Jueves, 30 Abril 2026 17:22

Un león en el Congreso - Por Raúl Alfredo Galván

Raúl Galván es Ciudadano Destacado: Distinción a la defensa ...

En el largo camino que recorrí por  las Cámaras del Congreso Nacional, en periodos legales y jornadas legítimas, jamás ví que un Presidente de la República asistiera a la interpelación de uno de sus ministros, sobre todo, del Jefe de Gabinete. La historia parlamentaria de nuestro país no registra, estimo yo, antecedentes en la materia.

Sin embargo esa sana práctica constitucional ha sido rota por el presidente Javier Milei con motivo del informe que de acuerdo al art. 101    de la Carta Magna realizó el día 29 de abril el Jefe de Gabinete Manuel Adorni. Esa presencia, junto a la su hermana, Secretaria de la Presidencia y todos los ministros, no ha sido con sentido de solidaridad política a su cuestionado Jefe de Gabinete, todo lo contrario, ha tenido un claro sentido intimidatorio hacia los diputados representantes del pueblo.

 

La actitud del primer mandatario va mucho más allá de lo anecdótico, excede el camino de insensateces a que nos tiene acostumbrados; se inscribe en la oscura historia de la ruptura del sistema que se enmarca en la Constitución Nacional, violando la división de los poderes y el sistema de pesos y contrapesos que señala la historia y la  doctrina.

En efecto, dice nuestro texto Supremo, referido a las atribuciones del presidente (Art.99 inc.8)”Hace anualmente la apertura de las sesiones del Congreso, reunidas al efecto ambas Cámaras, dando cuenta en esta ocasión del estado de la Nación…”. Ninguna otra norma autoriza al presidente a participar de la vida parlamentaria. El Poder Ejecutivo sólo tiene presencia en ambas Cámaras cuando concurre el Jefe de Gabinete a dar su informe mensual o participar, lo mismo que sus ministros, en los debates parlamentarios (Art.106).

La presencia del Jefe de Estado echa por tierra, también, el sentido filosófico-constitucional de la reforma de 1994. Esta tuvo por fín último (era la creencia del Presidente Raúl Alfonsín), atenuar el sistema presidencialista, que al decir del historiador Ricardo Rojas “el presidente es un rey”. Mi modesta mirada sobre este tema está, sin embargo, acompañado por ilustres opiniones:” Se trató de una renovación del presidencialismo, para atenuarlo y racionalizarlo, como ha ocurrido en otros países de América Latina y el mundo”( según nos enseña el destacado constitucionalista Antonio María Hernández en su obra “Valoración  de la reforma constitucional de 1994”).

Todo ese andamiaje constitucional ha sido roto por el Presidente señor Milei. Las formas, sobre todo en la política, son tan importantes como el contenido, se necesitan mutuamente: el contenido es el lado rector y determinante, pero sólo puede existir  si hay una forma que lo organice y contenga. El Congreso Nacional ha sido creado para amparar en su seno la voluntad del pueblo argentino y el federalismo que emana de cada provincia. Tengamos cuidado, no permitamos en democracia que se haga cuando adviene la dictadura, lo primero que hace es atacar el Congreso. En sus Cámaras sólo tiene entidad la palabra y no hay lugar para la prepotencia y el destrato.

La palabra “ ese eco vivo que resume el alma en una vibración del aire”, según la luminosa expresión del escritor  Víctor Hugo, ha resonado bajo sus bóvedas consolidando la república y dejándonos su ejemplo en figuras como Alfredo Palacios, Lisandro de la Torre y Ricardo Balbín. Eran el verbo encendido que defendían al pueblo contra todo avance de los autoritarismos.  Con la palabra, que desde la madrugada confusa del Génesis tiene poder de creación, batallaban por sus ideas, acompañado del coraje civil y de un honor que jamás dejaban una injuria en el aire.

El señor Milei tiene su propia escala zoológica donde él se muestra como el” león”; en el otro extremo el más despreciable y miserable  de los seres vivos: la rata. Los diputados nacionales son para él las “ratas”. En esa condición dejó de rugir por un momento en las escalinatas del palacio legislativo para irrumpir intempestivamente en la madriguera, junto a su hermana “El  Jefe” y proteger a su cachorro el Jefe de Gabinete, quien mientras leía se dirigía, no a los diputados, sino al Presidente y su hermana; no fue un informe del estado de la Nación, sino un acto casi servil.

El Jefe de Estado mientras se dirigía al palco que se le había asignado, rodeado de su guardia pretoriana, al periodista que se le acercaba los trató de “corruptos” “ chorros”. Sentado como un monarca recibía la ovación de sus diputados y la “barra”, mientras trataba de “asesinos” a la oposición. Todo en medio de un griterío, de improperios y gestos que convertían la sesión el algo “surrealista”. ¡Lamentable espectáculo de la decadencia republicana!

Hay que custodiar la República. El primer deber lo tienen los representantes del pueblo. Si faltan a ese sagrado compromiso cada ciudadano, desde el sitio más humilde, debe hacerlo. No lamentemos después cuando advienen los hombres “providenciales”, o  de los que descienden de las “fuerzas del cielo”. “ Con lenguas de traidores debe escribirse la historia de un pueblo el nombre de quien anteponga  la autoridad de su persona, o de su camarilla, a la concordia y unificación del país”( José Martí).

Le recomiendo, señor Presidente, con el debido respeto, que lea la fábula de Esopo “El león y el ratón”: ”Un león dormía plácidamente cuando un ratoncito comenzó a juguetear sobre él. El león despertó y lo atrapó, listo para devorarlo. El ratón le imploró perdón, asegurando si lo dejaba ir, podría ayudarlo en el futuro. El león se rió que un ser tan pequeño pudiera ayudar al rey de la selva, pero lo soltó de todos modos. Poco tiempo después, el león cayó en la red de unos cazadores, no lograba liberarse y empezó a rugir desesperado. El ratoncillo, al oir sus lamentos, corrió al lugar y royó las cuerdas de la red con sus afilados dientes hasta que el león quedó libre”. Moraleja: no hay que despreciar a nadie por su tamaño y apariencia.

No descalifique ni menosprecie, señor Presidente, a los pobres animalitos, ni menos a los diputados de la nación, no sea que algún día, como  la fábula de Esopo, lo tengan que salvar si cae en  la red del art. 53 de la Constitución Nacional que prescribe  su destitución “por mal desempeño o por delitos en el ejercicio de sus funciones”.

La Rioja,30 de abril de 2026

(Diputado y Senador Nacional -M.C.).

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