Jueves, 31 Diciembre 2020 06:33

El bucle peronista - Por Sergio Crivelli

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Las deficiencias de la gestión de Alberto Fernández hicieron que Cristina Kirchner diera un paso al frente primero por las redes y después en vivo durante un acto partidario en La Plata en el que reivindicó su presidencia. Dijo que el peronismo había ganado las elecciones de 2019 no tanto por haberse unido, sino por el recuerdo de su política económica. Alertó además acerca de que una eventual recuperación de la economía podría ser usurpada por algunos "vivos" y puso límites a Martín Guzmán. Le exigió controlar tarifas, salarios, jubilaciones y precios.

Esto representa el retorno a Moreno y Kicillof. Es la reproducción de un fracaso que ella considera curiosamente la llave para ganar las elecciones de 2021. Su versión de lo ocurrido hace apenas cinco años podrá parecer carente de lógica, no obstante la economía pierde cualquier vestigio de racionalidad apenas pone un pie en el terreno electoral.

El kirchnerismo es la última versión del peronismo, pero comparte con las restantes su fervor por el revisionismo. La vice vuelve a las fuentes cuando reinterpreta la derrota de 2015 frente a Macri y hace triunfalismo a partir de un fracaso. Es su batalla de Obligado.

Alguna vez se señaló en estas páginas que el revisionismo es una interpretación sesgada de la historia "en clave populista y con fines de proselitismo político que se puso de moda en los años 30 y 40 del siglo pasado". Por entonces "reivindicaba a los caudillos del interior que habían perdido la guerra civil contra Buenos Aires y denostaba el liberalismo, político y económico. De espíritu reaccionario cultivaba una concepción patriótica de la verdad; quienes pensaban distinto no estaban equivocados, eran simplemente traidores".

Esto fue escrito hace seis años, pero podría haber sido escrito hace sesenta y puede ser escrito hoy. El peronismo es entre otras muchas cosas un bucle temporal. Antes combatía a la "oligarquía", hoy a los sectores "dominantes" que "niegan derechos" al pueblo. Cambia el vocabulario, pero conserva una rudimentaria fachada ideológica y su concepción de la política como una guerra.

Ese bucle es tan pertinaz, que sigue convocando incorregiblemente a viejas querellas. Así removió de la puerta de ingreso al Centro Cultural Kirchner un verso de Borges: "Nadie es la patria, pero todos lo somos".

El episodio de inquina persistente es educativo. Borges escribió el poema que contiene ese verso para el sesquicentenario de la Independencia. Llamaba a dejar atrás antiguas disputas sangrientas e intentaba mostrar que bajo la larga mirada de la Historia las diferencias entre las facciones terminan siendo irrelevantes. Tiene un cuento, "Los teólogos", con la misma idea.

Pero eso es un sacrilegio para el peronismo que ve la esencia de la política en la relación amigo/enemigo, concibe el poder como absoluto y acusa de traidores a quienes no practican la sumisión. No en vano el instituto fundado por la vice se llama Patria. Quienes se le oponen caen naturalmente en la categoría de antipatria; son el ejército de demonios contra el que la batalla es eterna. Una batalla que ha reducido a escombros un país alguna vez próspero y que cuando Borges escribió su poema invitaba aún a la esperanza.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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