además, vale la pena resaltar el hecho de que también trae datos muy ilustrativos acerca de lo que denomina El Mapa del Malestar —es decir: lo que más le preocupa a la gente— y de la percepción del rumbo y la gestión, tanto del gobierno nacional como del provincial.

Al margen de cuanto pueda cambiar la relación de fuerzas en la Legislatura bonaerense una vez finalizada la elección del 7 de septiembre —algo de indudable peso, en términos de la gestión de Axel Kicillof—, el aspecto excluyente de dimensión nacional que arrastrarán los resultados será su carácter mostrativo.

Contados los votos de las ocho secciones, se tendrá una idea precisa de cuál es el caudal de los libertarios y del kirchnerismo. Y si bien no se halla escrito en ningún lado que septiembre determinará fatalmente lo que vaya a suceder en octubre, el que gane largará con ventajas de cara a la última pulseada electoral del año.

Hasta la próxima semana.

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