Nadie sabe a ciencia cierta cuál será el resultado de hoy. La dispersión de los números de las mediciones que arrojan las encuestas hace que lo único que sea seguro, a estas horas, sea la incertidumbre.
No hubo paz cambiaria pese al voluminoso aporte que hizo el Tesoro de los Estados Unidos. Si esto, es decir, la necesidad de vender dólares para que no se dispare su valor siguiere, no habrá ayuda que alcance para satisfacer tal voracidad. Por eso es que, sea cual fuere el resultado de los comicios, el Gobierno deberá relanzar inmediatamente su gestión. Y eso abarca varias cosas; el maquillaje intrascendente sólo agravaría la situación. La primera será aplacar la feroz interna que se vive dentro del Poder Ejecutivo. “Se terminó”, les dijo Gerardo Werthein a varios allegados en las primeras horas de la tarde del martes cuando ya había tomado la decisión de dimitir. Su enojo con Santiago Caputo lo llevó a precipitar su salida del Gobierno y a hacerlo con estrépito. Por lo tanto, decidió incomodar más al Presidente firmando 87 resoluciones de traslados y ascensos de diplomáticos que, seguramente, serán revocadas por el flamantemente designado nuevo canciller, Pablo Quirno.
Los diplomáticos de carrera que tantas veces han sido relegados por las designaciones políticas tendrán que volver a esperar. El excanciller quiso darles una mano y terminó por lanzarles un salvavidas de plomo. No fue Werthein el único que manifestó por estas horas un gran malestar. Esa vivencia también abarca al exministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona quien tenía su ministerio intervenido por los hombres del asesor sin cargo. Guillermo Francos, el jefe de Gabinete también está entre los descontentos.
Ocurre que, quien quiere esa poltrona es “Caputito”, con lo cual –de confirmarse su designación en ese puesto– habría que buscarle un lugar a Francos, quien ya hizo saber entre amigos y allegados que su incomodidad va en aumento. Además, siendo jefe de Gabinete, cualquier otro que le ofrecieren dentro del Poder Ejecutivo sería de menor jerarquía.
La pregunta que surge naturalmente es qué hará Francos en ese caso: aceptará continuar, ¿o no? Una situación por demás injusta para el hombre que ha soportado toda la carga de los errores políticos del Gobierno. Francos siempre estuvo ahí para recomponer relaciones políticas, colocar paños fríos a los exabruptos del Presidente y para buscar los consensos necesarios para ayudar a Milei a gobernar.
Consenso es una palabra que, hasta ahora, parecería no figurar en el diccionario de gestión del oficialismo cosa que, sin dudas, deberá cambiar. Esa fue una de las exigencias que llegaron desde los Estados Unidos para la construcción de gobernabilidad.

Para el Gobierno el proceso que llega hasta hoy fue un Via Crucis. Se abre un interrogante sobre el gabinete. 