Martes, 24 Noviembre 2020 09:08

Elecciones 2021: los nombres de la oposición - Por Sergio Berensztein

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La Argentina se dispone a ingresar en un año electoral que estará caracterizado por su complejidad y volatilidad.

Ni siquiera sabemos a ciencia cierta cuáles serán las reglas formales bajo las cuales se desarrollarán los comicios, ya que las PASO podrían cancelarse, redefiniendo las estrategias desplegadas por cada una de las fuerzas. Ante semejante nivel de incertidumbre, ¿cuáles son las perspectivas de la oposición? Aunque la escena es cambiante, a partir de lo que sabemos hasta ahora algunas hipótesis pueden ser planteadas.

En el peor de los escenarios para el gobierno, si sufre antes de las elecciones el estallido de una crisis económica crítica, que incluya un ajuste de mercado caótico (devaluación forzosa y salto inflacionario), su competitividad quedaría sumamente afectada. De ser este el caso, probablemente nada evite un triunfo de la oposición, ni siquiera su fragmentación. Por otra parte, en un escenario en el cual el gobierno logre mantener una relativa estabilidad económica, aun así, existirá un inevitable desgaste por la situación que ya se presenta desfavorable. Por más que haya un rebote en 2021, este no será suficiente para compensar la caída de este año. El ajuste que el gobierno ya comenzó (aumento para jubilados de un exiguo 5%, cancelación del IFE 4) y seguirá aplicando (actualización de tarifas) para no causar sobresaltos en la macroeconomía generará un impacto adicional entre los votantes.

Más allá de las particularidades que caracterizan a la actual crisis (obviamente el elemento singular es la pandemia por Covid-19), los oficialismos siempre tienen un desgaste intrínseco por el mero hecho de estar en el ejercicio del gobierno. Este desgaste puede vincularse además a las expectativas muchas veces demasiado optimistas que tienen los votantes, que por lo general en la Argentina no son satisfechas. La decepción y la frustración los lleva a votar por la oposición en las elecciones de medio término, con el propósito de castigar a los oficialismos y renovar esperanzas.

Algunos antecedentes 

En la elección presidencial de 1999, la fórmula De la Rúa – Chacho Álvarez obtuvo el 48%, mientras que en 2001 la Alianza apenas alcanzó el 23% a nivel nacional (-25%), siendo derrotada por el Justicialismo. Saltearemos la elección de 2003, dado que la misma se dio bajo un marco de total excepcionalidad. Luego de la crisis de 2001 existía una total fragmentación del sistema político (hubo 22 candidatos a presidente) y Néstor Kirchner llegó a la presidencia con un nivel de votos exageradamente bajo, luego de que Carlos Menem no se presentara a la segunda vuelta.

En 2007, Cristina Kirchner cosechó el 45% de los votos, mientras que en 2009 el Frente para la Victoria consiguió el 29% a nivel nacional (-16%). De aquellos comicios lo que más se recuerda es la derrota de Néstor Kirchner en manos de Francisco de Narváez, ambos encabezaban la lista a diputados en la Provincia de Buenos Aires (por esos extraños idas y vueltas de nuestra política, el segundo candidato a diputado nacional de “Unión Pro” fue el actual canciller Felipe Solá).

En 2011, en la búsqueda por su reelección, Cristina consiguió el recordado 54%, mientras que dos años después el Frente para la Victoria, aunque fue la fuerza mayoritaria a nivel nacional, apenas alcanzó el 33% (-21%). El triunfo de Sergio Massa sobre Martín Insaurralde en la Provincia sepultó la fantasía de algunos kirchneristas de modificar la constitución e ir por la “re-re”. En 2015, Macri consiguió el 34% en la primera vuelta y el 51% en el balotaje. En 2017, Cambiemos obtuvo el 42% a nivel nacional, una pérdida de 9 puntos porcentuales frente al balotaje de dos años antes. En promedio, los oficialismos pierden el 36% de sus votos en la elección de medio término. El Frente de Todos consiguió en 2019 el 48% para que Alberto Fernández llegase a la presidencia, por lo que, de continuar esta propensión en 2021, podría perder aproximadamente 17 puntos porcentuales, los cuales quedarían disponible para ser capitalizados por las fuerzas de oposición.

La oposición que podría capitalizarlo tiene cuatro vertientes: la izquierda (representada por el “Frente de Izquierda”, aunque existen también otros partidos de menor trascendencia); la derecha (representada por el “Partido Libertario” de José Luis Espert y Javier Milei; “Unidos” de Gustavo Segré, Manuel Adorni y Fausto Spotorno, entre otros; y otras figuras independientes y más conciliadoras como Ricardo López Murphy); el centro lavagnista que hoy se encuentra muy difuso, cercano al gobierno y es una incógnita su futuro; y Juntos por el Cambio. Al ser una elección meramente legislativa, adquieren también relevancia los partidos provinciales, que eventualmente pueden acercarse a la oposición o al oficialismo nacional.

Si el Frente de Todos consigue un porcentaje menor en comparación a la elección pasada, en función de lo mencionado anteriormente, la pregunta es qué le quedará a Juntos por el Cambio, a priori la única fuerza que tiene el potencial de disputarle el dominio político al oficialismo. Cuanto más se fragmente la oposición y más puedan capitalizar los partidos de menor tamaño, mayores serán los obstáculos por los que deberá atravesar Juntos por el Cambio. En el mejor de los escenarios, podrá incorporar a algunos dirigentes del lavagnismo y de la derecha para ampliar la base de sustentación; en el peor, algunos dirigentes que hasta ahora están siguen identificados con Juntos por el Cambio podrían escindirse y proponerse como candidatos alternativos en algunos distritos, principalmente en la provincia de Buenos Aires, donde la probabilidad de ingresar como diputado nacional (renueva 35 bancas) es mayor.

La segunda disputa será por el Senado. Ocho provincias renovaran senadores: Catamarca, Chubut, Córdoba, Corrientes, La Pampa, Mendoza, Santa Fe y Tucumán. En la carrera por la Cámara Alta y en la posterior representación que despliegan quienes son elegidos, los gobernadores suelen tener mayor influencia. Tal como sucede a nivel nacional, en todas las provincias los que están gestionando pagan costos. La lógica de la gobernabilidad así lo implica.

Pensando tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, Juntos por el Cambio ya comienza a exhibir algunos presuntos candidatos de fuste. María Eugenia Vidal y Miguel Ángel Pichetto podrían correr en la provincia de Buenos Aires. Patricia Bullrich en Capital Federal (¿tal vez acompañada por Fernán Quirós, quien adquirió una inesperada trascendencia en el marco de la pandemia?). Alfredo Cornejo y Omar De Marchi son los potenciales candidatos a senadores en Mendoza. Mario Negri y Gustavo Santos los de Córdoba. Son tan solo supuestos que deberían confirmarse con el correr de los meses, pero se tratan de figuras con proyección más allá de estas elecciones y que se perfilan con chances de utilizar esta oportunidad para consolidar sus perspectivas y liderazgos. Si logra capitalizar el desgaste del gobierno, las elecciones de 2021 podrían ser una plataforma de lanzamiento para Juntos por el Cambio y sus dirigentes, para aspirar luego a ir en búsqueda de premios mayores.

Sergio Berensztein

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