Miércoles, 29 Octubre 2025 16:39

Un plebiscito inesperado – Por Vicente Massot

Lo que estaba en juego en las elecciones que acaban de substanciarse el pasado día domingo no era -más allá de los slogans de campaña y de las frases relampagueantes utilizadas por los distintos partidos políticos anotados en la disputa - si seguíamos siendo un país libre o nos convertíamos en otro, parecido a Venezuela.

Tampoco se trataba de definir si aceptábamos de buen grado el coloniaje financiero yankee o defendíamos a capa y espada la soberanía nacional. Se entiende que el oficialismo haya puesto en circulación el primero de esos latiguillos tremendistas, mientras el kirchnerismo se haya inclinado por el segundo en cuestión.

Todo vale con tal de ganar y a eso apuntan las dicotomías ensayadas por los dos contendientes principales.

En realidad lo que se hallaba en discusión eran tres cosas fundamentales:

1) que tanta musculatura podía acreditar el gobierno a partir de diciembre, a la hora de renovar la mitad de la cámara de diputados y un tercio de la de senadores;

2) si la gobernabilidad estaría fuera de discusión y 3) si, en función de cual fuese el peso de los libertarios en el Parlamento, estarían estos en condiciones o no de poner en marcha las reformas estructurales pendientes de ejecución.

No significa lo expresado antes que hubiese que descartar, por considerarlos aspectos intrascendentes, cuanto aconteciese en la provincia de Buenos Aires y quien ganase a simple pluralidad de sufragios a nivel nacional. Pero, en última instancia, eran menos importantes que la futura composición de las bancadas de La Libertad Avanza y la de sus eventuales aliados en el Congreso.

Contra lo que, en mayor o menor medida, pensábamos todos, se produjo algo inesperado. El electorado que se acercó a las urnas plebiscito a Javier Milei, dándole un espaldarazo formidable para encarar sus últimos dos años de gestión y un poder superior al de diciembre del año 2023. Con 107 diputados contando los propios y los de sus aliados permanentes y 27 senadores, superó con creces el tercio que le permitirá blindar cualquier veto y no lo dejó lejos de conseguir el quórum en ambas cámaras.

Dicho de manera distinta: ahora si quedo habili-tado para reformular las bases sobre las cuales se asienta el sistema laboral, provisional e impositivo de la República Argentina.

La dimensión del triunfo libertario ha sido descomunal si se piensa en la serie de traspiés, errores autoinfligidos, derrotas parlamentarias, acusaciones de corrupción y, más que nada, en el contundente revés electoral en la provincia de Buenos Aires.

Estos verdaderos flagelos, que el oficialismo soporto en el curso de los noventa días antes de que tuviesen lugar los comicios legislativos nacionales, parecían preanunciar un final de bandera verde. Nadie creía sinceramente que fuese capaz de poner de rodillas a su adversario, ganar en tantas provincias, sumar tamaña cantidad de diputados y senadores y, por fin, remontar los 14 puntos que el kirchnerismo le había sacado el 7 de septiembre en el territorio bonaerense, llevándose el triunfo allí también.

Al tomar conciencia de la envergadura de los resultados la duda era saber cómo reaccionaría el presidente de la Nación. La tentación de hacerse fuerte con base en una victoria semejante y cargar contra la casta, el Congreso y los mandriles, no podía descartarse. Pero el estilo, tono y contenido de las palabras del Milei que subió al escenario luego de los discursos de Patricia Bullrich, Diego Santilli y de su hermana en el Hotel Libertador, fueron distintos a los que nos tenía acostumbrados.

En ningún momento se dejó ganar por su temperamento díscolo y, esta vez, no improviso el mensaje que fue cuidadosamente preparado para la ocasión. No dijo una sola palabra de más y puso particular énfasis en algo que nunca antes había reconocido: la necesidad de tender puentes en dirección a las fuerzas afines ideológicamente en el Congreso.

Se abre, pues, para la administración libertaria una oportunidad dorada en atención a tres factores que deberán tomarse en cuenta, desde hoy , en cualquier análisis que se haga de la situación política del país:

1) el peso específico del poder mileista,

2) la desastrosa performance del kirchnerismo y

3) la desilusión sufrida por quienes vertebraron el espacio denominado Provincias Unidas, que algunos ingeniosos rebautizaron el domingo a la noche llamándolo Provincias Hundidas.

Hay que entender que la relación de fuerzas es favorable a la Casa Rosada como

nunca antes. Goza del apoyo pleno del tesoro norteamericano; ha sido respaldado - a pesar de la desfavorable situación económica por la que atraviesan muchos- por 42 % de los votos; incrementó en forma sustantiva su fuerza en el Congreso, y carece de enemigos de fuste a la vista. Mejor imposible.

El kirchnerismo, en cambio, tendrá 6 senadores menos y habrá perdido, después de más de varias décadas de hegemonía casi absoluta, el dominio de la Cámara alta.

La paliza electoral que recibió -con el país pintado de violeta- solo dejo a flote a Gildo Insfran, a su par pampeano y a algún otro mandatario de tercera categoría. Por eso no hubo quien quisiera hacerse responsable de la debacle. En realidad perdieron, al mismo tiempo y por diferentes motivos, los Kirchner, Kicillof y Massa, para hacer mención de los nombres más granados de espacio populista.

En cuanto hace a los mandatarios provinciales que, en el peor momento del gobierno, no creyeron posible juntarse pensando en acumular un caudal de votos que les permitiese, a partir del 10 de diciembre, negociar de igual a igual con el oficialismo, el tiro les salió por la culata.

Podrán, sin duda, sentarse a dialogar con los libertarios pero desde una posición mucho más débil de la que imaginaban. Pullaro, Llaryora, Torres y cia salieron magullados del trance aunque sus nombres no figurasen en ninguna boleta. Apenas si salvo la ropa el correntino Valdés, sin que tenga demasiado para festejar.

Conocido el escrutinio saltan a la vista otras cuestiones que vale la pena mencionar. Por de pronto la escasa o ningún mella que le hicieron a los de color violeta los sucesivos escándalos en los que sus figuras de mayor relevancia quedaron involucrados. Libra, Spagnuolo y Espert o bien le pasaron desapercibidos a los votantes que decantaron sus simpatías

en favor de La Libertad Avanza, o bien a estos los gano el miedo a un eventual regreso de los K. Quizá fuese mejor decir que, por el temor a la vuelta de estos, la corrupción no fue tenida en cuenta a la hora de ingresar al cuarto oscuro. En otro orden quedo en evidencia hasta qué punto buena parte de los intendentes que se habían metido de lleno en la campaña electoral de septiembre, en esta ocasión se desentendieron del asunto y no movieron sus respectivos aparatos.

A esta altura debe resultar un pobre consuelo para Cristina Fernández saber que tenía razón cuando le aconsejo a Axel Kicillof no desdoblar los comicios.

Puestas las urnas a buen restaurado hasta dentro de dos años, ayer hablaron los mercados. La respuesta no pudo ser mejor. Volaron las acciones, subió el valor de los bonos, bajo el dólar y también el riesgo país. Javier Milei tiene por delante un desafío mayúsculo al cual podra hacer frente con una cuota de poder impensada.

Debe barajar y dar de nuevo con la mirada puesta en esos 50 diputados y 20 senadore no alineados con La Libertad Avanza pero a millas de distancia del kirchnerismo. Si logra seducirlos y no espantarlos, cuanto lucia imposible de acometer hasta hace pocas semanas atrás, ahora parece probable. De él depende y de nadie más

Hasta la próxima semana.

 

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