Más allá de ese estropicio, el papelón del subsecretario rebelde significó el golpe de gracia a la estrategia de amortiguación de la crisis económica aplicada por Martín Guzmán tras la corrida cambiaria de octubre.
En realidad, el problema de fondo no es con el ministro, sino con su política. Lo que quedó en tela de juicio es el ajuste que venía haciendo en sintonía con el FMI. La racionalidad fiscal avanzaba a los tumbos, pero avanzaba cuando todo voló por los aires al toparse con las facturas de electricidad, vaca sagrada del populismo y uno de los motivos centrales de la derrota electoral de Mauricio Macri. En ese plano Cristina Kirchner no se equivoca. El grueso de los votantes considera que pagar una factura ridícula de electricidad forma parte de sus derechos humanos.
En silencio Guzmán estaba haciendo un ajuste sorprendente. Se había calculado un déficit primario para 2020 del 8,3% del PBI, pero el ministro consiguió bajarlo casi dos puntos aumentando la recaudación un 0,6% y bajando el gasto un 1,8%.
Por el impuesto "a los ricos" el gobierno recaudó hasta ahora 223 mil millones y va camino a los 250 mil. Además, se espera que con la modificación que está en el Congreso del impuesto a las ganancias para empresas recaudará unos 230 mil millones más. Casi medio billón extra para el fisco. En esto Guzmán fue de socio con la Cámpora. No hay peleas cuando se trata de ordeñar la vaca atada.
En tanto el gasto bajó porque bajaron las prestaciones sociales un 32%. Esto ocurrió entre otros motivos por el brutal recorte a las jubilaciones que significó primero la suspensión y después el reemplazo de la fórmula para calcular las actualizaciones que había logrado aprobar Mauricio Macri en el Congreso bajo una pedrea bíblica.
Pero mientras se recortaban las jubilaciones y pensiones el gasto en subsidios aumentaba el 70% por lo que Guzmán pretendió subir las tarifas. Es que a pesar de su fiscalismo ortodoxo la inflación había sido de 4,8% en marzo, de 13% en el primer trimestre y se espera que en abril oscile entre el 3,5 y el 4%.
Todo esto ahora quedó en un limbo. No se sabe qué margen tiene Alberto Fernández para hacer una política fiscal mínimamente sostenible. Su problema no es la Corte, ni la oposición; es la anemia de poder que volvió inocultable la cadena de mandos "blue".
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


Que el presidente de la Nación no pueda echar a un subsecretario es más que otro dato de color de la política de Macondo; es la demostración de que la cadena de mandos institucional ha sido sustituida por otra que podría llamarse "blue". Algo similar a lo que ocurre con el dólar. Hay uno legal y otro clandestino; este último es el que fija los precios de la economía. El que vale.
