Jueves, 09 Julio 2026 01:11

La política puede esperar- Por Vicente Massot

Cómo no dar comienzo a esta nota trayendo a comento el fútbol, si de lo único que se habla —o poco menos— es de ese deporte. Con un campeonato mundial que entra en las fases decisivas y unos cruces que, de ahora en adelante, enfrentarán a los ocho mejores equipos del planeta, resulta pertinente darle prioridad al balompié, a expensas de la política.

No sólo en razón de que es el tema excluyente sino también porque acaba de quedar en evidencia que el Chiqui Tapia y su alter ego, Pablo Toviggino, no son los únicos desvergonzados que pueblan los cargos directivos de esas instituciones.

 

Así como los dos dirigentes criollos decidieron el año pasado, por una simple decisión de carácter administrativo, convertir al club Rosario Central en campeón de la liga, de manera semejante el titular de la FIFA le levantó la sanción a Folarin Balogun, goleador por excelencia del equipo estadounidense, lo cual le permitió jugar contra el seleccionado de Bélgica ayer.

No le sirvió de nada, aunque el precedente que generó la FIFA demuestra que, en la máxima corporación del fútbol mundial, las mafias siguen enquistadas. En el año 2015 fueron Joseph Blatter y el argentino Alejandro Burzaco. Ahora Gianni Infantino sigue sus pasos si bien —comparado con aquéllos— es todavía un aprendiz.

Por lo visto, la presión que ejerció Donald Trump tuvo sus frutos. El foul que el artillero norteamericano había cometido contra un jugador de Bosnia-Herzegovina fue para una tarjeta roja, y eso es lo que determinó el árbitro. Sin embargo, parafraseando a George Orwell, todos los países participantes son iguales aunque algunos lo son más que otros.

Si algo así le hubiesen pedido el primer magistrado de Costa Rica o Jordania a Infantino, éste se les hubiese reído en la cara. Con la Casa Blanca, en cambio, decir no, siempre será peligroso.

Dos palabras acerca del desempeño de los dirigidos por Scaloni. Por de pronto, es conveniente tener en cuenta que, hasta el momento, el combinado nacional se enfrentó a cuatro naciones sin demasiados pergaminos en este deporte ni tradición futbolística alguna.

No obstante, no se los sacó de encima de taquito, como sostenían algunos y, llegado el momento de competir con Cabo Verde primero y luego con Egipto, casi hace un papelón. Con una defensa que da ventajas —excepción hecha de Lisandro Martínez, indiscutible en su puesto de zaguero central—, un medio campo que parece jugar más para atrás que para adelante y una delantera que extraña horrores a Ángel Di María, el actual campeón del mundo pudo sostenerse por la genialidad de Lionel Messi, la jerarquía de su arquero y un encomiable espíritu de lucha en el último partido.

En el triunfo épico de ayer las cosas no mejoraron demasiado, y eso que ha tenido la Argentina una grilla de adversarios que parecen haber sido elegidos para asegurarle a los muchachos de Scaloni un lugar en la semifinal.

No es cuestión de ser pesimistas ni derrotistas, pero si el seleccionado albiceleste no mejora sensiblemente su rendimiento, ganarle a Noruega, Francia o España —siempre y cuando dejemos atrás a Suiza— se le hará cuesta arriba.

La política, a todo esto, no entró en receso absoluto, si bien es innegable que —con buena parte del país prendido al televisor, abierta la discusión de si Julián Álvarez debe ocupar la plaza de 9 desde el inicio del match o ese papel le corresponde a Lautaro Martínez, y con las vacaciones de invierno que se nos vienen encima— los temas que giran alrededor del poder, las alianzas parlamentarias, las inversiones extranjeras y la evolución del índice inflacionario, han pasado a ocupar un lugar secundario.

Al momento en que toque a su fin la máxima competencia deportiva internacional y los chicos retornen al colegio, la política volverá a ser el centro de la atracción. Eso sucederá en agosto y casi podría decirse, sin pecar por exceso, que entonces comenzará una suerte de periodo preelectoral.

No es casualidad ni mucho menos que ya hayan comenzado conversaciones —de suyo, preliminares— concernientes a las llamadas PASO. Ello supone, por parte del oficialismo y del arco opositor, algo de singular importancia de cara a los comicios presidenciales que se substanciarán en octubre de 2027. No hay agrupación que no haya comenzado a evaluar qué le convendrá más. Al mismo tiempo, es claro que existen necesidades distintas, y por lo tanto posiciones muy diferentes en las fuerzas de centro, de derecha y de izquierda.

La Libertad Avanza tiene opinión formada —eliminarlas, por razones obvias—mientras que en las demás formaciones todas son dudas. No es novedad que para el oficialismo la eliminación de las PASO es conveniente desde cualquier ángulo desde el cual se analice el tema.

En cambio, para los opositores que están en el llano decidir si acompañan al gobierno, o no, es tarea difícil por donde se la mire .

Ganarle a Egipto cuando todo parecía perdido y nadie daba un centavo por nuestro equipo —a quince minutos del final y perdiendo 2 a 0— le agregó al Mundial un grado de sufrimiento deportivo pocas veces visto.

Por eso, la política puede esperar.

Hasta la próxima semana.

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