El Poder Ejecutivo parece columpiar peligrosamente entre ambos extremos: o tropieza una y otra vez con la misma piedra, o actúa bajo la premisa de que "aquí no ha pasado nada" y la vida sigue, incluso tras encender fuego en la arena pública.
El incendiario discurso en la cena de la Fundación Faro reactivó el debate. La explícita alusión a la "hoguera" —mencionada a la par de periodistas con nombre y apellido— desató una unánime condena de cámaras empresarias y sectores de la prensa. Como respuesta, la máquina de comunicación oficial no buscó rectificar, sino ofrecer una versión edulcorada del exabrupto, acusando a la oposición de instalar una "amenaza de muerte que nunca existió" y escudándose en que la frase no era más que una figura retórica.
Aquí emerge una evidente y conveniente doble vara en el uso del lenguaje. Días antes, el propio Presidente había rechazado la frase popular "no llegar a fin de mes" interpretándola con una literalidad casi absurda: argumentó que, de ser así, la gente estaría muriendo de hambre por las calles. Bajo esa misma línea de razonamiento estricto, cabría preguntarse si cuando habla de hogueras imagina fuegos reales quemando personas al estilo de la Inquisición, o si el sentido figurado solo aplica cuando le conviene para eludir el impacto de sus palabras.
Los contraataques posteriores en redes sociales, con manuales irónicos sobre "cómo entender una oración" o denuncias sobre la "doble vara del periodismo", revelan una estrategia de victimización que pretende minimizar la gravedad del tono institucional. Minimizar la metáfora cuando proviene del micrófono presidencial y maximizar la literalidad cuando viene del reclamo social refleja una desconexión preocupante con la realidad.
En un contexto signado por la fragilidad económica, la volatilidad de los mercados y un tablero internacional en constante movimiento, la máxima magistratura no puede permitirse jugar con fuego retórico. Cuando el lenguaje del poder se vuelve impredecible y descalificador, no hay chiste gráfico ni aclaración posterior que logre apagar las brasas de la polarización.
Pablo Sirvén
Fuente: https://www.cadena3.com/noticia/la-opinion-de-pablo-sirven/la-insoportable-levedad-de-las-metaforas-presidenciales_607613

Entre la filosofía y la coyuntura política argentina suele haber un abismo, pero las recientes intervenciones del presidente Javier Milei obligan a rescatar aquel célebre concepto sobre si las acciones humanas pesan por repetirse infinitamente o si, por el contrario, son tan leves que carecen de consecuencias eternas.