Miércoles, 17 Junio 2026 13:38

No hay empate posible – Por Vicente Massot

A esta altura del escándalo protagonizado por el jefe de gabinete del gobierno nacional, nadie que no estuviese fuera de este mundo podría pasar por alto la inaudita serie de mentiras, contradicciones, sofismas y disparates que, sin solución de continuidad, y por espacio de dos meses, poco más o menos, ha desgranado Manuel Adorni ante la vista y paciencia del país en su conjunto.

Hacer una lista pormenorizada de sus declaraciones que —lejos de aclarar las cosas— obraron el efecto contrario al buscado, carecería de sentido. De momento, no hay nada nuevo que decir y, con lo que sabe hasta el menos informado de los argentinos, cuanto correspondería hacer sería pedirle la renuncia.

 

Pero por razones que más abajo mencionaremos, los Milei lo han defendido a capa y espada, quizás más de la cuenta. Si el ministro vocero no se halla dispuesto a dar un paso al costado y sus valedores se niegan a prescindir de sus servicios, caben dos posibilidades: una, que no habría motivo para descartar —cuando menos en nuestro país— es que la administración libertaria aguante el chubasco, las aguas se aquieten, los ánimos tiendan a calmarse y Adorni siga en su cargo.

La otra es que prospere la moción de censura motorizada por el kirchnerismo en la cámara alta y, con el acompañamiento de distintas bancadas —hasta hoy aliadas tácticas del oficialismo— lo pongan de patitas en la calle. Si bien aquel escenario parece menos plausible que éste, representaría un error suponer que la Casa Rosada no se encuentra en condiciones de convencer a los tres o cuatro gobernadores amigos para así evitar que sus opositores consigan reunir cuarenta y ocho voluntades y puedan cantar victoria.

A estar a los cálculos previos, en estos momentos los ‘destituyentes’ —por llamarles de alguna manera— contarían con 43 votos: 28 del PJ kirchnerista, nueve de la UCR, dos del Pro y cuatro provenientes de diferentes banderías cantonales.

El principal desafío que enfrentan los libertarios no proviene de las tiendas enemigas. Es claro que los K tratarán de aprovecharse del affaire Adorni a condición de reconocer que –si hubiese que puntualizar el lado flaco de la estrategia gubernamental– llaman menos la atención Mayans, Martínez, Kicillof, Cristina Fernández y Massa, que Patricia Bullrich y Mauricio Macri, por ejemplo. Véase que ha sido la ex–ministro de Seguridad la que ha salido, una vez más, con los tapones de punta calificando como “una falta de ética” lo actuado por Adorni. Nadie se ha animado a tanto en el seno del oficialismo, siendo que son legión los que piensan en consonancia con la senadora.

Lo del jefe del Pro va por un camino similar. Hasta aquí ha soportado, no sin estoicismo, las chicanas y hasta agravios que a su respecto han ensayado tanto el presidente de la República como algunos de sus tuiteros. Sin embargo, en ningún momento decidió patear el tablero y pasarse con armas y bagajes al lado de la oposición.

Lo que no quita que tenga una opinión clara formada —que ha hecho pública— sobre los límites del apoyo a La Libertad Avanza.

En cualquier país políticamente civilizado, el hombre tras el cual Javier y Karina han cerrado filas con el propósito de mantenerlo donde está —más allá de su indisimulable falta de ética— se hallaría en su domicilio particular a la espera de ser juzgado.

Pero estamos en la Argentina, donde abundan las leyes permisivas, los jueces serviles y los políticos corruptos, de modo tal que asombrarse en el supuesto caso de que Adorni se saliese con la suya lo que pondría en evidencia es una ingenuidad infantil.

La instrucción dada a quienes tienen la responsabilidad de fidelizar entre los senadores la confianza puesta en el gobierno, tiene dos soportes: por un lado el presidente y la hermanísima, dados como a razonar a partir de un supuesto conspiracionista, sostienen que existe un plan en marcha para desestabilizar su gestión, que es menester enfrentar con todos los recursos a disposición del Poder Ejecutivo.

En este orden de cosas, la idea es que si el jefe de gabinete resulta culpable, no es el momento de soltarle la mano . En todo caso, si tiene que irse, que nunca sea por obra y gracia de una ofensiva enemiga. Llegará el día, cuando la moción de censura fracase, en el que ellos, si lo deseasen, podrán tenderle un puente de plata para que ocupe otro puesto.

Al mismo tiempo hay una segunda convicción —sostenida en la evolución de la economía— que explicaría la tozudez de los hermanos. Algo eclipsados por el escándalo, durante a semana que acaba de finalizar se dejaron ver unos datos de distinto tipo que le permiten a los de color violeta imaginar una segunda mitad del año en extremo provechosa. Si lo peor ya pasó y cuanto se avecinan son los famosos brotes verdes, por qué permitir que volteen a un funcionario de tanta importancia. La lógica detrás de esto es que —entre nosotros— el bolsillo importa más que la transparencia de los políticos. Por tanto, y con base en estos dos fundamentos, los Milei están dispuestos a dar batalla.

Con la inflación claramente a la baja — la suba del índice en junio sería inferior a 2 %—, el riesgo país en 430 puntos, los bonos argentinos cotizando en alza en Nueva York, las cciones volando en Wall Street y el Banco Central acumulando dólares mes a mes, no parecen fuera de lugar las ínfulas del presidente y del titular de la cartera de Hacienda.

Es verdad que una golondrina no hace verano, pero hay indicios suficientes como para pensar que el semestre julio-diciembre será mucho mejor que el que está a punto de terminar. Es cierto que todavía no levantan vuelo la construcción y la industria y que la deriva del consumo masivo tampoco permite hacerse ilusiones respecto de una pronta mejoría.

Éstas representan —al menos, por ahora— otras tantas asignaturas pendientes que el oficialismo no puede descuidar. Como quiera que sea, el afán tantas veces puesto de manifiesto en nuestra historia reciente de pintar de color de rosa lo que conviene al poder de turno, dejando de lado a propósito los aspectos grises tiene su lógica en términos políticos. ¿Qué gobierno en condiciones de ponderar los números auspiciosos a expensas de los negativos dejaría de hacerlo? —Ninguno.

El jueves será un día clave en atención a los planes del PJ en el Senado de la Nación Habrá que analizar en detalle el tema del quórum, de la mayoría simple y de los 2/3 para recién después evaluar cuál será la relación de fuerzas. No está claro cómo van a decantar los votos de los aliados del oficialismo, incluidos los de parte de los justicialistas, reacios a plegarse a las banderas levantadas por el kirchnerismo. En las pulseadas que se vienen, en una y otra cámara, cualquier puede adelantar cuál será la posición de los K. Lo que es un misterio es la voluntad de los representantes del Pro, de la UCR y de los provinciales, a la hora no tanto de dar el quórum sino de levantar la mano en uno u otro sentido a la hora de la moción de censura, si acaso prosperase.

El bando ganador, de los dos que sea —y es bueno dejar en claro que no hay posibilidad alguna cualquiera de empate—, habrá conseguido a expensas de su rival un triunfo de naturaleza estratégica.

Hasta la próxima semana.

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