Martes, 04 Agosto 2020 21:00

Apagar micrófonos - Por Sergio Crivelli

Escrito por

La reforma judicial y la amnistía fiscal para Cristóbal López empezaron a debatirse en el Senado en un clima de confrontación.

 

Si bien se trata de leyes polémicas, por decir lo menos, buena parte del ambiente tenso puede ser atribuido a la metamorfosis de la Cámara en una especie de locutorio a causa de las sesiones remotas. Esta situación acentúa algunos comportamientos autoritarios como el del corte de micrófonos. Lo que acarrearía un escándalo en reuniones presenciales, se consigue fácilmente apretando un botón y eliminando "manu militari" las opiniones que no se quiere oír.

Esta práctica afectó en la última sesión a Esteban Bullrich. Había sido aludido por el kirchnerista José Mayans, pero cuando quiso contestarle, Cristina Kirchner lo borró de la transmisión.

La vicepresidenta tiene el control total de la Cámara. Dispone de 41 votos y de la docilidad genética al poder por parte del peronismo. Los discursos oficialistas incluyen con frecuencia reconocimientos a su genio político.

Hay un acuerdo sobre el tiempo de que dispone cada orador, pero en casos como el de Bullrich la flexibilidad parecía lo recomendable. Más aún por tratarse de un opositor. Más aún por tratarse del opositor que derrotó a Cristina Kirchner en las elecciones de hace tres años. Simplemente para que no quedara flotando la sospecha de "vendetta".

El problema, sin embargo, no reside en el manejo del debate, ni cómo administra la presidenta los minutos de la oposición. Hay, más allá de los proyectos controvertidos y la modalidad "telemática", una actitud confrontativa ligada al protagonismo de Cristina Kirchner.

Los senadores que la elogian hasta provocar la incomodidad ajena son los que descalifican con mayor fervor a quienes osan criticarla. Hay una atmósfera de Instituto Patria que alcanza a todo el peronismo. Es que el reino de CFK no es un lugar para tibios. Los discursos de consenso y pluralismo de un Sergio Massa o de un Alberto Fernández suenan ahí ridículos.

La polarización arrasa con los dialoguistas y favorece a los sectores más duros. Los supuestos moderados alegan que los radicalizados son una minoría y que se trata de luchas tribales, pero ¿es así? La historia de las últimas siete décadas no autoriza esa interpretación.

La "grieta" es un fenómeno tanto político como cultural. Amplios sectores sociales justifican la intolerancia, el maltrato al que piensa distinto y la prepotencia. La causa más probable de este fenómeno son los últimos 70 años de frustración, decadencia y fracaso de la Argentina.

Hay identidades políticas que presentan como un valor positivo la intolerancia. Al enemigo, ni justicia. Instaladas en el poder, esa prédica fomenta la irascibilidad de los militantes.

Los discursos del oficialismo han dejado hace rato de justificar al actual gobierno. Apuntan en cambio contra el anterior, admitiendo así su impotencia. El problema se da donde la oposición tiene voz, como en el Congreso. Allí la pelea es inevitable y a veces áspera. Creer que con apagar los micrófonos se le pone fin es tan rudimentario como contraproducente.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

Top