Viernes, 05 Junio 2026 16:09

En la galaxia Fútbol se metió la Bullrich de improviso – Por Vicente Massot

A pesar de que, tanto el oficialismo como Axel Kicillof, han decidido adelantar la campaña electoral planeada en un principio para dar comienzo luego de finalizado el campeonato mundial, a mediados del mes de julio, lo cierto es que la masa de la población hoy le presta poca atención a la política y se halla concentrada en el deporte del balompié.

Sucede entre nosotros que, al proverbial fanatismo que despierta de ordinario el fútbol, hay que agregarle la cuota de indiferentes que —tratándose de una competencia tan importante— de buenas a primeras se convierten en fanáticos por espacio de un mes, mientras dura la competencia.

 

El resultado es que aquellos interesados en presenciar la copa por televisión y transformarse en directores técnicos improvisados, son legión —o si se prefiere, conforman una compacta mayoría del país.

Todos, por igual, ya opinan si Scaloni hizo bien o mal en convocar a determinados jugadores, dejando a otros de lado, y nadie se priva de hacer una evaluación respecto de las posibilidades de que Messi y sus muchachos levanten —como en Qatar— el trofeo más importante del planeta en términos deportivos. Por lo tanto, lo que haga Javier Milei o el gobernador de la provincia de Buenos Aires, a esta altura importa poco. Solamente aquellas personas muy politizadas le prestan alguna atención.

Los demás están entusiasmados por conocer en detalle las características de la pelota inteligente Trionda, con su sensor de movimiento de sólo 14 gr. en uno de sus paneles, capaz de registrar cada toque, velocidad, rotación, trayectoria y el instante exacto del pase o remate; y desean —por supuesto— opinar acerca de las cinco nuevas reglas que ha dispuesto la FIFA para agilizar el juego.

No es exagerado, pues, decir que estamos a punto de ingresar o que ya ingresamos de lleno en la galaxia Fútbol, en donde los demás temas pasan a un segundo plano, sin derecho al pataleo. Plantear si ello es bueno o malo carece por completo de relevancia. Sería como tratar de determinar la bondad o maldad de gritar desaforadamente en un estadio y responsabilizar al árbitro por lo que sanciono. Las cosas son así y no es dable cambiarlas.

De modo tal que habrá que acostumbrarse, en los próximos treinta días, a que la ciudadanía actúe en modo hincha y los bares, confiterías, clubes y salones familiares se parezcan a otros tantos estadios, sólo que de dimensiones más pequeñas.

Si el combinado argentino progresa y pasa de una ronda a otra, el fanatismo llegará a topes que ya se han visto otras veces, sin que de esto pueda extraerse la conclusión de que, según sea la performance del seleccionado dirigido por Scaloni, resultará la suerte que corra el gobierno.

Dicho de manera distinta: el hecho de que el conjunto albiceleste quede en el camino y no llegue a la final o que llegue y sea derrotado, no tendrá impacto ninguno sobre la marcha de los asuntos públicos. Terminado el espectáculo que tendrá lugar en los Estados Unidos, México y Canadá, volveremos a la normalidad y las tristezas y las euforias que pudiera haber despertado el equipo argentino quedarán pronto en el olvido.

Pero como el propósito específico de esta entrega semanal es el análisis de la política, resulta obligado meternos en sus aguas procelosas. Lo que primero salta a la vista son dos hechos relacionados entre sí: el veto que impuso Karina Milei a la candidatura a jueza de la cuñada de Hugo Alconada Mon, y la reacción que generó medida tan arbitraria en el ánimo de la senadora Patricia Bullrich.

Cancelar las posibilidades de María Verónica Michelli por portación de parentesco, más que una bajeza supone un error político de bulto. No es novedad que para la hermanísima los límites éticos no existen. Cuando alguien la contradice o ella supone que puede tratarse de un enemigo, no para hasta dejarlo fuera de combate. Sólo que la desmesura tiene sus consecuencias.

Por lo visto, ninguno de los hermanos pensaron que el tiro iba a salirles por la culata.

Que la senadora estrella de La Libertad Avanza haya tomado en menos de 60 días dos veces distancia del Poder Ejecutivo, no es un aspecto menor. La Bullrich primero le había marcado la cancha a Manuel Adorni —que, dicho sea de paso, sigue dilatando la presentación de su declaración jurada de bienes— y ahora —haciendo uso del derecho de objeción de conciencia, según ha explicado a través de las redes sociales— comunicara su disidencia respecto de la orden bajada por la secretaria general de la presidencia de la Nación.

Malgrado las explicaciones de rigor de la ex–ministro de Seguridad en cuanto a que lo puso en autos a Milei de cuanto iba a hacer —por aquello de que ‘el que avisa no traiciona’—y sus protestas de lealtad a la actual gestión, es evidente que comienza a notarse un equilibrio inestable entre la Casa Rosada y Pato, como se la conoce a la senadora.

Sería una exageración insinuar siquiera que el vínculo se ha roto, aunque las diferencias que han salido a la luz ponen en claro que de parte de ésta la alineación automática no figura en su agenda. Con la siguiente particularidad, que si se confirmase podría representar un antes y un después en la relación. Nos referimos a la posibilidad de que —a la hora de votar en la cámara alta— los Milei saliesen derrotados.

Nadie está en condiciones de saber qué decidirán los libertarios a la hora de subirle o bajarle el pulgar a la doctora Michelli y —menos aun— cuál será la postura de las bancadas aliadas al gobierno. Si la candidatura prosperase, el encono de Karina llegaría seguramente a sus extremos.

Las que no terminan de entenderse son las razones en virtud de las cuales se le pudo ocurrir a los hermanos tamaño despropósito que —al margen de cómo decante la cuestión— iguala su manejo de la Justicia a lo peor del kirchnerismo. Algo que no es nuevo si se recuerda la forma descomedida y gratuita con que el presidente despidió a Giordano por un voto de su mujer que no le gustó, y a la hija de Domingo Cavallo en atención a un artículo del ex–ministro que lo enfureció.

Hubo otro acontecimiento que si bien se relaciona con otro país —Colombia— no deja de ser una buena noticia para los libertarios: el triunfo del candidato de la derecha identitaria Abelardo de la Espriella, a expensas del oficialista Iván Cepeda y de la representante del ex–presidente Uribe, Paloma Valencia.

Los casi tres puntos de ventaja del outsider admirador de Trump, Bukele y Milei sobre el ex–comunista y partidario de continuar la línea que lleva la gestión del actual presidente, Gustavo Petro, unido a los siete puntos que obtuvo la señora Valencia, hacen pensar que al momento de substanciarse la segunda vuelta, el domingo 21 de este mes, las posibilidades de que Espriella se alce con el triunfo son claras. No es apresurado sostener que, a semejanza de cuanto sucedió en estas playas en 2023, los votos del uribismo decantarán en masa en favor del vencedor en la primera vuelta, más allá de las diferencias que puedan tener con él.

En octubre de aquel año los más de los que habían acompañado a Patricia Bullrich en las urnas se inclinaron sin pensarlo dos veces por el libertario. Enfrente, la figura del ministro Sergio Massa preanunciaba la continuación del kirchnerismo. Suponer que las gentes de la derecha conservadora colombiana, en la disyuntiva de inclinarse por un hombre claramente de izquierdas o por un populista afín a sus ideas en punto a la cultura, la seguridad y la economía, preferirán a Cepeda y no a Espriella, contraría toda lógica.

Menos claro se presenta el panorama en Perú donde, una vez más la lógica indicaría que Keiko Fujimori debería ganarle el domingo al socialista revolúcionario, Roberto Sánchez. Parece difícil que el grueso de las gentes partidarias del orden y de las distintas capilla liberales del país andino —que votaron a otros candidatos— vayan a abstenerse o se decidan a apoyar a Sánchez, sólo por las dudas que todavía genera el apellido de Keiko.

Que viva el fútbol... Hasta la próxima semana.

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