Miércoles, 20 May 2026 19:28

Antes del Mundial, una interna furiosa – Por Vicente Massot

A menos de un mes para que comience a rodar la pelota en el partido inaugural de la Copa Mundial de Fútbol —en Canadá, México y, básicamente, en los Estados Unidos— todo el mundillo de la política criolla sabe que, desde mediados del próximo mes de junio hasta que se dispute la final del mencionado torneo, el deporte del balompié copará la escena nacional y no habrá lugar para los actores secundarios.

El país de los argentinos habrá de girar alrededor de cuanto suceda en la América del norte. Lionel Messi será, por espacio de algunos días o semanas, según cuál resulte la performance del seleccionado, más importante que el mismísimo Javier Milei y, por su parte, Lionel Scaloni tendrá más vigencia que Karina, Adorni y Toto Caputo juntos. Cosas de un país futbolero si lo hay, que ni San Pedro bajado del Cielo podría cambiar.

 

Lo cual no quita que antes de llamarse a silencio por espacio de treinta días —poco más o menos— el reloj electoral haya comenzado a correr. Si hubiese que tirar sobre el tapete un hecho para demostrarlo, ahí están los movimientos que dejan transparentar la mayoría de los gobernadores con el propósito confeso de desdoblar las elecciones en sus respectivas provincias.

Que en ello coincidan, sin distinción de observancias ideológicas, no significa necesariamente que sus estrategias también sean iguales. Las razones por las cuales Alfredo Cornejo está tentado de dar ese paso no son semejantes a las de su par mediterráneo, Martín Llaryora, y las del peronista pampeano Sergio Zilotto no son parecidas a las del entrerriano Rogelio Frigerio. Esto en razón de que la jugada que piensan hacer siempre dependerá de un cálculo previo acerca de qué podría pasar en los comicios de carácter nacional que se substanciarán en octubre de 2027.

A ningún mandatario de origen peronista se le hubiese cruzado por la cabeza adelantar los comicios provinciales cuando fueron candidatos presidenciales Carlos Menem o Kirchner. Sabían que tanto el riojano como la nacida en La Plata lucían invencibles. Motivo de más para atar su suerte a la de éstos el mismo día y con la misma boleta. Ahora, en cambio, ¿por qué querrían correr el riesgo de ser devorados por la avalancha libertaria? Salvo, claro, que Milei llegase muy disminuido a 2027 y entonces, si alguno de los representantes justicialistas tuviese posibilidades de ganar, les convendría repetir lo que antes hicieron respecto del riojano y de la viuda de Néstor Kirchner. Habrá que esperar.

Pero hay muchos peronismos y lo que puede convenirle a Axel Kicillof podría no satisfacer a los mandatarios de Tucumán, Catamarca, Salta y Misiones, de ordinario afines al oficialismo libertario. Otro tanto vale para los jefes de estado del interior del país que nada tienen que ver con el movimiento nacido el 17 de octubre de l945. En ese pelotón se encuentran radicales de distinto posicionamiento vis a vis el gobierno nacional, pertenecientes al Pro y un par que responden a partidos provinciales, como los de Rio Negro y Neuquén

A esta altura del partido, lo que se percibe son idas y venidas de diferente tipo entre todos esos caudillos de tierra adentro. Los une el deseo de continuar en sus cargos —excepción hecha de aquellos a los que les está vedada la reelección— o de dejar a un sucesor confiable en puestos de tanta jerarquía. A partir de allí se abren las aguas y se tejen planes para todos los gustos.

Hay quienes desean coordinar fechas en común, imaginando que pueden demostrar su fuerza de cara a la Casa Rosada. Se anota, en principio, en esta postura, el colectivo que se presentó en sociedad con el nombre de Provincias Unidas: Córdoba, Santa Fe, Chubut, Jujuy, Corrientes y Santa Cruz.

Otros, en cambio, esperan negociar con Balcarce 50 y recién después, dependiendo de si llegan o no a un acuerdo beneficioso para las dos partes, tomar una decisión. Y, por supuesto, están los kirchneristas que manejan Buenos Aires, La Pampa, Tierra del Fuego y La Rioja cuyos destinos quedarán atados a lo que finalmente arreglen —si es que logran fumar la pipa de la paz—la ex–presidente y Axel Kicillof.

Los que no se dan tregua y pelean como si fuesen enemigos acérrimos, son las dos primeras espadas que acompañan en su gestión al presidente de la República. Hace rato que el triángulo de hierro que habían construido sin demasiado esfuerzo, cuando todo era miel sobre hojuelas, desapareció del mapa sin dejar rastro. Aquellos en quienes Javier Milei había delegado el manejo de la cosa pública, se han transformado en feroces antagonistas sin que, a la luz de sus respectivos derroteros, tengan la más mínima voluntad de conciliar posiciones y así evitarle al oficialismo el papelón que está a la vista de todos.

La hermanísima y el mago del Kremlin han decidido inmolarse si acaso fuera menester, con un desprecio olímpico por las consecuencias que puedan traer aparejadas sus actos. Lo sorprendente del caso es la falta de criterio o la impotencia del primer magistrado a la hora de cortar de cuajo una disputa que crece sin solución de continuidad y amenaza desatar un escándalo de proporciones en cualquier momento.

Milei no se parece en nada a Alberto Fernández que —aun cuando lo hubiese deseado— no hubiera podido desembarazarse de los topos que Cristina había colocado en su gabinete variopinto. El libertario, en cambio, tiene la suficiente autoridad y poder para poner orden en su frente interno. Lo que pasa es que, por alguna razón verdaderamente insondable, no quiere laudar entre las partes o, lisa y llanamente, supone que es mejor dejar las cosas tal como están.

Sus raptos de furia, dirigidos contra periodistas, analistas, economistas o actores que no comparten sus ideas, es posible que nublen su visión. De lo contrario no se explica cómo puede parecerle más importante quebrar una lanza en favor de José Luis Espert y respaldarlo a Adorni, que tomarse el trabajo de terminar con una riña de gallos de campanario.

Al mismo tiempo parece inconcebible que los actores de este duelo interminable no caigan en la cuenta del daño que le hacen a la administración a la cual pertenecen. Sobre todo en atención a que el futuro se presenta complicado, cosa que ponen al descubierto la totalidad de las encuestas cualitativas que se conocen. En el curso de los últimos siete días las disputas alcanzaron un nuevo tope con el cruce de acusaciones entre Santiago Caputo y Martín Menem.

Que no se hayan nombrado, no reduce la dimensión de la pelea. Está claro que el joven asesor, a la larga, lleva claramente las de perder. Si fuese más inteligente no hubiera elegido a Karina Milei como contendiente, pero un error de cálculo —tan frecuente en los políticos que se consideran a prueba de balas— lo ha conducido a un callejón sin salida. Ahora, o bien acepta las condiciones que le imponga la secretaría general de la presidencia y se llama a silencio y se dedica a asesorar a su jefe, o bien redobla la apuesta y, tarde o temprano, deberá irse a su casa.

Sus declaraciones del día lunes, en las cuales nos hizo saber que sólo dejaría sus funciones si se lo pedía Javier Milei pueden ser una señal de su rendición. O, quizás, hayan sido otros tantos fuegos de artificio que no le agregan nada a una interna tan disparatada como peligrosa.

Hasta la próxima semana.

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