Las preguntas arriba trasparentan más las preocupaciones de los analistas y periodistas especializados en temas políticos, que las de la gente de a pie que lo voto. Aquéllos se habían hecho una composición de lugar respecto de la manera conforme a la cual el presidente obraría el cambio de los ministros que lo habían acompañado hasta aquí y, al mismo tiempo, de cuantos del nuevo elenco provendrían de otras fuerzas. A éstos, en cambio, en líneas generales cuanto les interesa se refiere a la naturaleza y dimensión de las reformas estructurales por venir. Son dos maneras de mirar, a partir del domingo, la deriva de la administración libertaria.
En punto a como se anunció el relevo de Francos, el ingreso de Adorni en su lugar y el desembarco de Santilli en la cartera de Interior, fue indisimulable la falta de coordinación.
Nada que merezca el calificativo de nuevo o sorprendente conociendo el talante mileísta. En cuanto a la ninguna consideración publica de los méritos acumulados por el ex jefe de gabinete, Milei repitió, en mayor o menor medida, lo hecho con Posse, Mondino, Giordano y Werthein, para sólo mencionar los casos más emblemáticos. Pero, dicho esto, es de justicia reconocer también que en las prácticas y en el discurso presidenciales no ha habido exabruptos, ni descalificaciones ni tampoco intemperancias.
Si, cediendo a sus impulsos más díscolos, hubiese cargado lanza en ristre contra los gobernadores o puesto en tela de juicio la necesidad de tender puentes de cara a sus probables aliados parlamentarios, entonces podría dudarse de cuanto había aprendido de la derrota que el peronismo le propinara el 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires.
Fue el propio presidente el que reconoció, delante de un periodista televisivo, la lección que le había dejado aquel revés. Por lo visto el aprendizaje acelerado no cayó en saco roto. Si fue ingrato con Francos y falto de tacto con Macri, no por ello perdió de vista cuál será su desafío principal desde el 10 de diciembre en adelante.
A casi dos años desde el momento en que entro a la Casa Rosada, hay cosas que no van a modificarse en su estilo de conducción. Por de pronto la especial relación que lo une con su hermana. Aun cuando el resultado del 26 de octubre le hubiese sido desfavorable, igualmente la secretaria general de la presidencia hubiera seguido a su lado como si nada pasara. Pensar que la confirmación de su poder es producto de una proverbial capacidad para planear la campaña electoral, organizar a La Libertad Avanza en el país y llevarla al triunfo en las urnas, es no entender que su presencia al lado del presidente no depende de los triunfos o de los retrocesos que pueda sufrir, sino de algo que tiene que ver con la dependencia emocional y no con la política.
Lo segundo es que difícilmente vaya a desprenderse de Santiago Caputo, salvo que sea el joven asesor el que desee despedirse de sus actuales funciones por la disputa que mantiene con la Hermanísima.
Caputo posee el talento intelectual y practico que le falta a las otras dos figuras relevantes del nuevo esquema de poder. Ni la secretaria general ni el jefe de gabinete podrían compararse, aunque quisieran hacerlo, con el mago del Kremlin, de la misma manera que éste jamás estará en condiciones de igualar la llegada ni el grado de confianza que tiene Karina respecto del presidente.
En tanto y en cuanto los dos -más allá de su enfrentamiento- entiendan que deben cinchar para el mismo lado, y el asesor sin cargo en la grilla gubernamental acepte que esta un escalón abajo, cuando menos, de la gran ganadora del domingo, la interna no pasara a mayores, como de hecho ha sucedido hasta el momento. Que se sepa, en medio de semejante pelea entre los dos, el gobierno obtuvo una victoria de campanillas.
Puestas a buen recaudo las urnas, las que salieron a la superficie fueron otras internas que se veían venir y que estallarían o no conforme fuesen los guarismos electorales. Conocidos estos era lógico que en el Pro los diputados que responden a Patricia Bullrich pasasen, tarde o temprano, a formar parte de la bancada oficialista. Lo cual no pone entredicho las relaciones que seguamente habrán de tejerse entre ambas fuerzas.
Los de color amarillo, con escasos 17 representantes en la cámara baja, carecen de espacio y de fuerza para darse por ofendidos o para considerar que la movida de sus ex correligionarios ha sido una traición. Además, no sería de extrañar que a medida que se acerque diciembre y se consolide la posición del oficialismo, haya nuevos saltos desde las tiendas parlamentarias del Pro, la UCR y algunos saldos y retazos de los partidos provinciales, hacia el seno de La Libertad Avanza. El meridiano del poder gira en torno del oficialismo, que llegó para quedarse y ya piensa en la reelección.
Distinto por completo ha sido el pase de facturas -que recién comienza- en el seno de los peronismos que pueblan la geografía nacional. Es cierto que, dado el proverbial verticalismo que los caracteriza, sacarse de encima a Cristina Fernández no les será fácil. A pesar de las derrotas cosechadas desde el 2021 en adelante, las diferentes facciones del populismo criollo han demostrado un grado de miedo y de servilismo delante de la viuda de Kirchner que no se dejaba ver desde que Juan Domingo Perón pasó a mejor vida.
Si bien es cierto que en petit comité despotrican contra ella y no se cansan de hacerla responsable de sus males, también lo es que, llegado el momento de alzar la voz, obran como pollos mojados. El kirchnerismo ha sufrido su tercer descalabro electoral consecutivo y los seguidores del General han perdido el control de la cámara alta después de medio siglo de dominio casi absoluto. Si a ello se le agrega que sus dos lideres visibles -la ex presidente y el actual gobernador de Buenos Aires- no se pueden ver ni en figuritas, y que su peso específico en términos de votos cada vez se reduce más al territorio bona-erense y, sobre todo, a la tercera sección del conurbano, razones no les faltan para preocuparse.
Milei tiene de su lado el respaldo de la mitad de la población que se presentó a votar, el apoyo irrestricto de la Secretaria del Tesoro norteamericana y un notable vigor legislativo.
Ese es su capital y su gran fortaleza para encarar el proceso de reformas estructurales el año que viene. En este orden de cosas la relación de fuerzas a su favor lo habilita a avanzar sin preocuparse demasiado de sus flancos o de lo que suceda en su retaguardia. Sólo debe extremar sus habilidades en el arte de consolidar alianzas y negociar con los gobernadores.
Hasta la próxima semana.


¿Ha sido desprolijo el gobierno a la hora de vertebrar el nuevo gabinete? ¿Fue descomedido Javier Milei con su antecesor en el cargo, Mauricio Macri, en la comida que los juntó n la Quinta de Olivos el pasado día viernes? 