Ha nacido así la hora de los nacionalismos acérrimos y los eventuales “combatientes” contra el nuevo estado de cosas son obligados a arreglárselas como puedan, siendo “cooptados” por algunos profetas trasnochados.
De esta manera, los individuos pertenecientes a las clases media y media baja de la sociedad parecen estar siempre de viaje, porque su destino no está nunca claro y las perspectivas de cambio resultan inaccesibles para ellos, ya que la implacable globalización –que ha creado por rebote escenarios “estancos”-, ha permitido el nacimiento de teorías de “rehabilitación” absolutamente inviables, al alentar una lucha por inclusiones que suponen como punto de partida ciertas exclusiones inapelables.
Esto da lugar a que se hayan creado escenarios donde se privilegia derrotar al vecino por medio de la violencia, desechando cualquier esfuerzo que permita construir una estabilidad permanente.
Argentina no es una excepción, sumado al hecho que hemos vivido cincuenta o más años de políticas estrafalarias obviando el sentido común, sin aceptar que la verdad debe tener como aliado al entendimiento para ver las cosas como son y quererlas como es debido.
Este es el meollo de la cuestión para cualquier gobierno que deba atender los bolsillos vacíos y la desesperación de quienes no comprenden que dicha verdad impone siempre proponerse el fin conveniente.
El gobierno de Milei debe luchar hoy contra el agobio de una sociedad acostumbrada a resolver sus problemas sin tener encuentra estas cuestiones básicas y ve todo del mismo modo: sacar a unos para darle a otros.
Porque hemos instrumentado una serie de preceptos falsos inamovibles, sin aceptar reglas de “ensamblaje” que nos permitieran aceptar que el progreso proviene de la mano de los que mejor conozcan la calidad y naturaleza de nuestras carencias, a fin de reducir un deterioro que nos ha condenado a la intrascendencia: un país que ha perdido, casi, hasta el orgullo de serlo.
Quizá haya llegado el momento en que aceptemos con humildad que necesitamos “al que conozca los medios más a propósito para hacer que la tierra produzca con poco coste, mucho, pronto y bueno”, como señala metafóricamente Jaime Balmes.
Lo que se ve por ahora, es que el actual gobierno, asediado por demandas acuciantes contrapuestas, se ve obligado a manejar la batuta enfrentando a músicos que portan instrumentos desafinados, en una sociedad donde algunos resaltan con crudeza y saña ciertos errores de la partitura oficial, sin reconocer muchos de sus grandes aciertos.
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Las diferencias políticas y culturales del mundo actual crecen cada vez más; y hay quienes ya no pueden transportarse más allá de los límites en que transcurre su vida cotidiana cuando intentan remediar esta situación con el objetivo de integrarse a nuevos escenarios que los ignoran. 