Me gustaría destacar la importancia de la candidatura del embajador Grossi para el mundo que estamos viviendo.
Las Naciones Unidas fueron el producto del agotamiento de un orden mundial basado en el conflicto, la intolerancia y la violencia. Las dos guerras mundiales con sus decenas de millones de muertos y el horror del holocausto del pueblo judío, movilizaron la posibilidad de que existiera una seguridad colectiva.
Se trataba de reemplazar los poderes violentos irreductibles, las guerras religiosas, la violación de las fronteras nacionales y la autodeterminación de los pueblos, por reglas de convivencia en paz: la carta de las Naciones Unidas y los tratados internacionales de derechos humanos.
El presidente norteamericano Wilson fracasó en imponer esta propuesta después de la primera guerra y eso, sumado a Hitler, provocó nuevas oleadas de millones de muertos. Finalmente se crearon las Naciones Unidas en 1945 para terminar, entre todos, con la guerra, la colonización y las violaciones masivas de derechos humanos.
Como estamos viendo en Ucrania y Medio Oriente y vimos en Afganistán, Irak, Georgia y Crimea, la ONU está fracasando miserablemente en su función esencial y muchos creemos que ello se debe a su creciente ocupación en otros temas ajenos a esa función.
Cada vez más los organismos internacionales se están dedicando a imponer un criterio ideológico sobre qué está bien, cómo se debe pensar y qué palabras usar y menos a defender derechos humanos e impedir las guerras que violen la integridad territorial y el derecho de los pueblos a gobernarse a sí mismos dentro de sus fronteras reconocidas.
En otras palabras, la mayor parte del tiempo se ocupa en ser lo que las burocracias internacionales llaman políticamente correcto y en buscar cancelar a quienes tienen otras miradas.
En un momento de guerra actual y potencial, de rearme y de posicionamiento de poderes, de amenazas nucleares y de ruptura generalizada de reglas, la posibilidad de que el mundo se dé la conducción de la persona que está a cargo de la limitación del uso de armas atómicas, que cumple con esa tarea con imparcialidad pero con firmeza, con diplomacia, con tacto y con diálogo personal con todos los actores, es una oportunidad rara y única.
No corresponde que meta en esto el agregar que es argentino, como tampoco corresponde discriminarlo por su sexo, aunque esto último sea tanto políticamente correcto, como contrario a la Carta de las Naciones Unidas.


Me gustaría destacar la importancia de la candidatura del embajador Grossi para el mundo que estamos viviendo. 