Jueves, 01 Enero 2026 19:07

 Lo que viene, lo que viene - Por Vicente Massot

Al momento de hacer una síntesis y compendio de los dos primeros años de gestión de Javier Milei —algo que, a esta altura del calendario, parece obligado— los planteos de carácter teórico de eterminados economistas y politólogos no siempre se corresponden con el análisis de la gente de a pie. 

Dicho de manera diferente: si uno se toma el trabajo de leer con la atención que merecen los pronósticos adelantados por Carlos Rodríguez, Diego Giacomini, Carlos Melconian o Roberto Cachanosky especto del plan timoneado por el presidente y el titular de la cartera de Hacienda, son —en líneas generales— pesimistas cuando no sombríos.

Dan la impresión de que los libertarios están en medio de un berenjenal de difícil salida o que pisan arenas movedizas quetarde o temprano habrán de devorarlos. En cambio, si se repasan las encuestas acerca del estado del país y de las expectativas de la sociedad de cara a 2026, aparece claramente reflejada una visión distinta.

Por de pronto, no hay opiniones catastrofistas; y si bien son más los que creen que en el futuro inmediato no mejorará la calidad de vida ni el salario real, de todas formas hay una inmensa minoría — 44,1 %, nada menos— que tiene una opinión positiva del jefe del Estado Nacional.

Es cierto que si se hace hincapié en la falta de reservas y la caída de la actividad industrial —para tirar sobre el tapete las malas noticias— las notas en el boletín de calificaciones de la administración libertaria apenas se salvarían de los aplazos. Pero si sólo se resaltan las asignaturas pendientes, las conclusiones a las que se llegará siempre pecarán por reduccionistas.

Luego de estos primeros veinticuatro meses en el ejercicio del poder lo que se aprecia es que el oficialismo hizo no tanto lo que quiso como lo que pudo. Representa una pérdida de tiempo enrostrarle a Mileiel que haya abandonado en el camino algunos de los anuncios que había ventilado durante la campaña que lo puso en la Casa Rosada o que haya enterrado algunas de las ideas que había defendido a capa y espada en el pasado.

Como también lo sería pedirle explicaciones en virtud de que el índice de precios al consumidor —para poner un ejemplo— sea mayor del que se cansó de anunciar.

Si otra hubiera sido la situación general del país en diciembre de 2023, es probable que Milei hubiese puesto en práctica algunas de las recetas constitutivas del repertorio libertario.

Dada la herencia envenenada que dejó a su paso el kirchnerismo, el margen de acción que tenía el presidente de la República fue —en aquel momento y lo es aún hoy— acotado. Por eso, entre otras cosas, no se decide a levantar el cepo en forma definitiva. El gobierno tiene conciencia de que no camina todavía sobre terreno del todo firme. Por supuesto, se cuida de decirlo y hace muy

bien. El discurso oficial destila optimismo y promete cosas difíciles de cumplir —inflación cero para agosto próximo— en atención a lo que el común de las personas desea escuchar.

Lo hecho, hecho está, reza el viejo y sabio adagio de origen español. Razón de más para dejar a un lado lo pasado y mirar hacia adelante. De cara a los meses por venir hay unas cuestiones de trascendental importancia para la futura deriva de la gestión libertaria, en las que el oficialismo será un convidado de piedra en lo que hace a su desarrollo.

Por un lado, está la evolución de los precios de los commodities energéticos y de los granos. Asimismo habrá que ver qué sucede con las tasas de interés internacionales. De momento, juegan a favor, si se acepta la alusión deportiva. Por otro lado, se recorta en el horizonte la elección norteamericana de medio termino, que definirá el poder de fuego de Donald Trump en la segunda mitad de su estadía en la Casa Blanca.

No es necesario explicar cuánto ha significado la presencia del dúo Trump-Bessent para la suerte de los libertarios. Tampoco resulta menester puntualizar que el panorama será muy distinto según cual sea el resultado de esos comicios. No es lo mismo— ni mucho menos— un triunfo de los republicanos que una derrota que transforme al mandamás de Washington en un pato rengo.

Existen —claro está— otras cuestiones en las que el gobierno será el actor principal de la trama. En éstas, a diferencia de las señaladas más arriba, si tendrá arte y parte. Cuando Milei anuncia que deberemos “abrocharnoslos cinturones” lo que está haciendo es adelantar la continua-

ción de la serie de cambios que hasta aquí han caracterizado a su mandato. La idea de que el ajuste llegó a su fin y que, de ahora en más, cuanto se privilegiará es el crecimiento económico, es no entender la lógica libertaria. La famosa motosierra llegó para quedarse mucho tiempo entre nosotros.

Tanto como dure el ciclo mileista. Lo que no significa —por supuesto— que las convicciones del presidente se agoten en el adelgazamiento acelerado del sector público. Junto a las reformas estructurales que se pondrán en marcha en febrero, cuando se discuta el nuevo ordenamiento laboral en el Congreso, es intención de los de color violeta acelerar la serie de privatizaciones de las empresas estatales, modificar la AUH (asignación universal por hijo) y darle un espaldarazo al rubro minería, en el cual están puestas —junto a Vaca Muerta— las esperanzas más acusadas del oficialismo.

La voz de mando que baja de Balcarce 50 es aprovechar las ventajas del momento y no desperdiciar oportunidad ninguna a la hora de acumular poder. En este orden de cosas, aparecen en escena otros dos temas de índole diferente y de singular peso que representan otras tantas ventajas para los libertarios: la balcanización peronista y las causas que involucran al Chiqui Tapia y Pablo Toviggino.

En la votación en el Senado, quedó al descubierto —de manera incipiente—un fenómeno que comenzó antes de la derrota electoral de octubre y que en la última sesión del Congreso cobró una dimensión mucho mayor. A Mayans se le escaparon tres votos y todo hace pensar que en el curso de los próximos meses esa tendencia a la fuga —por llamarla así— crecerá en una y otra cámara.

Ello, como consecuencia de la falta de una autoridad unánimemente respetada y acatada a nivel nacional en el seno del movimiento peronista, y al hecho de que —al hallarse el PJ en el llano y no en el gobierno a nivel nacional— los gobernadores, urgidos de fondos, pactan con la Casa Rosada sin importarles demasiado la disciplina partidaria. Ese comportamiento no va a cambiar. Y la tendencia beneficia claramente a los de color violeta.

El escándalo que involucra a la AFA corre por cuerda separada. A esta altura de los acontecimientos, el grado de corrupción de Tapia y Toviggino que ha quedado al descubierto es descomunal. Con la particularidad de que, si los contactos políticos que se les atribuyen con algunas figuras consulares del kirchnerismo —vg. Massa y Kicillof— y de mandatarios de otros partidos se probasen, el oficialismo estaría en condiciones de matar más de un pájaro de un solo tiro. Cada día qué pasa y se descubre un nuevo negociado, los amos y señores de la AFA pagan un precio enorme en términos del desprestigio que arrastran. Ya fueron imputados.

Si fuesen procesados, su poder en la Asociación del Fútbol Argentino pendería de un hilo.

La posibilidad de que el Chiqui no presida la delegación nacional en el campeonato a jugarse dentro de seis meses en los Estados Unidos no habría que descartarla.

Hasta la próxima semana. Muy feliz año.

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