Jueves, 25 Septiembre 2025 11:45

El espaldarazo de Donald – Por Vicente Massot

Pocas veces, si acaso alguna, se había visto en estas playas a un gobierno que lucía robusto y todos imaginaban invencible o poco menos ,en términos electorales, desmoronarse de un día para otro producto de la derrota que sufriera en unos comicios legislativos de alcance provincial.

A la administración libertaria hoy se le animan hasta los bomberos de Villa Fiorito porque ha prendido en la sociedad la noción de que el rey está desnudo. Poco importa que sea la anterior una exageración y que la deriva del gobierno no necesariamente lleve ritmo de colisión.

Lo que importa es el parecer de los principales actores políticos y de parte de la gente que hasta ayer lo respaldaba y ahora duda o hace causa común con sus adversarios. En este orden de cosas puede decirse, sin temor de errar, que al oficialismo le han contado las costillas no solo sus enemigos acérrimos nucleados en torno del kirchnerismo. También lo cascotean o lo ignoran la mayoría de los gobernadores, algunos de los seguidores de Mauricio Macri y muchos de los radicales que, en meses pasados, se habían arrimado a las tiendas mileistas y habían sido sus aliados fieles.

De momento los hermanos Milei reciben el fuego graneado que les enderezan desde los ángulos más disímiles sin que hayan atinado a vertebrar una estrategia acorde con la necesidad de la hora. Que Pilar Ramírez los haya reemplazado a Sebastián Pareja y “Lule” Menem no cambia nada. La excepción ha sido el pedido de auxilio al secretario del tesoro estadounidense para parar la sangría de dólares y compensar la falta de reservas. La apelación a Washington o, más precisamente, a Donald Trump ,que se ha portado como un amigo incondicional, pone al descubierto al menos dos cosas: por un lado la extrema endeblez financiera del gobierno y, por otra, la robustez de la relación de los dos presidentes.

Resulta difícil estimar el poder de fuego que le quedaba al Banco Central si hubiese debido hacer frente a otra semana como la que acaba de terminar. Una cosa es tener dólares para pulsearle al mercado desde una posición de fortaleza política, y otra bien diferente, es torearlo cuando se pisan arenas movedizas. Como quiera que sea lo cierto es que Javier Milei, Luis Caputo y el titular del Central coincidieron en que resultaba menester apelar al aliado americano.

Creyeron que si la corrida continuaba - y todo parecía indicar que no se detendría- con lo que tenían a mano no bastaba. Sobre el particular no se equivocaron e hicieron una movida de manual, confiados en que la promesa que hace meses, en su paso por Buenos Aires, les había extendido Scott Bessent, era seria.

A los libertarios acaba de salvarlos el secretario del tesoro norteamericano, por orden del todopoderoso presidente de ese país. A su vez los mercados han reaccionado más que favorablemente. El inestimable apoyo de EEUU se tradujo en un descenso del riesgo país en torno a los 350 puntos, una baja del dólar de $85 y un rebote de hasta el 24% de las acciones argentinas en el exterior.

Que así hayan obrado los principales dirigentes gubernamentales nada tiene de malo. De no haber dado ese paso hubiese peligrado la gobernabilidad. Nada más y nada menos.

La condición necesaria a los efectos de llegar al último domingo de octubre en forma y abrigar la esperanza de ganar, pasa por la economía. No significa lo expresado antes que exista la posibilidad de incrementar el salario real medio de los argentinos, o de mejorar el índice de desempleo o de darle un impulso a la actividad de los sectores que sufren el rigor de la recesión que ya se ha instalado entre nosotros. Nada de eso puede lograrse en las cuatro semanas que separan a la administración libertaria de las urnas. Lo que significa es que el oficialismo llegaría a los comicios maltrecho si el dólar se desmadrase o la inflación se saliese del cauce que lleva.

En este contexto debe entenderse la medida de eliminar hasta finales de mes las retenciones al campo. Miguel Ángel Pichetto le ha enrostrado al oficialismo que es un expediente puramente oportunista, en consonancia con unas elecciones claves. De su lado Carlos Rodríguez lo ha comparado con un “Plan Platita”, similar al instrumentado por Sergio Massa en su desesperación por llegar a la presidencia. Los dos llevan razón : es oportunismo en estado puro. Pero de eso trata la política. Cualquiera que no fuese un suicida ,si atravesase la situación que tiene en vilo a la Casa Rosada, habría abrazado idéntica receta fuese de izquierda o de derecha, radical, peronista, liberal o socialista. A esta altura del partido Milei está dispuesto a quemar las naves sin prestarle atención al dogma austriaco con tal de salir airoso en la puja de finales de mes.

Hay que entender algo fundamental : la condición necesaria para arribar a buen puerto en el año 2027 es obtener una victoria contundente en octubre. Si por los motivos que fuese el gobierno tuviese una pobre performance dentro de 26 días, no solo las chances de Milei de ser reelecto se esfumarían sino que los dos años que le faltan para completar en tiempo y forma su gestión podrían convertirse en un calvario. Hasta tal, punto ha cambiado el panorama como fruto de ese verdadero cisne negro que se cruzó en su camino el 7 de septiembre pasado.

Pero tener en claro qué significa ganar y qué significa perder en octubre no siempre es fácil en virtud de que hay distintas maneras de evaluar los resultados de las elecciones. En teoría, al ser legislativas, lo que se halla en juego es el número de diputados y de senadores que cada una de las fuerzas renueva. Visto el tema desde este ángulo La Libertad Avanza no podría perder nunca porque sin duda tendrá, cuando se cuenten los votos, muchos más representantes en el Parlamento de los que acredita actualmente.

Sin embargo sería esta una fórmula engañosa de medir el comportamiento electoral oficialista. Con semejante rasero podría decirse sin mentir que el incremento de bancas en la legislatura provincial bonaerense luego del 7 de septiembre ha sido contundente.

En realidad los libertarios perderían si, a simple pluralidad de sufragios, contado el país como distrito único, fuesen superados por el peronismo. También si en la cámara baja no sumasen, a partir de diciembre, esos 87 diputados que se necesitan para blindar un veto presidencial. Cualquier porcentaje por debajo del 40 % de los votos significaría una derrota.

Cualquiera a partir del 45% supondría un triunfo tanto más acusado cuanto más se acercase al 50%.Lo que suceda en la provincia de Buenos Aires deberá evaluarse por separado y su incidencia en el resultado final dependerá de lo que haya acontecido en el resto de las provincias.

De momento sería apresurado pasar revista a todos los escenarios probables. Basta saber que en octubre al gobierno no le servirá de nada empatar. Debe ganar a como dé lugar o languidecer hasta el 2027.

Hasta la próxima semana.

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