Lunes, 21 Diciembre 2020 08:48

Los múltiples laberintos de Alberto Fernández - Por Eugenio Paillet

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La pandemia, maldita por donde se la mire a los ojos del Gobierno; las vacunas, enorme problema no exento de algún papelón en el medio que mantiene en vilo a la Casa Rosada; el tratamiento del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado tras la media sanción en Diputados, que podría encerrar hasta alguna trampa que deje malparado al presidente; y, por si faltase algo, el renovado impulso de un sector duro del cristikirchnerismo para que Alberto Fernández dicte un indulto para todos los presos, ya sea con condena firme o con prisiones preventivas, del Frente de Todos, bajo el lema “Una Navidad sin presos políticos”.

 

Ésa es la agenda, aunque no es toda ni por asomo, de temas altamente sensibles que debe afrontar ahora mismo Alberto Fernández. Más que agenda parecen casi laberintos uno detrás de otro a los que está obligado a encontrarles la puerta de salida cuando sabe que pasó sin pena ni gloria sus primeros 12 meses en el ejercicio del poder y que le quedan otros tres durísimos años por delante.

 

Como reflexionaba sobre el fin de semana un amigo del presidente que suele frecuentarlo para charlas de intimidad en la residencia de Olivos como lo hacía antes en el departamento de Puerto Madero: “No la tiene fácil Alberto, pero conozco su temple, va a salir adelante, que nadie se confunda…”.

El presidente, de hecho, ya viene de lidiar con cifras oficiales sobre la caída de la economía, el elevadísimo déficit fiscal proyectado, el aumento de la pobreza y la indigencia como también del desempleo y de la actividad informal.

El mandatario, tal vez como consecuencia de ese rosario de desventuras, habría expresado en las últimas horas delante de sus colaboradores más cercanos una especie de “cansancio moral” por el comportamiento, de malo para peor, qué duda cabe, de algunos de sus ministros. Felipe Solá y Ginés González García, cada uno con su propio sayo a cuestas, encabezan esa lista de funcionarios que no funcionan y cuya estabilidad en el gabinete, más en el caso del canciller que del ministro de Salud, ha sido puesta en serias dudas por fuentes gubernamentales.

“Si no fuese porque siente un cariño entrañable por él y un gran respecto a su trayectoria como sanitarista, Ginés ya no estaría en el Gobierno”, se anima a pronosticar aquel confidente luego de los malpasos del ministro en torno a los vaivenes de la pandemia, y ahora sobre el espinoso tema de las vacunas, en todos los cuales erró feo y lo que es peor, y más se le reprocha, dejó “pedaleando” al presidente.

Hay un latiguillo que se esgrime en no pocos despachos del Gobierno, y que se dice ha sido utilizado en más de una oportunidad por el propio presidente para justificar sus recurrentes marchas y contramarchas en torno al manejo de la crisis del coronavirus. “La pandemia no vino con un manual y hubo que aprender sobre la marcha”, lo han escuchado quejarse.


Es cierto que el panorama muestra demasiadas dudas y pocas certezas en torno a, por ejemplo, la efectividad de la vacuna rusa sobre la que el Gobierno militó hasta políticamente en desmedro de otras opciones. Y que demasiadas promesas fueron hechas al voleo sin que haya razones para echarle la culpa a aquella “falta de instrucciones”. Fueron errores no forzados en los que el Gobierno ha caído de manera recurrente en este primer año de rodaje.

Como se ha dicho, y lo reconocen en despachos donde habitan albertistas puros, no son esos ni de lejos los únicos problemas que afronta el presidente. Hay por caso más de una mirada desde la Casa Rosada puesta sobre el comportamiento que tendría el oficialismo en el Senado cuando el martes 29 se trate el proyecto sobre el aborto.

En especial cuando el punteo que se realiza a diario en la Secretaría de Relaciones Parlamentarias entrega o un empate o una leve ventaja de los “celestes”.

Allí es donde los funcionarios que siguen atentamente esa saga se preguntan sobre la actitud de Cristina Fernández, en el caso de que tuviese que desempatar si la votación termina igualada, tal como ocurrió en 2008 con el entonces vicepresidente Julio Cobos en aquella guerra con el campo por la resolución 125.

Ese solo interrogante habilita una lectura que por supuesto ninguno de los funcionarios involucrados respondería en público. Se refiere a si Cristina podría desempatar a favor del rechazo al IVE para no darle una victoria política inmensa al presidente, que se adjudica la autoría de la reivindicación “verde”, pero en especial a una de sus archienemigas dentro del gabinete, la secretaria Legal y Técnica Vilma Ibarra, redactora del proyecto junto al mandatario. Y que escribió en el pasado uno de los libros más duros que se recuerden para retratar la personalidad de la socia mayoritaria de la coalición gobernante.

Con Cristina, dice un funcionario que conoce de esos enjuagues, “todo puede pasar, en especial si ella ve que tiene algo para perder”. Como sería  en este caso “darle” ese triunfo a Vilma.

El indulto que los cristikirchneristas le piden justo ahora para Amado Boudou, Julio de Vido y el resto de los detenidos de la coalición le cae al presidente como un baldazo de plomo sobre los hombros.

Fernández, para dimensionar el cuadro, ya había fijado en febrero, a poco de asumir la presidencia, cuál es su posición. “No pienso indultar a nadie”, dijo, y se diferenció del resto al considerar que en la Argentina “no hay presos políticos”.

Eugenio Paillet

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