La dinámica hacia la unidad propia y la confrontación con el kirchnerismo venció por esa razón la tendencia a la disgregación y al acuerdo con el poder que planteaban algunos dirigentes del PRO adversos a Mauricio Macri. Por ejemplo, María Eugenia Vidal, que participó del “campus” muy brevemente, pero participó.
También se retiraron de escena ex macristas como Emilio Monzó, muy consultado por medios y periodistas “K”. Para regocijo del gobierno, Monzó descalifica a Macri y reivindica la “rosca”, el pacto entre dirigentes. Exactamente la antítesis de la gente volcada a las calles sin políticos a la cabeza. Tiene un aire de familia con Sergio Massa.
Hay también otros opositores que disienten con la idea de confrontar con el kirchnerismo como Elisa Carrió o Martín Lousteau. A Carrió el retiro le duró poco. Volvió porque había perdido protagonismo y porque fue reemplazada en los medios por Patricia Bullrich. Lousteau se quedó sin lugar por la polarización. Busca su espacio compitiendo más con sus correligionarios que con el oficialismo.
Pero lo que puso en campaña tan rápido a la oposición han sido las inacabables equivocaciones de Alberto Fernández, su total desconcierto ante la gravedad de la crisis, su falta de registro de la realidad y su absurdo discurso exculpatorio.
Más del 40% de la población está bajo la línea de pobreza, no existe el transporte público, el empleo colapsó, hay fronteras interiores y la economía funciona a un cuarto de máquina. Se insiste en prorrogar una cuarentena que produjo una debacle económica y social y ¿qué se le ocurre al gobierno en medio de semejante desastre? Crear un organismo estatal para controlar a quienes lo critican en los medios y las redes.
El gobierno no sólo carece de política sanitaria, de plan económico y de dólares. Tiene una idea mágica de la comunicación. Fernández declaró ante un periodista amigo respecto de la crisis cambiaria que “el problema central es que como hay varios valores del dólar, la gente termina confundida y los medios inducen a pensar más en el dólar blue”. La culpa es de los medios, no del supercepo o la superemisión.
La oposición se une al tiempo que el gobierno se disgrega porque su conductora real no conduce. El futuro del poder hoy no está en la Casa Rosada o en Olivos, sino en la calle. Y los políticos tienen un olfato natural para detectar los cambios de viento.
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


Las marchas contra el gobierno empezaron como protestas espontáneas, pero a medida que adquirieron volumen fueron capitalizadas políticamente por la dirigencia opositora. La protesta del lunes fue precedida por un “campus virtual” del PRO en el que habló el ex presidente Mauricio Macri.
