El éxito de fórmula Alberto-al-gobierno-Cristina-al-poder duró menos de un año. Su choque con la difícil situación económica y el torpe manejo de la emergencia sanitaria mostraron su inconsistencia.
El primer problema creado a la coalición gobernante por esta combinación de infortunios es que Fernández no es un simple jefe de gabinete al que se puede reemplazar de un plumazo. El segundo, que la irrupción de CFK en el control de la economía genera una incertidumbre que ahonda la crisis.
La medida de los errores de Fernández con la pandemia la dio el intento patético de armar una gesta con el transporte de vacunas rusas a Ezeiza. Ese absurdo intentaba compensar el papelón de que la vacuna no fuera aplicable al grupo de mayor riesgo, los mayores de 60 años. La mala noticia la había dado Putin en persona. Ayer, en Moscú, un comunicado oficial la rectificó, pero el daño para el Gobierno estaba hecho.
El shock provocado por la revelación de Putin desnudó el secretismo y la impericia con que se había tratado la cuestión. También una ideología anacrónica de guerra fría que aún persiste entre los sesentones del Gobierno.
En octubre Ginés González García dijo públicamente que la vacuna se elegiría por "una selección científica y a la vez geopolítica". Dos meses más tarde se peleó con Pfizer y se abrazó a la Sputnik V con los resultados a la vista. Nunca quedó clara la causa, aunque no faltaron las sospechas que siempre rondan al kirchnerismo.
El siguiente papelón fue con la vacuna china. En este caso mezclado con una interna entre el cada vez más devaluado canciller y el embajador en Beijing. Un escandalete por los medios que exhibió la falta de profesionalidad con que se manejan asuntos de crucial importancia.
Como los problemas judiciales de Cristina Kirchner, la política exterior es motivo de tensión entre el Presidente y la vice. A Felipe Solá lo ninguneó hace poco el embajador en la OEA al negarse a condenar la violación de los derechos humanos de la dictadura venezolana. El embajador no fue sancionado. Pero el problema real no es Solá, sino Fernández, a quien Diosdado Cabello agravió sin que nadie le respondiera.
En cambio, el cortocircuito con la vacuna china no fue ideológico sino de inoperancia. Un problema que según los voceros periodísticos de Fernández quedará superado cuando las vacunas se hayan aplicado.
Esos mismos voceros propalan que el "éxito" de la vacuna pondrá en marcha la actividad económica, lo que, sumado a un dólar más débil en el plano internacional, el aumento de la soja, el dólar quieto en el plano interno y una mejora de los ingresos generará el rebote del PBI que le permitirá al peronismo ganar en 2021.
El panorama, sin embargo, no parece tan prometedor. Hay factores políticos que perturban la recuperación. El discurso de Cristina Kirchner en La Plata exigiendo que se pongan en línea salarios, jubilaciones, precios y tarifas cayó mal entre un "establishment" que no invierte y un FMI que espera un ajuste del gasto.
Las tarifas congeladas son un dogma sagrado de la economía de la vice con consecuencias deletéreas sobre el déficit fiscal, pero nadie osa a cuestionarlo. Ni osará.
Consecuencia: ahora Martín Guzmán estima que el acuerdo con el Fondo ya no será en marzo/abril sino a mediados de año, lo que forzaría al país a pedir dinero fresco para que no se disparen el dólar y la inflación. Para el kirchnerismo eso representaría una herejía del tamaño del Everest.
Más allá de lo que puede ocurrir o no en el futuro, el presente es desolador. Los medios hablan de "rebote" porque en octubre la actividad creció un 1,9% respecto del mes anterior, pero si se lo compara con octubre de 2019 la caída es del 7,4%. En abril de 2020 la caída fue del 16,8% mensual y 25% interanual.
Otro dato clave es que la única actividad que creció (9,4% interanual) fue la de la intermediación financiera. El hotelería y los restaurantes cayeron en tanto 54%. Pero para Santiago Cafiero la "financierización" de la economía se produjo durante el gobierno "neoliberal" de Macri.
En suma, la pandemia y la falta de un programa coherente hundieron la economía. El supercepo dañó la única fuente de divisas genuinas, el saldo del comercio exterior. En noviembre fue de apenas 271 millones de dólares, un 89% menos que en noviembre de 2019.
Entretanto los dólares que los argentinos tienen en el exterior crecieron un 12%. Son en total 336 mil millones, ocho veces las reservas brutas. Es la ratificación de la desconfianza. No hay vacuna que inmunice al Gobierno de esa enfermedad.
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


La epopeya que se pretendió armar con la vacuna rusa mostró falta de gestión y exceso de ideología rancia. La ofensiva de CFK pone en duda el acuerdo con el FMI y el rebote de la economía.
