Viernes, 21 Mayo 2021 09:40

Inédito: un "gabinete paralelo" marca la agenda oficial desde La Plata - Por Beto Valdez

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Desde hace tres meses se reúnen todos los lunes Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, Wado De Pedro, Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi y Fernando Espinoza para condicionar a la administración de Fernández en función de las necesidades electorales y la agenda de Cristina Kirchner.

 

El regreso a Fase 1, el impulso al proyecto de reforma del Ministerio Público en la Cámara de Diputados y el fantasma del regreso del conflicto con el campo son evidencias de un giro a la radicalización que empieza a verificarse en el gobierno de Alberto Fernández. Todo parece indicar que en este giro profundo en la administración del Frente de Todos se terminó de imponer la visión de Cristina Kirchner y Axel Kicillof.

 

Se está registrando un fenómeno inusual en términos políticos: la Liga de poder bonaerense, conformada por la vicepresidenta, el gobernador, Máximo Kirchner y Sergio Massa, se ha transformado en un “gobierno paralelo” que empieza a marcar la agenda de la Casa Rosada en casi todas las áreas. También hay una suerte de “gabinete paralelo” que se reúne desde hace tres meses todos los lunes en la sede de la Gobernación bonaerense. En el almuerzo de esta semana, con Kicillof, jugando de local, se sentaron Sergio Massa, Máximo Kirchner, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi; el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, y el ministro de Interior, Eduardo “Wado” de Pedro.

Se dice que la ofensiva se inició con el desembarco de Ferraresi al Ministerio de Hábitat en lugar de María Eugenia Bielsa. A posteriori vino la “operación desgaste” sobre la cuestionada Marcela Losardo para lograr su despido y el desembarco de Martín Soria en el Ministerio de Justicia, y al mismo tiempo se iniciaba la ofensiva contra el fiscalismo de Martín Guzmán. La agenda judicial, una gran obsesión de Cristina y la política económica a cargo de Kicillof, quien prácticamente se ha transformado en el ministro de Economía paralelo, forzando a Guzmán a cumplir prácticamente con un nuevo plan mucho más populista y radicalizado.

Logró frenar la suba de tarifas con la irrupción del problema del gasto en subsidios, cerrar las exportaciones de productos agropecuarios, retenciones, son parte de una agenda que se profundiza con la discusión sobre la estatización de la Hidrovía y se va perfilando con el regreso del conflicto con el campo. Empoderado por CFK, Kicillof es el mentor de toda esta movida, al igual que la secretaria de Comercio, Paula Español, que viene impulsando medidas que no comparten Guzmán, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas y su colega de Agricultura, Luís Basterra.

Quienes conforman este poderoso bloque político sostienen que, si no se involucraban en el rumbo confuso de la administración de Fernández, “íbamos directo a un colapso sanitario y económico y a una derrota electoral”. Las críticas tienen que ver con la hoja de ruta de austeridad que había tomado Guzmán y Alberto para llegar a un acuerdo con el FMI, para ellos un ajuste ortodoxo que golpeaba a su electorado.

Además, lo ven al jefe de Estado obsesionado sólo por las vacunas cuando ellos consideran que en los comicios le gente no va a votar por haber logrado la inmunidad sino por el bolsillo. Lo mismo ocurrió con el regreso a la Fase 1, escenario que no entusiasmaba al presidente y a sus principales colaboradores. Kicillof, junto a Daniel Gollán y Nicolás Kreplak, hicieron un lobby muy duro para endurecer las medidas. Se sienten los grandes ganadores y se alegran porque Horacio Rodríguez Larreta "tuvo que dar el brazo a torcer”

Alberto “Beto” Valdez

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