Marcelo Aftalión –sociólogo amigo fallecido prematuramente-, analizó este problema en una obra muy aguda que se publicó en los 80: “Del éxtasis al desencanto”. Puso allí de manifiesto los errores de una forma de pensar bastante extraviada de grandes mayorías sociales, centralizando su análisis en los gobiernos de Menem y Alfonsín de aquella época.
Sostenía, como otros autores, que ser beneficiario obligado de algunos hechos milagrosos es algo que a todos apetece, señalando que éstos no son más que un simple ejercicio mágico porque las cosas suceden siempre de manera impersonal.
No obstante, desde hace no menos de ochenta años –y en especial en los últimos 40-, hemos apelado una y otra vez al supuesto merecimiento de una suerte de “salvación” colectiva, que dejó entre paréntesis los esfuerzos necesarios para lograrla, apelando a ella con un lenguaje cuasi místico que provocó un efecto anestésico en la sociedad y obtuvo resultados muy contrarios a los esperados.
Las políticas atrabiliarias cuyo durabilidad hemos propiciado y tolerado, mientras ensayábamos saltos acrobáticos para competir dentro de reglas de juego “asistidas” por gobiernos extraviados y corruptos, nos han traído finalmente hasta donde estamos: un escenario de gran frustración.
Hallándonos en las vísperas de un posible cambio –aunque sea imperfecto aún-, nos lleva a recordar que “la voluntad de creer surge de flaquezas y angustias humanas sobradamente comprensibles, que nadie puede ni debe condenar con insípida arrogancia; pero la incredulidad proviene de un esfuerzo por conseguir UNA VERACIDAD SIN ENGAÑOS que es aún más digna de respeto “(siempre Savater).
En poco tiempo más sabremos a qué atenernos al respecto; pero mientras tanto, sería saludable concentrarnos en hacer un esfuerzo mental interior que permita terminar con una verdadera “saga” de frustración colectiva; único modo de rescatar el valor de los sacrificios necesarios para arribar a metas de bienestar perdurables en el tiempo.
Porque al fin y al cabo, el problema no está constituido solamente por el mayor o menor extravío de Milei o Cristina o a quien pongamos en su lugar: ellos no son más que el espejo de una sociedad que parece vivir “embalsamada”.
A buen entendedor, pocas palabras.


“Cuando la diferencia entre lo posible y lo imposible depende de nuestra decisión, la fe puede ser muy útil, pero no transformará en posible lo que resulta manifiestamente imposible, como ser capaz de dar un salto de cincuenta metros”. (Fernando Savater) 