Domingo, 26 Abril 2020 21:00

Otro desafío para AF: salir de la cuarentena institucional - Por Sergio Crivelli

Escrito por

El presidente suma problemas sin resolver. Primero los económicos, después los sanitarios y ahora los políticos que se consolidarán con la vuelta del Congreso a la actividad.

 

Alberto Fernández se encontró al llegar al gobierno con una crisis económica que no supo resolver y el azar le deparó una crisis sanitaria que tampoco acertó a gestionar más allá del confinamiento colectivo. La suma de crisis tuvo dos efectos. Uno, un rápido agravamiento de la situación económica: el dólar arañó los 120 pesos, el PBI cae verticalmente, la producción se paralizó, el desequilibrio fiscal es arrasador y el default quedó a un mes vista. Dos, prevalece una fuerte incertidumbre sobre cómo y cuándo se saldrá de un encierro preventivo que no puede ser eterno. El presidente más que resolver los problemas, los colecciona.

Hasta las noticias buenas no lo son tanto para él. Según las encuestas se fortaleció su liderazgo, pero eso no puede resultar políticamente neutro. Lo pone en la obligación de ejercerlo, maniobra delicada para quien comparte el poder con Cristina Kirchner. Deberá por lo tanto en algún momento tomar la decisión de gobernar por mano propia o resignarse a ser un prestanombre del kirchnerismo. “To be or not to be”.

Algunos problemas del presidente comenzaron antes de que pusiera un pie en la Casa Rosada. El triunfo del kirchnerismo en 2019 produjo un terremoto económico. El viernes anterior a las PASO el dólar estaba a 45 pesos. En la semana que acaba de concluir merodeó los 120. Quedó cerca de triplicar su precio en ocho meses y a punto de igualar el desastre de 2002 cuando el inefable Eduardo Duhalde produjo una de las devaluaciones más catastrófica de la historia nativa.

Las consecuencias de la trepada del dólar son obvias: aumentará la pobreza, el desempleo, la recesión, etcétera. Sus causas también lo son: emisión para cubrir el déficit, incertidumbre por falta de un programa económico y un default “militante”. Uno de los rasgos más bizarros de la actual situación es que se pretende que un estado quebrado auxilie a un sector privado que va camino al colapso.

En este marco el encierro potenció el desastre. No lo dice la oposición, sino el propio gobierno. Daniel Arroyo reconoció que la situación social es “crítica” y el piquetero Emilio Pérsico, eximio gestor de planes y rebusques, admitió que los sectores más vulnerables no podrán continuar mucho más “sin ingresos genuinos”.

Las complicaciones están alcanzando también al sistema de salud. González García reconoció que el 50% de las camas del sistema están vacías. Con todo subordinado a la atención de la pandemia, clínicas y sanatorios pierden ingresos y suman gastos. Conclusión: podría colapsar la infraestructura de sanidad cuando más se la necesita. La apuesta a “salvar” vidas, podría perderse por atolondramiento.

A estas presiones, Fernández sumó la de terminar con la cuarentena institucional, poniendo en marcha al Congreso. Aquí el presidente no sólo enfrenta los reclamos de la oposición, sino de la tropa propia (ver Visto y Oído). Su vice lanzó una ofensiva contra la Corte mediante un requerimiento acerca de la validez de eventuales sesiones del Senado por teleconferencia. Su aliado Sergio Massa funcionó como una usina inagotable de versiones, pero no le pidió nada a la Corte. Quiere sesionar por internet, modalidad que no ofrece garantías de transparencia. La Corte se lavó las manos, lo que CFK interpretó como un “waiver” para aprobar leyes por TV. Habrá que ver qué dicen los jueces ante el primer litigio.

La improvisación prevalece en el PJ. Una amanuense de Cristina Kirchner en el Senado intentó amedrentar al alto tribunal con una retórica jacobina sobre la historia escrita “con sangre”. Con la excusa de la posible sanción de un impuesto a “los ricos” la vicepresidenta echó mano a una rudimentaria estrategia de inventar enemigos, mientras la propaganda oficial exhorta a que todos se unan contra el virus y se acabe la grieta. El estilo incendiario y el buenista en un solo envase. Mientras tanto el impuesto a “los ricos” nunca apareció.

Las diferencias entre el kirchnerismo y el albertismo tienen nombre y apellido. El secretario de DD.HH. Pietragalla pidió la excarcelación del condenado Ricardo Jaime, pero no se sabe cuál fue la posición de la ministra Losardo al respecto. Tampoco quién maneja realmente la cartera de Justicia en la que la vicepresidenta ubicó a Juan Martín Mena.

Las encuestas muestran que el presidente acertó con su decisión de una cuarentena rigurosa y prolongada. Pero la crisis es dinámica y aferrarse a una “solución” transitoria resulta peligroso. La convertibilidad fue eficaz para frenar la hiperinflación, pero creer que podía durar para siempre produjo 10 años después el estallido cambiario más grave de la argentina moderna. Fernández debe evitar que le pase lo mismo con el confinamiento social. La cuarentena se va descongelado “de facto” y la política, también. Para enfrentar los nuevos desafíos necesita ejercer su liderazgo en lugar de poner los problemas a macerar.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

Top