Miércoles, 23 Septiembre 2020 10:14

Errante en las sombras - Por Sergio Crivelli

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Las extravagancias del gobierno reflejan su desorientación. El presidente sigue hablando como si estuviera en campaña y el encargado del BCRA se entretiene con sutilezas escolásticas.

Cuando Fernández descalifica el esfuerzo personal como motor de progreso o dice que su ideal son los países escandinavos mientras adopta políticas que en Africa fueron descartadas hace tiempo por perniciosas, no sólo muestra que la brecha entre la realidad y sus deseos es insalvable, sino que desconectó el discurso y la gestión. Habla desde un país imaginario que no es el que gobierna. Abusa de la retórica de campaña mientras sus administrados se funden.

El pesimismo que esta conducta genera aumenta cuando se comprueba que el blablablá político también ha llegado a sus cuadros técnicos, a funcionarios cuyos diagnósticos constituyen la base para la toma de decisiones.

En declaraciones recientes el nuevo hombre fuerte de la economía, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, dijo que el dólar a 130 pesos es "irracional, exorbitante" que "nos pondría con niveles de pobreza descomunales, insoportables". Mientras hacía estas declaraciones el dólar había superado los 140 pesos y, según estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, los hogares pobres aumentaron del 17% al 26% entre el segundo trimestre de 2019 y el segundo de 2020. Más del 50% en un año. Si eso ocurrió en la "opulenta" Buenos Aires, mejor no imaginar lo sucedido en el conurbano.

Otra frase memorable de Pesce: "Los argentinos tenemos un problema de expectativas. Cuando ven situaciones complejas compran dólares". Este descubrimiento omite un detalle: las expectativas las generan en primer lugar quienes gobiernan.

Insólitamente el funcionario también se asombra de que "en este contexto haya personas con capacidad de comprar 800 millones de dólares mensuales". ¿Con qué cree que compran los dólares, si no con los pesos que él emite vastamente?

Para negar los efectos inflacionarios de la emisión acude a Aristóteles. Este escolástico inesperado asegura que la emisión es "inflación en potencia, no en acto". Opina que la dilatada emisión de los últimos meses no se convertirá en inflación, si los bancos y el mercado de capitales "la convierten en inversión". Completa el silogismo con una advertencia: "Pero si no conseguimos crear un mercado de capitales amigable y convencer a la gente de que compre activos financieros y la gente sigue comprando dólares, vamos a tener un problema. No es que, al emitir, el Banco Central dé una orden al supermercado para que aumente los precios". En resumen, la culpa de la inflación es de los supermercados y de la gente que se desprende de una moneda que la política oficial envilece.

Por último, cuando le preguntan por el "supercepo" Pesce descarga su responsabilidad en el gobierno anterior. Dice que si Macri lo hubiera puesto en abril de 2018, hoy habría 44 mil millones de dólares de reserva. Pero el día negro de la economía fue el 11 de agosto de 2019 cuando el kirchnerismo ganó las PASO. El 12 los mercados no se equivocaron: el dólar subió como un misil. En resumen, la culpa es siempre de los demás; en lugar de soluciones, excusas. Así difícilmente el gobierno encuentre el rumbo.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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