Jueves, 24 Septiembre 2026 14:09

Milei ante la ONU: Entre la épica y la improvisación – Por Mariana Rabanal

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Ayer Milei fue a la ONU y endureció de manera notable su discurso sobre Malvinas. Reclamó la reanudación de las negociaciones con el Reino Unido, cuestionó la explotación petrolera en el Atlántico Sur, defendió sanciones contra las empresas involucradas y sostuvo que la autodeterminación no es aplicable a los habitantes de las islas porque se trata de una población implantada.

El reclamo argentino sobre Malvinas no le pertenece a ningún gobierno. Es una política de Estado y un mandato constitucional. Justamente por eso preocupa la velocidad con la que Milei cambió de posición.

 

Hace poco hablaba de generar condiciones para que los isleños algún día eligieran acercarse a la Argentina; ahora rechaza frontalmente el argumento de la autodeterminación y eleva el tono del conflicto con Londres.

Un Presidente puede cambiar una estrategia. Lo que tiene que explicar es por qué, hacia dónde y con qué herramientas piensa sostenerla.

Porque Gran Bretaña ya respondió formalmente ante Naciones Unidas, rechazó el planteo argentino, defendió la explotación de hidrocarburos y cuestionó las sanciones. Al mismo tiempo, Milei deposita expectativas en una eventual revisión de la posición estadounidense anunciada por Trump, pero hasta hoy Washington no reconoció la soberanía argentina ni formalizó ningún cambio.

Y mientras la tensión crece afuera, puertas adentro el Gobierno presentó una “Ley de Defensa de la Soberanía Nacional” como si fuera un gran proyecto Malvinas. Cuando se la lee completa, el panorama es bastante distinto: son 133 artículos y ocho títulos. Malvinas y la explotación de nuestros recursos están concentradas en el primer título; después aparecen una nueva arquitectura de Seguridad Nacional, inteligencia, nuevas facultades estatales, intervención militar y reformas penales, incluida una figura que prevé hasta doce años de prisión por determinadas acciones extranjeras destinadas a “manipular la opinión pública” mediante “desinformación masiva”.

Malvinas no puede ser una palabra mágica que vuelva indiscutible todo lo que se coloque debajo.

Y falta la pregunta más concreta: ¿con qué recursos piensa sostener el Gobierno todo lo que promete?

Milei habló de una Argentina “militarmente respetable”. Pero el Presupuesto 2027 destina a Defensa alrededor del 1,87% del gasto total y, dentro de la categoría más amplia de Defensa y Seguridad, la mayor parte se va en mantener funcionando las estructuras existentes.

Eso es indispensable, pero si además se quiere controlar mejor el Atlántico Sur, fortalecer la presencia militar, proteger recursos y recuperar capacidades, hacen falta buques operativos, aeronaves, radares, infraestructura, tecnología, entrenamiento, personal especializado e inversión sostenida.

Nada de eso aparece por decreto ni porque una ley se llame “Defensa de la Soberanía”.

La Argentina conoce demasiado bien su historia como para volver a confundir épica con política de Estado.

La última vez que una conducción irresponsable quiso convertir Malvinas en una gesta improvisada, el país pagó un precio devastador: muertos, heridas que todavía atraviesan a una generación y una derrota que condicionó durante décadas nuestra posición.

Malvinas no necesita arrebatos ni gestos para la tribuna. Necesita inteligencia, diplomacia, recursos, Fuerzas Armadas preparadas y una estrategia nacional que sobreviva a cualquier presidente.

Con Malvinas, improvisar sale demasiado caro.

Fuente: https://x.com/MarianaRabanal/status/2103171524538831350?s=20

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