Sábado, 26 Septiembre 2026 13:29

¿Hasta dónde quiere llegar Bullrich? - Por Vicente Massot

La capacidad demostrada por el oficialismo para chocar una y otra vez de manera recurrente —casi podría decirse: sin solución de continuidad— con la misma piedra, merecería figurar en el libro Guiness de losrécords. Que se recuerde, ninguno de los gobiernos que precedieron al que conduce Javier Milei lo iguala en punto a la tozudez de hacer siempre lo mismo y suponer que el resultado pueda resultar diferente. 

El procedimiento —a todas luces falto de lógica y de racionalidad— que llevó a Patricia Bullrich a montar en cólera y levantar en contra de sus conmilitones una queja airada en consonancia con una canción de Lali Espósito —que al presidente le cayó como patada al hígado— no resiste análisis.

 

Explicado en clave telegráfica: el pasado martes, en horas de la noche, se supone que el equipo económico envió el Presupuesto 2027 al Congreso. Previamente y como es de rigor, había sido consensuado con las dos primeras espadas parlamentarias de La Libertad Avanza: Martín Menem por Diputados y Patricia Bullrich por el Senado de la Nación.

Cuál no sería la sorpresa de esta última al momento en que llegó a sus manos el texto final, con cambios notables y notorios en punto a la Emergencia en Discapacidad. La ex–ministro de Seguridad puso el grito en el Cielo no sólo porque no le habían consultado sino también porque la versión enviada por la gente de Toto Caputo iba a ser rechazada por las bancadas amigas, sin las cuales su aprobación se vuelve imposible.

En dos oportunidades la administración libertaria había ensayado esa jugada y fracasado estrepitosamente. ¿Para que insistir en atención al resultado ruinoso de aquellas experiencias? Nadie lo sabe y, por lo tanto, sólo caben las conjeturas. Lo primero que se echa de ver es la falta de conducción en el más alto nivel del Ejecutivo. A esta altura está claro que Karina Milei hace agua por los cuatro costados a la hora de ejecutar con precisión el guion gubernamental.

Si la estrategia había sido definida horas antes, a quién se le puede ocurrir, que no sea un improvisado o un irresponsable en la materia, modificar el libreto pensando que no se iba a notar. Un chico de colegio primario, al que se le consultase si convenía o no dar ese paso, se habría opuesto. Por lo visto, al equipo económico, o a la secretaria general de la Presidencia o a Santiago Caputo les pareció lo contrario. Creyeron que la picardía iba a pasar desapercibida.

Descubierta la torpeza, lo que siguió fue la toma de distancia de la Bullrich, el enojo manifiesto de los representantes del Pro, de los radicales y de los peronistas con voluntad de colaborar y, por fin, la sensación de que los errores no forzados siguen a la orden del día. Como no podía ser menos, los traviesos de turno —que todavía no sabemos quiénes son—debieron dar marcha atrás y retomar la versión original. Lo que se dice, un verdadero papelón.

El comentario que a partir del cortocircuito corrió como reguero de pólvora —no sólo en los mentideros políticos y el grueso de la clase dirigente— se refiere al futuro de la jefa de la bancada oficialista en la cámara alta. ¿Hasta dónde quiere llegar Patricia Bullrich? Por de pronto, es de hacer notar que lleva una ventaja única sobre cualquiera de los integrantes de la bandería oficialista: está en condiciones de disentir sin que sobre ella los hermanos gobernantes puedan fulminar rayos y centellas.

A cubierto del despido anticipado que en su oportunidad sufrieron Diana Mondino, Nicolas Posse y Osvaldo Giordiano —entre varios más— es consciente de su poder de fuego y también de sus limitaciones. Subir el tono de voz en asuntos de todos conocidos y en extremo sensibles para la opinión pública —Adorni y discapacidad, por ejemplos— es algo que sabe hacer sin pedir permiso. Lo cual no supone que se halle agazapada, dispuesta a romper con el gobierno al que pertenece y anunciar su intención de ser candidata a presidente el año que viene. De tonta no tiene un pelo y conoce mejor que nadie los topes que —al menos, por ahora—
no está en condiciones de sobrepasar.

Mientras Javier Milei retenga un núcleo duro de arriba de 30 % en la intención de votos, para quienes deseen competir con él enarbolando ideas iguales o afines, la empresa nacerá condenada al fracaso. Distinto sería si se produjese una pronunciada caída del apoyo que recibe el gobierno y éste llegase boqueando a los comicios que habrán de substanciarse en octubre del año por venir. Sólo el fracaso de la actual administración le abriría las puertas a uno o más candidatos de parecido linaje: Macri, Lacunza, Hadad, Villarruel y Brito, para mencionar a los más representativos.

La Bullrich aspira a presidir en algún momento los destinos del país. Pero el de-rrotero que tiene por delante no depende sólo de su voluntad y de los votos que eventualmente arrastrará detrás suyo sino de la suerte de la escuadra en la que desempeña un papel relevante.
Ni por asomo piensa en hacer rancho aparte y ser considerada una traidora. Claro que —al mismo tiempo— no está dispuesta a callarse la boca. Si Javo sigue ocupando el centro del ring, el desafío de la senadora será encontrar un lugar preponderante en el organigrama oficialista de cara a 2028. Si en cambio el presidente perdiese ese lugar de privilegio, el escenario cambiaría drásticamente —algo que no luce probable— y —entonces sí— Patricia Bullrich pensaría en Balcarce 50.

En las tiendas peronistas la situación es exactamente la opuesta. Carecen de un  candidato natural, están peleados sus dos principales referentes —Cristina Fernández y Axel Kicillof— y no terminan de vertebrar un plan para el caso de que el gobierno consiga eliminar o al menos suspender las PASO —primarias abiertas, simultáneas y obligatorias—, que es en estos momentos su principal anhelo. Entusiasmados por las encuestas que reciben y en las que creen a pie juntillas, imaginan que la situación económica y social será cada día peor y que Milei llegará escorado a las elecciones. Ello los pondría a pocos metros del poder.

Sólo que para tener alguna chance de ganar, deberían antes dejar de lado los odios que los carcomen, las diferencias que los separan y presentarse todos unidos, como en los viejos tiempos. Se dice fácil, pero la idea llevada a la práctica necesitará sortear un sin fin de dificultades.

Hasta la próxima semana.

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