Lunes, 20 Abril 2020 21:00

Martín Guzmán juega con fuego, pero no quiere ir al default - Por Fernando González

Escrito por

Los acreedores lo acusan de falta de experiencia. Y el ministro cree que logrará una negociación exitosa.

 

La partida de póker tiene claro a sus jugadores. De un lado los acreedores privados de la Argentina y del otro el ministro de Economía, Martín Guzmán. Algunos dicen que va a durar veinte días. Otros que va a llevar al menos un mes. Y hay quienes creen que incluso podría prolongarse algunas semanas más. Las condiciones climáticas no son las mejores. Son horribles. Si algo le faltaba a la desgracia global del coronavirus​, era el derrumbe del petróleo que el lunes conmovió a los países más poderosos del planeta. Bajo ese tornado que arrastra todas las predicciones de la economía, se está definiendo si la Argentina se volverá a enamorar del default.

Los bonistas, esa simplificación que agrupa a los fondos de inversión que compraron títulos del país que se endeuda mucho y paga poco, ya mostraron las cartas de su estrategia inicial. “El problema es Guzmán”, afirman sin dudar, apuntándole a los pergaminos del ministro. O a la falta de ellos. Le achacan poca experiencia y ponen en duda su jerarquía para resolver una ecuación de máxima complejidad como es la deuda argentina. “No conoce Wall Street”, es otra de las acusaciones, previsible quizás porque en esa zona baja de Manhattan es donde están casi todas sus oficinas.

Quienes lo conocen bien juran que Guzmán no se sorprende ni se preocupa demasiado por esas acusaciones. Es cierto que tiene 37 años, (edad a la que Steve Jobs y Fidel Castro ya eran celebridades). Es cierto que nunca había ocupado un cargo público antes de ser designado ministro. Y que sus antecedentes no ocupan más de 13 líneas en el anaquel digital de Wikipedia. Pero esos mismos antecedentes señalan que, entre 2013 y 2016, estaba desarrollando su posdoctorado en la Universidad de Columbia junto a su mentor, el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz​. Le podría decir a los bonistas que, en definitiva, tampoco estaba tan lejos de Wall Street.

Como anticipó en este mismo diario el periodista Marcelo Bonelli hace algunos días, el primer reflejo de los bonistas fue buscar otros interlocutores alternativos a Guzmán. Sondearon los arrabales del Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; del canciller Felipe Solá y del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Pero se encontraron contra un muro infranqueable. Alberto Fernández envió las señales claras de que la negociación debía ser con el ministro. “Tenemos que mantener la pulseada con el aprendiz de brujo; ni siquiera podemos hablar con el brujo”, explica un bonista resignado que preferiría tener que tratar con el Nobel Stiglitz, a quien llama Joe, como casi todos sus amigos y enemigos lo llaman en Wall Street.

Más allá de las ironías, en la noche del último domingo los bonistas salieron a jugar fuerte. Hicieron público un comunicado firmado por los fondos Ashmore, Fidelity y liderado por Blackrock, al que algunos sectores del Gobierno ya individualizan como la vanguardia filosófica de los acreedores. Y en la mañana del lunes se sumó otro grupo bajo la sigla Titulares de Bonos de Canje, liderados en este caso por el fondo Monarch. Todos rechazaron la oferta que Guzmán había dado a conocer el jueves 16 de abril y enviaron señales de guerra para las semanas que se aproximan.

Algo quedó en claro desde la presentación de Guzmán. La Argentina no pagará los 500 millones de dólares que tenía como compromiso para este miércoles porque ese vencimiento quedó dentro de la oferta de renegociación. Es por eso que, entre este 22 de abril y el 22 de mayo, correrá el plazo para hallar un acuerdo que hoy parece muy lejano. Si la partida de póker se va al diablo y los jugadores se levantan de la mesa, el país adolescente dejará el default virtual del que habló el Presidente hace una semana y entraría en el escenario del default real. Y por si fuera poco, en medio de una pandemia.

Si es por las menciones que el Presidente y Guzmán le han dedicado al desenlace de la negociación, la idea del Gobierno es evitar la instancia del default. Más todavía. El ministro enumera la batalla con los bonistas; la renegociación con el Fondo Monetario Internacional y también un acuerdo por la deuda con el Club de París como etapas indispensables para despejar el cronograma de pagos que la Argentina tiene por delante. “Martín está en las antípodas de hacer la gran Adolfo”, explica un funcionario en la Casa Rosada. La “gran Adolfo” no es otra que la declaración unilateral de cesación de pagos que Rodríguez Saá proclamó envuelto en la batucada del Congreso. Cuatro días después acabó el 2001 y acabó también su efímero gobierno.

Guzmán afirma estar tranquilo y alterna las horas de trabajo en el ministerio con mucho tiempo que pasa en la Quinta de Olivos. Y como le sucede al Presidente, también practica sus dotes de equilibrista para hablarle a diferentes audiencias en simultáneo. En el fin de semana, presentó la oferta de la Argentina en la SEC (Securities and Exchange Commission de EE.UU.) y concedió una entrevista al sitio de internet del periodista Horacio Verbitsky para dar a conocer su respaldo al impuesto a las grandes fortunas que impulsa Cristina Kirchner.

En un mes se sabrá si la propuesta de Guzmán consigue despejar las dudas sobre una economía en problemas. O si apenas alcanza para un paper atractivo que explique en la Universidad de Columbia el enésimo encierro de la Argentina en el laberinto indescifrable de su deuda externa.

Fernando González

Visto 962 veces

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…