Entré al salón principal con la cautela de siempre: observando, escuchando, midiendo el pulso real -ese que no está en los aplausos ni en los globos multicolores que sobreviven como nostalgia de otra época-. Salí distinto. No con certezas, pero sí con una señal clara: algo empezó a moverse y ya no parece decorativo.
La Convención Nacional “Protagonistas del futuro” reunió a más de 3.000 personas de todo el país: gobernadores, intendentes, legisladores, concejales y militantes de las 24 provincias. El evento, armado por Fernando de Andreis -ya confirmado como secretario general-, tuvo desde el inicio un clima distinto. No de euforia. De necesidad.
El acto se estructuró en tres bloques: Pensar, Realidad y Organización. No fue solo una decisión estética: fue una forma de ordenar un partido que venía, justamente, desordenado en su rol.
En “Pensar”, María Eugenia Vidal abrió presentando al grupo sub 40 de la Fundación Pensar. No hubo consignas vacías ni épica de manual. Hubo discusión sobre infraestructura, geopolítica, política exterior e inteligencia artificial. Paneles conducidos con streaming incluido, donde se habló más de gestión que de slogans. Formación de cuadros, no animación de militancia.
Vidal lo sintetizó sin rodeos: “Nos estamos preparando para competir en todo el país en 2027. Somos los garantes de que el kirchnerismo no vuelva. Vinimos a construir un país moderno”. La frase ordena, pero también expone: el PRO ya no se piensa como socio silencioso, sino como alternativa en construcción.
El bloque “Realidad” bajó al territorio. Cristian Ritondo fue directo: “Sin los votos del PRO, no hubiera sido posible lo que hizo Milei”. No fue una frase menor. Fue una delimitación de poder. Enumeró estabilidad, minería, baja de impuestos y reformas laborales como logros donde el PRO, según su lectura, no acompañó: condicionó.
Ahí aparece la primera tensión que el partido empieza a admitir en voz alta: ¿hasta dónde acompañar sin diluirse?
Los gobernadores reforzaron esa línea. Ignacio Torres dejó una advertencia que no pasó desapercibida: “Cuando un espacio político pierde la autenticidad está destinado al fracaso”. Rogelio Frigerio habló de gestión sin recursos y de sentido común como activo político. Jorge Macri, al abrir el bloque, fue más explícito: “Estamos de pie, estamos vivos, existimos”. En política, cuando alguien necesita decir que existe, es porque durante un tiempo dejó de sentirse así.
Soledad Martínez, intendenta de Vicente López, aportó una de las frases más limpias del cierre: “Miremos para atrás solo para tomar impulso”. Fernando de Andreis, en cambio, eligió incomodar: habló de “tristeza, miedo y resignación” dentro del espacio. No lo negó. Lo puso sobre la mesa. Y después marcó el giro: “Si nos ponemos de acuerdo, hoy nace algo nuevo”.
Pero el momento que condensó todo no estuvo en el guion. Estuvo en la reacción.
Mauricio Macri tomó el cierre y ordenó el discurso. Ratificó el acompañamiento al rumbo económico, equilibrio fiscal, estabilización, pero trazó un límite político: “El PRO no viene a cuestionar el rumbo, viene a completarlo. Somos el próximo paso”.
No fue solo una definición. Fue una corrección de posición.
Agregó algo más incómodo todavía: “El que calla cuando se hacen mal las cosas destruye el cambio”. Ahí está el reconocimiento implícito de lo que pasó en estos meses: hubo silencio donde había diferencias.
Y entonces ocurrió.
Macri miró a la platea y preguntó:
“¿Alguno de ustedes coincide en todo con el gobierno nacional?”
El “No” fue inmediato. Fuerte. Sin matices.
No fue una disidencia técnica. Fue un desahogo político.
Durante meses, el PRO acompañó con disciplina un proceso que no conducía. Votó, sostuvo, evitó romper. Pero ese “No” dejó expuesto algo que ya no se podía seguir administrando: acompañar no es lo mismo que coincidir. Y callar, definitivamente, no es gratis.
Ese fue el punto de quiebre. No formal. Pero sí emocional. Y en política, eso suele llegar antes.
Al salir, hablé con varios dirigentes y referentes del espacio. La pregunta era inevitable: ¿esto es reposicionamiento táctico o vocación real de poder?
La respuesta fue directa: “Si hicimos esto es porque tenemos hambre de ir por el poder”.
No es una frase menor. Es un cambio de lógica.
Lo que vi en Parque Norte no fue un partido ordenado. Fue algo más interesante: un partido que decidió dejar de justificarse para empezar a definirse.
No para romper con el Gobierno. Tampoco para someterse. Para algo más incómodo: competir sin romper y diferenciarse sin irse.
Ese equilibrio es difícil. Y en la política argentina, suele durar poco.
Me fui con una sensación menos ingenua que esperanzada.
Porque lo que empezó en Parque Norte no es una épica: es un riesgo.
El riesgo de dejar de ser sostén para volver a ser protagonista.
El riesgo de hablar después de haber callado.
El riesgo, en definitiva, de que el próximo paso no sea una consigna… sino una ruptura.
La pregunta ya no será qué va a hacer el PRO.
La pregunta será si el próximo paso es una construcción compartida… o el inicio de un camino propio.
Fuente: https://ricardobenedetti.com/2026/03/19/dejar-de-callar-y-dar-el-proximo-paso-lo-que-vi-en-el-acto-del-pro-en-parque-norte-por-ricardo-raul-benedetti/


