Miércoles, 05 Febrero 2020 21:00

De gallinas no tan gallinas, y de guapos no tan guapos - Por Luis Tonelli

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Todo terminó en un papelón. Por más que sus tiffosi quieran buscarle una racionalidad superior, por más que sus acólitos digan que “estaba todo fríamente calculado”, la bravata del Gobernador Axel Kicillof con los acreedores terminó en un hazme reír generalizado.

Luego de amenazar con la bomba atómica del default, finalmente Axel Kicillof pagó, con la plata de la provincia y al contado el bono vencido de 250 millones de dólares.

Lo cierto, que ese pago no debiera haber sido problema para una provincia que factura por exportaciones nada más y nada menos que 20.000 millones de dólares anuales. Pero por alguna misteriosa razón, Kicillof se jugó la épica de resistir -por las malas- a los acreedores, pero solo recibió la venía del 50% cuando necesitaba al menos el 75% de consentimiento.

Vociferó que la deuda que había dejado Vidal era insostenible, pero el bono que vencía era deuda tomada por el anterior gobernador de la provincia; que la provincia era tierra arrasada, pero luego dijo que la plata para pagarla la habían conseguido ahorrando en este poco mes como gobierno.

En la anterior nota habíamos hablado qué en estas negociaciones se usaba mucho, para ejemplificarlas, un modelo de la teoría de juegos conocido como el juego de la gallina. Un conductor enfrentaba a otro que venía en la dirección contraria, en una apuesta suicida, en la que perdía aquel que se desviaba primero.

La verdad qué con la deuda, se trata de tres juegos de la gallina simultáneos: uno de los acreedores contra Kicillof (y en este primer round, se desvió pagando cash; el otro, de los acreedores contra Alberto Fernández (que está en pleno desarrollo, pero a diferencia del bono bonaerense, aunque el Gobierno quiera pagar no tendrá plata para hacerlo). Y el último juego, subterráneo, es el que se da entre Alberto Fernández y Kicillof, aunque algunos piensan que detrás del gobernador, las decisiones las toma Cristina Fernández.

Alguien puede quejarse de que falta un cuarto juego de la gallina: entre el gobierno y la oposición. Pero lo cierto es que, Juntos por el Cambio le ha votado todo lo necesario para que el gobierno enfrente la cuestión de la deuda como quiera. Las restricciones que enfrenta Alberto Fernández provienen más bien del interior de su coalición que del exterior.

De un lado y del otro lado, se apresuraron a decir que la postura de Kicillof era una estrategia conjunta. Pero si así lo era, por qué la Nación no se ocupó de la bicoca de los 250 palos de la provincia, y en cambio el gobernador tuvo que pagar de su bolsillo (en clara señal, de que también perdió en ese juego contra la Casa Rosada de él quedar como duro, y Alberto como blando).

De todos modos, Kicillof, con su bravuconada fallida, puso en riesgo la estrategia de negociación integral de la deuda (si es que el gobierno nacional tiene alguna).

 

En primer lugar, porque si el kirchnerismo no es creíble por los mercados, esto no suma credibilidad: si vas a pagar finalmente cash, hacelo sin chistar, como que pase por un acto friendly. Segundo, porqué tampoco funciona ahora la amenaza del ¡Viene el Lobo! Amenazás y terminas rompiéndole los bolsillos a billetazos a los acreedores. Sin quita, sin extensión de plazos. Al contado rabioso y sin descuento (de todos modos, peor hubiera sido que la provincia entrara en default, obvio).

Y tercero, porque surgen unas dudas tremendas sobre la idoneidad de los negociadores. Uno puede entender que en una negociación haya amagues de portazos, explorar caminos alternativos. Pero después de amenazar con romper todo, y otorga todo, nada resulta creíble. Ni la amenaza. Y la superior estrategia de conseguir la venía de los mandamases de Europa y del Papa Francisco, y etc. etc. con la que se entusiasman en la Casa Rosada por ahí, ojalá me equivoque y mal, haya sido una recepción de cortesía, donde no cuesta nada decir que sí, porque total él no lo van a decir otros.

Todo es una gran incógnita. Y ahora más que antes.

Luis Tonelli

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