Martes, 07 Julio 2020 21:00

El Gobierno busca operar sobre las fisuras de la oposición, pero su propia interna complica el juego - Por Eduardo Aulicino

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El Presidente apunta a diferenciar entre duros y moderados en Juntos por el Cambio. Su nueva carga responde al documento sobre el crimen del ex secretario de CFK. Pero en paralelo, aparecen nuevas presiones de Kicillof sobre Rodríguez Larreta por la cuarentena

 

La cuarentena como tema de arrastre y la conmoción por el asesinato del ex secretario de Cristina Fernández de Kirchner se cruzan al menos en un punto: ponen en juego la relación entre el Gobierno y la principal oposición, y en simultáneo tensan las internas. Alberto Fernández busca explotar las fisuras reavivadas en Juntos por el Cambio a raíz del comunicado sobre el crimen de Fabián Gutiérrez. Buscaría operar sobre un corte lineal entre duros y blandos. No se entenderían entonces las movidas para acorralar con el tema del coronavirus a Horacio Rodríguez Larreta - principal referencia de los moderados según Olivos-, salvo que sean adjudicadas de manera exclusiva a la artillería kirchnerista como parte de su disputa doméstica.

Las últimas partidas en ese tablero político no parecen resultado de elaboradas estrategias. La dureza del comunicado opositor sobre el crimen de Gutiérrez y la respuesta presidencial, replicada varias horas después y sin signos de mejora por su jefe de Gabinete, parecen confirmar las dificultades de las principales coaliciones en épocas de jefaturas políticas parciales o discutidas. Es un problema mayor para el oficialismo y también una complicación desgastante para JxC. Por momentos, resulta imposible precisar hasta qué punto las pulseadas entre oficialismo y oposición amplifican las internas, o las internas potencian los cruces entre el Gobierno y la oposición.

El Presidente y su círculo más cercano trabajan sobre una hipótesis que contempla o requiere una división cierta en JxC, que afirme a Rodríguez Larreta, a los gobernadores radicales y a algunos referentes legislativos para encarar una etapa que debería excluir a Mauricio Macri pero también a CFK. Serían algo así como socios y competidores. No es una visión original, pero además deja dudas en este primer recorrido de gestión con señales contradictorias sobre su imaginario de construcción de poder. Con todo, en función de ese esquema se reclamaría ahora que los “moderados” rompan seriamente con los “duros” de JxC.

Existen limitaciones anotadas en los dos frentes. No está claro el horizonte de la relación que se propondría a la oposición “más racional”, fuera de la atención a necesidades –básicamente financieras- de los que tienen responsabilidad de gestión, es decir Rodríguez Larreta, el jujeño Gerardo Morales, el mendocino Rodolfo Suárez y el correntino Gustavo Valdés. En rigor, la pandemia apaciguó malestares y tensiones en la relación de esos distritos con el poder nacional.

Pero, además, para los más negociadores de la oposición no estaría clara la perspectiva, porque, dicen, también ellos ven movimientos confusos. Ocurriría desde el primer día. En esa franja opositora recuerdan el resultado negativo de un primer ofrecimiento, con destino diplomático: la gestión había avanzado casi hasta su coronación, pero una sugerencia de contraprestación en el Congreso frustró las tratativas. Las imágenes de los consensos para inaugurar la cuarentena, con el Presidente rodeado por gobernadores de la oposición y de la amplia paleta oficialista, se fueron desgastando con el correr de las semanas. La ofensiva contra María Eugenia Vidal o la idea de expropiar Vicentin agrietaron esa postal y empujaron muestras de cohesión en JxC. “Aprendimos del peronismo: todos unidos triunfaremos”, ironiza un legislador radical.

En esa dimensión deberían ser leídas las fisuras y los alineamientos de unidad en JxC. El más reciente conflicto doméstico -con mayor dimensión en el PRO, pero también con facturas en la UCR- tiene origen en el documento sobre la muerte del ex secretario de CFK, con impacto político social indisimulable por diversas razones: un enriquecimiento personal injustificable, la condición de arrepentido en la causa de los cuadernos de las coimas, la trayectoria del juez y los vínculos familiares de la fiscal, entre los principales ingredientes. Eso, más el motor del crimen, que sería una fuerte suma de dinero, de origen más o menos actual o remoto y oscuro.

La declaración de JxC exhibió, más allá de la velocidad cuestionada, párrafos de escasa elaboración y pocos cuidados políticos. Hubo críticas internas por la que algunos calificaron una “provocación” al Gobierno. El cuestionamiento más ácido, en todo caso, sería el poco manejo del texto y al hecho de haber presentado un flanco político débil, que podría correr del centro de la escena al propio asesinato.

Así y todo, las reacciones de malestar –y sus consecuencias- remitirían más a las pulseadas para dirimir espacios de decisión internos que a una discusión de fondo sobre el modo de relacionarse o enfrentarse con el Gobierno. En el PRO, la carga fue concentrada en Patricia Bullrich y lo que se supone representa el ala dura vinculada de manera directa a Macri. Y en el espacio moderado se muestran Rodríguez Larreta, Vidal, algunos intendentes –Jorge Macri y Néstor Grindetti, en primer lugar- y Cristian Ritondo, entre otros, y también son computados Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. Difícil entender todo como un sector más o menos homogéneo, entre otras razones porque muchos de ellos tienen cuentas pendientes para nada superadas y hasta competencias abiertas.

En lo inmediato, ese conglomerado avanzó con su planteo de integrar una mesa chica de conducción para evitar movimientos como la confección del referido documento, con Bullrich como representante en solitario para las conversaciones con la UCR y la CC. En el radicalismo también hubo malestar por algunos contenidos de la declaración y por el modo en que se manejó Alfredo Cornejo, titular partidario, pero sin llegar a los niveles de hervor de la disputa en el PRO.

Rodríguez Larreta pasó a ser una buena referencia de este original y cruzado juego. Aparece como figura destacada del sector considerado menos confrontativo, pero a la vez enfrenta desde una franja del oficialismo una nueva ofensiva por la cuarentena, tema especialmente sensible después de más de cien días de aislamiento. Kicillof insistió con un criterio discutible incluso como estadística para poner la carga de los contagios en la Capital. Y su ministro Daniel Gollán atemorizó diciendo que si se liberan actividades en el AMBA “estallan Córdoba y Rosario”.

Todo refleja el nivel de la disputa de estos días.

Eduardo Aulicino

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