Jueves, 29 Enero 2026 13:06

Murió Maquiavelo, jaja – Por Vicente Massot

Javier Milei ciertamente no tiene idea de qué tanto su desenvolvimiento en la arena política pone al descubierto un inequívoco talante maquiavélico. Poco importa saber por qué dijo lo que dijo respecto del célebre florentino en su reciente paso por la localidad de Davos.

Tampoco vale la pena rastrear —si acaso ello fuera posible— si alguna vez leyó El Príncipe o los Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Básicamente, porque sería perder el tiempo.

 

Lo importante es entender hasta qué punto el líder que se autoproclama libertario responde más a las categorías del realismo que a las enseñanzas de la escuela austríaca.

En este orden de cosas no hay que dejarse llevar por el discurso público del presidente de la Nación sino por las decisiones que ha tomado desde el momento en que se hizo de los atributos del mando y puso pie en la Casa Rosada.

Él ha expresado en innumerables oportunidades, a quien quisiera escucharlo, que

abrazó el credo libertario para no abandonarlo más. Que de ahí viene su formación no cabe duda,

pero ello sólo demuestra cuáles han sido las lecturas que ayudaron a moldearlo intelectualmente y

sus simpatías ideológicas. Podrá blasonar cuanto desee acerca de las ideas que defiende, a condi-

ción de no perder de vista que ahora no es un catedrático sino un político y —más aún— el jefe del Estado argentino. Por lo tanto, olvidémonos de los dichos y fijemos nuestra atención en los hechos.

¿Dónde han quedado sus promesas de dolarización o el propósito de deshacerse del Banco Central? No es que Milei, de buenas a primeras, semejando una veleta, decidiera archivarlas porque le vino en gana. Lo que dejó en el camino, una vez finalizada la campaña electoral del año 2023, fue producto de la necesidad. ¿Qué tiene que ver su intención de llevar a un impresentable como Ariel Lijo a la Corte Suprema de Justicia, o el nombramiento de un evasor reconocido al frente del ARCA o la inocultable presencia de la casta tan denostada en las listas de diputados y senadores de La Libertad Avanza, con un credo que se asentase en la moral?

Los hombres públicos convencidos de que han sido llamados a representar un papel singular en la historia —y Milei es de los que piensan eso— están condenados, les guste o disguste, a hacer de la necesidad virtud. A proclamar que el fin nunca justifica los medios sabiendo que, llegado el caso, la razón de estado primará sobre cualquier consideración de principios.

Una revolución como la que el presidente pretende encabezar no se hace rezando Padrenuestros, sino tomando todos los días decisiones con base en la conveniencia y en la eficacia.

Que ello sea justo o injusto es harina de otro costal.

Por motivos difíciles de determinar, en aquella ciudad suiza nuestro primer magistrado se tomó la libertad de dar por muerto al viejo y sabio Nicolás Maquiavelo, lo que es indistinto a sostener que su teoría pura de la política yace enterrada y carece de relevancia.

Tamaño atrevimiento sonaría disparatado en una sesión académica. En ese foro de trascendencia internacional, en cambio, sorprendió a la totalidad de la audiencia. En tren de especular libremente, ¿no habrá querido Milei condenar al olvido a Don Niccolo —que para muchos sigue siendo un pensador maldito— sólo con un propósito provocativo?

¿Alguien podría imaginar a Diego Santilli viajando de una provincia a otra para convencer a los gobernadores de Catamarca, Salta, Jujuy, Misiones, Santa Fe y Córdoba de votar la reforma laboral, enarbolando las consignas de Murray Rothbard? A los caudillos del interior sólo les interesa recibir más fondos y que no les toquen la porción coparticipable que les corresponde. Por su lado, lo que busca la administración libertaria es aprobar la nueva ley con la única condición de que no peligre el equilibrio fiscal. Lo que negocian las dos partes es la satisfacción de necesidades reciprocas.

El caso catamarqueño es, al respecto, arquetípico. A través de un decreto de necesidad y urgencia el Poder Ejecutivo Nacional aprobó el acuerdo de traspaso a esa provincia del control de Yacimientos Mineros de Aguas de Dionisio, empresa que realiza el cateo, exploración y explotación de los minerales existentes allí. ¿Qué logró a cambio de ello la Casa Rosada? —Que Raul Jalil rompiera con los bloques kirchneristas, y sus votos —en cuestiones claves— decantasen en favor de los libertarios. La regla de oro del realismo ensayado por Milei se halla condensada en el latinazgo do ut des (doy para que me des).

En su oportunidad, cuando no soñaba con llegar a Balcarce 50, dijo Milei sin medir sus palabras: “Nosotros no hacemos pactos con comunistas. Yo no promovería la relación ni con China, ni con Venezuela, ni con Corea del Norte”. Entonces podía darse el lujo de hablar como un librepensador. Ahora, sentado en el sillón de Rivadavia y siendo el gigante asiático nuestro principal socio comercial, de aquellas declaraciones no quedan rastros.

El giro copernicano que ha obrado el gobierno sólo halla explicación en la conveniencia, como es lo lógico. Los dólares chinos valen más que cualquier consideración acerca de la violación de los derechos humanos por parte de Pekín.

Murray Rothbard, más allá de sus méritos académicos, no tiene ninguna vigencia en el campo de la política. Maquiavelo, inversamente y a semejanza de Carlos Gardel, cada día canta mejor.

Hasta la próxima semana.

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